LARGO DOMINGO DE NOVIAZGO

Por: Mario Arango Escobar.

LARGO DOMINGO DE NOVIAZGO (2004) GÉNERO: DRAMA. Duración: 134’. Fotografía: Bruno Delbonnel. Música: Angelo Badalamenti.

Sinopsis: Cuando la Primera Guerra Mundial se acerca a su fin, para una joven francesa está a punto de comenzar la más grande de las batallas. Mathilde ha recibido la noticia de que su prometido Manech es uno de cinco soldados heridos que han sido sometidos a consejo de guerra y enviados a la tierra de nadie que hay entre los ejércitos francés y alemán… y a una muerte casi segura. Mathilde, que no está dispuesta a aceptar que haya perdido para siempre a su querido Manech, se embarca en un extraordinario viaje para descubrir el destino de su prometido. A cada paso, recibe una descorazonadora versión de cómo debe haber pasado Manech esos últimos días, esos últimos momentos. Aún así, nunca se desanima. Si Manech estuviese muerto, Mathilde lo sabría. Con una fe inquebrantable, reforzada por la esperanza y por una actitud tenazmente alegre, Mathilde sigue su investigación hasta el final, convenciendo a los que podrían ayudarla e ignorando a los que no lo harán. A medida que se acerca a la verdad sobre los cinco desafortunados soldados y su brutal castigo, se ve más envuelta en los horrores de la guerra y las marcas indelebles que deja en aquellos cuyas vidas ha tocado.

Adaptando una novela de Sébastien Japrisot, “Largo domingo de noviazgo” desarrolla, con flashbacks y varianzas en perspectivas una intrincada y opulenta historia de pérdida, memoria y esperanza, con el motor de la tenacidad amorosa y un cimiento antibélico
Jeunet demuestra en este filme que, junto a su opulencia ornamental, sabe manejar emociones, acentuadas de manera plausible por la partitura de Angelo Badalamenti y por la magnética presencia de Audrey Tautou, quien conquista con su perdurable mirada la cámara cinematográfica.
Desde los ojos de esa mágnifica Tautou se va relatando una historia de esperanza en la que se da cabida todas las emociones que se pueden sentir: amor, ilusión, humor… y todo acompañado con unos decorados esplendoros y una fotografía que es increiblemente magnífica.

A partir de la historia concreta de Mathilde y Manech se puede ir viendo en lineas paralelas los efectos de la devastadora guerra y de la vida en esa época (señalando esa escena perversamente espantosa en donde guillotinan a una mujer que solo buscaba venganza).
Una película sobresaliente donde Jean-Pierre Jeunet repite parte del reparto de su triunfal Amelie y relata una nueva historia también repleta de originalidad y con su típico etilo visual que te absorbe.
El gran triunfo de la película es el aire nostálgico y melancólico que se respira. La bellísima fotografía, la música de Badalamenti, el extraordinario montaje en las cruentas batallas y el trabajo de cámara colaboran para hacer de “Un largo domingo de noviazgo” la excelente película que es.

Jean Pierre Jeunet es uno de los directores contemporáneos más prestigiosos gracias a que suele imprimir en todas sus películas su sello de autor, con muchos elementos comunes en la práctica totalidad de sus películas.

“Largo domingo de noviazgo” no es una excepción, aunque hace una pequeña evolución en su cine, acercándose a temas más reales, pero siempre desde una mirada de niño que lee un cuento. 


Una historia contada a la perfección, con una introducción de los personajes que ya hemos podido ver en otros filmes pero que encaja en la película dándole un toque más intimo. Tal vez Jeunet no haya conseguido mezclar el sufrimiento que conlleva una guerra de proporciones enormes como la primera guerra mundial con su misticismo de cuento. Aunque a la vez, como ya dije, es el encanto de “Largo domingo de noviazgo”, el conseguir encontrar una historia bonita dentro de un mar de sufrimiento.

En resumen, la película es una bonita historia en la línea de otras obras del director, que habiendo jugado bien en el filo de la fábula, no logra llegar a la genialidad que alcanzó en Amelie, lo que no quita que Largo domingo de noviazgo no sea una película que merezca con creces la pena ser vista.

Lo que si está claro es del innegable poder visual de la cinta. Dividida en dos partes bien diferenciadas… el director opta por mostrar las escenas cotidianas con ese toque de fábula y alguna excentricidad humorística francamente efectiva (el personaje del cartero en bicicleta)… sacándole todo el esplendor a sus preciosos paisajes y exteriores. Por otro lado, las portentosas escenas bélicas están rodadas de una forma realista y muy cruda (con gran esmero en mostrar el horror de la guerra) pero con ampulosidad y virtuosismo (mencionar la maravillosa y impactante escena del hospital y el zeppelin, magistralmente ejecutada… toda una lección de suspense).
 A pesar de lo que pueda suponerse, estas dos vertientes nunca chirrían… y potencian, de forma eficaz, el tono triste que, en el fondo, impera en la película.
“Largo domingo de noviazgo” nos relata una gran y sublime historia de amor en una época convulsionada por el horror y la tragedia de la guerra. Impresionante la fotografía que simula perfectamente la estética de una época (los primeros 20 años del siglo XX) y nos mete en situación, casi como si fuéramos un participante más en la acción.

JEAN-PIERRE JEUNET

Nació en Roanne-Loire (Francia) en 1953. Autodidacta convencido, Jean-Pierre Jeunet empezó en el cine como otros muchos realizadores: dirigiendo sus propios cortometrajes. Para ganarse la vida, Jeunet rodaba anuncios y video clips para la televisión. Apasionado de los dibujos animados, en sus inicios también dirigió dos cortometrajes animados. Todas estas experiencias, unidas al personal estilo de sus creaciones y a la buena acogida que tuvieron sus primeros trabajos, le permitieron embarcarse en su primer gran éxito para la gran pantalla, la exitosa comedia “Delicatessen” (1991).

Escrita y dirigida por Jeunet con la ayuda de su viejo colaborador y amigo Marc Caro, la película obtuvo incontables premios y situó al director nacido en el Valle del Loira entre los más apreciados de Europa. Pero el éxito siguió con otra película también cargada de poesía: “La ciudad de los niños perdidos” (1995), que supuso su confirmación definitiva a nivel internacional. Jeunet decidió entonces emprender la aventura americana y se dejó seducir por la 20th Century Fox para filmar el cuarto episodio de Alien: Alien Resurrection(1997). Sin duda, todo un cambio de registro en su carrera.

De vuelta a Europa Jeunet se decidió a poner en marcha su último gran proyecto: la fabulosa historia de Amelie Poulain, la entrañable muchacha que se pasa la vida ayudando en secreto a sus peculiares convecinos. El éxito fue tremendo. Los premios y reconocimientos se sucedieron y Amelie (2001) le dio a Jeunet su sexto César y cinco nominaciones a los Oscars.

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