SER Y TENER

Por: Mario Arango Escobar.

SER Y TENER. (2002). Género: Documental. Duración: 104’.

Dirección:Nicolas Philibert. Intérpretes: Georges López, Laura, Guillaume, Julián, Jonathan, Natalie, Olivier, Alizé, Johann, Jessie, Jojo, Marie, Létitia, Axel. Fotografía: Katell Djian y Laurent Didier. Música Phillipe Hersant.

A lo largo del territorio francés existen muchos casos de lo que allí se conoce como “clase única”, es decir, escuelas que reúnen a todos los alumnos del pueblo en el mismo aula, con un sólo maestro. Este sorprendente documental sigue los pasos de un carismático educador, George López, durante un curso completo en el entorno rural de la región gala de Aubergne. El director y guionista Nicolas Philibert ha sabido captar la inocencia de algunos de los niños, así como los progresos y dificultades de una docena de alumnos desde los cuatro años hasta la preadolescencia

Sin guión ni actores, la película se basa en la interacción natural entre profesor y alumnos. Pero con eso basta, ya que el modo en que Georges López, el profesor de ascendencia española, educa a sus alumnos resulta asombroso y totalmente brillante. Basándose en el diálogo cordial, colabora con las familias y consigue resolver los problemas que enfrentan a los niños en el día a día.
Ser y Tener comienza con un rebaño de vacas que pastan a la intemperie en medio de una confusión de nieve y viento. Un coqueto edificio de piedra es golpeado por la ventisca: es la escuela. En su interior unos inesperados habitantes, un par de tortugas, se deslizan sobre el deslustrado suelo de madera de una clase vacía y silenciosa. En el exterior, una marea de ramas oscila al vaivén del viento. Estas concisas escenas de introducción cumplen la función dramática, en palabras del propio director, de situar la escuela en el mundo, en un contexto y un tiempo concreto. Con ellas, además, Philibert plantea el contraste —tema recurrente en su filmografía— entre el inhóspito mundo exterior y la protección de las comunidades en las que los hombres tendemos a agruparnos.

Del otoño al verano, el discurrir de las estaciones durante un año escolar marcará el ritmo lento y pausado, necesario, del filme. Durante siete meses Philibert rodó más de 60 horas de metraje que quedaron condensadas en un —brillante— montaje final de 104 minutos. Al igual que en sus anteriores películas, Ser y tener mantiene el gusto de Philibert por rodar sin guión previo y se construye en base a pequeños fragmentos dramáticos que el cineasta va incorporando a la historia.

En relación al tiempo es importante anotar que en algunas ocasiones, y sin previo aviso, sentimos una extraña lejanía del tiempo presente, como proyectados en un tiempo blando donde sólo somos el antes de un después que no es sino ahora distante. El aparato cinematográfico es, en cierto modo, un dispositivo sin presente marcado por la fugacidad de sus fotogramas en tránsito, que nos obligan a sentir en pasado presos en un flujo continuo de fugas.

El filme maneja  toda la gama cromática de los ocres que van a simbolizar el discurrir del tiempo,  un ambiente de pasado constante…, unos colores que parecen aflorar en los ojos del profesor Lopez ante el profundo cambio que está a punto de producirse en su vida.
Philibert hace un adecuado uso de escenas de transición en las que los alumnos se dirigen de la escuela a casa y viceversa a través de la potente y cambiante naturaleza de St. Etienne. Estos interludios actúan de engarce entre los dos ámbitos fundamentales en la vida infantil, el escolar y el doméstico, y le sirven al director, además, para dejar bellamente reflejado el tránsito estacional como reflejo del paso del tiempo y de la propia evolución, más íntima y modesta, que viven los niños. Philibert matiza estas escenas con una hermosa música (las Canciones de los niños muertos, 1902, de Mahler, principalmente), un acompañamiento que redunda en su orientación ficcional.

El principal problema al que hubo de enfrentar Philibert fue el de captar las reacciones de este reducido grupo humano en el limitado espacio del aula sin interferir en su transcurso natural. Gran parte del metraje de “Ser y Tener” transcurre en el interior de la pequeña clase de St. Etienne. Philibert ha afirmado que la confianza fue determinante para filmar como si no hubiera extraños presentes: Como en tantos films en los que no se trabaja con actores (Robert Bresson lo sabía bien) el efecto de realismo es, valga la redundancia, mucho más verdadero. Más aun tratándose de niños, entre los cuales los más chicos, como bien reconoce Philibert, seguramente nunca hayan entendido de qué se trataba todo aquello. Sin embargo la cámara no  abusa de esta fragilidad sino que, muy por el contrario, mantiene una distancia prudente, sobria, incluso en los momentos de dramatismo en que los chicos confiesan alguno de sus problemas personales.
“Viendo la película, afirma Philibert, tenemos la impresión que los niños olvidan muy pronto la presencia [de la cámara]. […] Al cabo de tres días, éramos casi parte del mobiliario. Naturalmente, desde el primer al último día, fuimos lo más discretos posible, para no frenar el desarrollo normal del grupo […]. De hecho, que un niño mirara a cámara no me molestaba. Durante todo el rodaje traté de guardar una especie de “neutralidad bonachona”.


Un recorrido por la importancia de enseñar, indagando en la esencia del fenómeno educativo. Una película sobre el aprendizaje como proceso vital de descubrimiento, una oda al acto de amor que es iniciar al más pequeño en el proceso de aprender y crecer.
La magia de “Ser y Tener” reside quizás en la habilidad de Nicolas Philibert para convertir este mero documental en una verdadera historia, simple pero emotiva. Una película real que rememora la inocencia de los primeros años de vida y de escuela y la enfrenta al fin laboral del profesor  López, a punto de emprender el camino hacia su jubilación.

NICOLAS PHILIBERT

Nació en Nancy, Francia, en 1951. Después de sus estudios de filosofía en la Universidad de Grenoble comenzó a trabajar como asistente de dirección y escenógrafo, e incluso debutó como actor en la película “Les Camisards” (René Ayillo, 1972). Su incursión en la realización se produjo con “La voz de su amo” (1978), en la cual Philibert compartió el trabajo de dirección con Gérard Modillat. La película es un retrato del mundo de doce ejecutivos financieros. Le siguieron unos años de ostracismo hasta que recibió encargos para rodar documentales deportivos, sobre todo de alpinistas. Poco a poco, se fue sumergiendo en proyectos más personales. En 1990 realiza “La ciudad Louvre” (1990), la vida secreta y eterna del mítico museo francés.

A partir de entonces ha realizado unos quince documentales, entre los cuales merecen especial mención: “El país de los sordos” (1992), visión del mundo a través de los ojos de millones de personas que desde su nacimiento viven en silencio. “Un animal, varios animales” (1994), “La ínfima cosa” (1996), entusiasta viaje a una clínica psiquiátrica para mostrarnos la preparación, por parte de personal sanitario y pacientes, de una obra teatral anual.
“Ser y tener” (2002), una hermosa aproximación a la cotidianidad que se vive en una escuela rural francesa.
El cosmos visual y temático de Philibert, considerado uno de los grandes documentalistas de nuestro tiempo, es una lección y una exaltación de la sutileza, delicadeza humana y recogimiento místico. Admirador profundo de las pequeñas cosas de la vida que hacen reflexionar al espectador sobre nuestra propia naturaleza, basada siempre en la hermosura de la aparente y aburrida cotidianidad, haciendo de ésta un universo de trascendencia vital.

La obra documentalista de Philibert es definitoria de la idea fundamental del género: exponer temas que aviven el interés del espectador por la realidad que le rodea y le ayude a generar una propia opinión sobre el mundo en el que vive. El realizador francés explora así, recibiendo por los expertos el calificativo de “maestro de lo invisible”, los valores humanos que nos rodean, el análisis de lo más intrascendente de la comunidad y la sociedad que potencia el verdadero sentido de la vida.

Philibert mezcla con naturalidad técnicas documentales dispares y las afina con retazos de puesta en escena ficcional, en una forma abierta de entender el cine que nace con la modernidad y que acepta el azar como materia susceptible de ser recogida por el discurso fílmico. En este sentido, Philibert afronta sus rodajes sin un guión previo, con un gran sentido del respeto por “el otro”, y huyendo del exhibicionismo en primera persona que es muy frecuente en el documental contemporáneo y nunca aparecerá en pantalla.

FILMOGRAFÍA (parcial)

Retour en Normandie-2006
Ser y Tener-2002
Qui Sait?-1998
Lo de menos-1996
Un animal, varios animales-1994
En el país de los sordos-1992
La ciudad Louvre-1990

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