ANTES DEL ATARDECER

Por: Mario Arango Escobar.

ANTES DEL ATARDECER- 2004. Género: Drama romántico.

Interprétes: Ethan Hawke (Jesse), Julie Delpy (Celine). Música: Julie Delpy.
Sinopsis: Nueve años después de haberse conocido en un tren  y haber disfrutado juntos de catorce horas en Viena, Jesse (Ethan Hawke) y Celine(Julie Delpy) vuelven a encontrase, ahora en París, ciudad que Jesse abandonará la misma noche del encuentro para marcharse a Nueva York.

“Antes del Atardecer” es secuela de una obra anterior de Linklater, “Antes del amanecer” (1995), en la que Céline y Jesse se conocen en un tren en Viena, se enamoran a primera vista, deciden pasar la noche juntos y, finalmente, sin importar si las cosas se dan o no, deciden darse cita en ese mismo lugar para después de que transcurran seis meses desde la despedida. No cruzan sus datos, no se informan de sus respectivos apellidos ni de sus números telefónicos.

Al comienzo del film que nos ocupa nos enteramos de que han transcurrido nueve años y ese encuentro deseado no se concretó. Jesse es ahora un escritor famoso y se encuentra en París, ciudad donde reside Celine, presentando su último libro.

La excusa para actualizarnos respecto de “Antes del Amanecer” es una pequeña conferencia de prensa que Jesse da en una librería parisina. Céline acude al lugar hacia el final de la presentación, Jesse la ve y, superada la sorpresa inicial, decide sin dudar, pasar el tiempo que le queda para tomar el vuelo de retorno a EE.UU, con quien dejara en Austria nueve años atrás.

A partir de ese punto se sucede uno de esos pequeños e inusuales milagros cinematográficos. El tiempo es real, estamos con ellos, visitamos el mismo café, las mismas calles, los mismos parques. Navegamos por el Sena y acompañamos a Céline a su departamento. La cámara no se entromete con los personajes, se limita a acompañarlos: mejor dicho, nos invita a nosotros, simples espectadores, a seguir en silencio a la pareja.

“Antes del atardecer” podría sumarse perfectamente a la lista de películas que hablan sobre la desmemoria o la manipulación de los recuerdos. Y  aunque pueda parece que la película de Linklates funcione como una fábrica de recueros, también nos habla sobre cómo la memoria define nuestra personalidad, y sobretodo cómo deformamos los recuerdos para poder seguir viviendo.

RICHARD LINKLATER

Nació en Houston, Texas en 1960. Estudió en Sam Houston State University. Además de su trabajo como director y guionista con Detour Filmoprodution, con sede en Austin, también es el director artístico de la Austin Film Society, de la cual fue cofundador en 1985 y cuya meta es acercar al público de Austin películas que de otra manera no se habrían exhibido allí. Linklater fue su principal impulsor. La Autin Film Society, además de la promoción del cine independiente, patrocina, con becas, a nuevos realizadores de Texas desde 1997. En 1999, recibió el primer premio National Honoree de la organización Directors Guild of America en reconocimiento por su apoyo en favor de las artes.

Richard Linklater empezó como un “niño prodigio” de la generación X, haciendo películas que comprendían y hasta festejaban la apatía que muchos jóvenes habían abrazado como estilo de vida. “Slackers”, de 1991 (una película experimental que abarca un período de 24 horas en las vidas de 100 personajes) y “Dazed and Confused”, de 1993 (una mirada fría a un grupo de adolescentes de Texas en el último día de clases en 1976), no se preocuparon por contar historias convencionales, sino por mostrar pasajes de la vida de personajes poco comunes, pero perfectamente lógicos dentro de la cultura apática de principios de los noventas.
Con “Suburbia” (1996),  Linklater logra su madurez como cineasta, presentando una historia amarga y pesimista sobre la vida moderna. Esta es una película importante en la carrera de Richard Linklater, pues parece la obra de transición entre su etapa independiente y su intento por hacer cine comercial. De sus inicios como amateur del cine fue evolucionando hasta realizar una cinta madura como “Suburbia”, para luego meterse de lleno en el cine hollywoodesco con “The Newton Boys”(, la historia de la vida real de cuatro hermanos de Texas que robaron bancos en todo el país entre 1919 y 1925) tal vez su peor película. Luego, quizás desilusionado por la experiencia, Linklater regresó al cine “de autor”, donde la experimentación con el medio, la exploración de ideas y la evolución de la narrativa se convirtió en el foco de su carrera, sacrificando el éxito comercial por su realización como cineasta.

En “Waking Life” (2001), Linklater redimensiona las emociones humanas, el existencialismo, las pasiones y las obsesiones, enmarcándolas en un ambiente onírico.
“Tape” (2001) y “Before Sunset” (2004) lo han consagrado como un verdadero artista.
En Scanner Darkly” (2006) cuenta una historia oscuramente cómica y cáustica y, a la vez, profundamente trágica sobre la drogadicción en el mundo moderno.

El cine de Richard Linklater, lleno de personajes con los que identificarse con facilidad, parece ser consciente de que su existencia bajo la mirada del espectador es limitada, efímera. Podría decirse que existe sólo para el recuerdo.

Otra de las características del cine de Linklater es el diálogo. Son constantes en su cine las largas discusiones o los brillantes monólogos. Sus personajes poseen el don de la palabra, y son capaces de alternar con pasmosa naturalidad las declaraciones más banales y los discursos más solemnes. Sus películas no exigen un conocimiento previo, sino que hacen que el espectador salga del cine con deseos de sumergirse en el tema.

FILMOGRAFÍA:
•    UNA MIRADA EN LA OSCURIDAD, A Scanner Darkly (2006).
•    THE BAN NEWS BEARS (2005).
•    ANTES DEL ATARDECER, Befote Subset (2004).
•    ESCUELA DE ROCK, The School of Rock (2003).
•    DESPERTANDO A LA VIDA, Walking life (2002).
•    TAPE (2001).
•    LOS NEWTON BOYS (1998).
•    SUBURBIA (1996).
•    ANTES DEL  AMANECER, Befote sunrise (1995).
•    REBELDES Y CONFUNDIDOS, Dazed and Confused (1993).

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EL TIEMPO QUE RESTA

Por: Mario Arango Escobar.

EL TIEMPO QUE RESTA (2005).Género: Drama. Duración: 90’

Dirección y guión: Francois Ozon. Intérpretes: Melvil Poupaud, Jeanne Moreau, Valeria Bruni-Tedeschi, Daniel Duval, Marie Riviere, Christian Sengewald, Louise-AnneHippeau. Fotografía: Jeanne Lapoirie. Música: Marc-Antoine Charpentier, Arvo Párt y Valentín Silvestroy.

Sinopsis: Roman, un fotógrafo de moda, gay y arrogante, descubre que tiene un cáncer incurable y por tanto su muerte es inminente. Su primera reacción es descargar su ira sobre su familia, y su novio. Ninguno de ellos conoce el secreto que explica su conducta. La soledad que siente después le lleva donde su abuela, primera persona a la que le confiesa su  enfermedad.
Con la presencia de algunos flashbacks, particularmente en lo que define a la relación de Romain con su hermana, Tiempo de vivir subraya la permanencia fugaz del gesto, que se manifiesta en una caricia, en un roce, en un intento por alcanzar algo, en una llamada telefónica. Y esto particularmente permanece como huella -como aquellas imágenes fotográficas- en ese recorrer los nombres que tienen lugar en cada vida.
Estamos en un film en el que la palabra encuentra el lugar preciso y en donde el gesto anida para que escuchemos su presencia. Estamos en un relato en el que los elementos son los necesarios, los mínimos, ante la inminencia de la desnudez de la muerte, la que no se mostrará de manera agónica frente al espectador.

El dolor de alguien que aparenta ser bastante duro por fuera logra aflorar con algunas lágrimas ocasionales cada tanto. Es en las ganas de vivir y disfrutar lo que queda de tiempo, más que en la solución para una enfermedad irreversible, donde radica el eje de esta película. En la posibilidad de comprender a aquellos a los que antes se los miraba con una óptica bastante cerrada y como a la pasada, en resolver, sí, cómo querer disfrutar esos últimos momentos, a veces en compañía de gente querida, a pesar de todo, y en otras con uno mismo, con esa madurez que sirve para la reflexión, para la contención ante una situación tan desesperante.

La escena final en la playa es de un poderío visual y emotivo tremendo. Ozon no cae en absoluto dentro del golpe bajo. Tampoco apela a la banda sonora para despertar compasión. El ruido del mar habla por sí solo. El protagonista trata de reconciliar las cosas a su manera, a la distancia y para dentro suyo, luchando contra su propio orgullo y egocentrismo. Basta con ver la escena donde le pide disculpas a su hermana a través de una llamada telefónica, cuando la tenía en un parque y a tan solo unos metros enfrente suyo, sin que ella se diera cuenta.

Las playas son espacios atemporales, añaden pureza y abstracción. He evocado estas cosas en mis otras películas, pero quería volver a la idea del atardecer, que algunas personas encontraron irónica en “5×2”. No fue irónico para mí, pero comprendo como algunas personas pueden tomárselo así.. Para la escena del atardecer en “El tiempo que queda” no quise que hubiera ninguna ambigüedad.

FRANCOIS OZON

Nació en París en 1967.Comenzó a filmar cortos entre los 18 y los 22 años, influido por su padre, quien registraba en video los diferentes acontecimientos familiares.

Muy joven se orientó por la dirección, e ingresó en el  FEMIS (Escuela de Cine de Paris), donde obtuvo un doctorado en dirección de cine. Entre sus profesores se cuentan Eric Rohmer y Joseph Morder. Simultáneamente con sus estudios grabó varias películas en super-8, video, 16mm y 35mm. En 1990, una vez concluye sus estudios se incorpora como profesor de la Femis.

Gracias a los cortometrajes que realizó en su época de estudios, se dio a conocer en Francia. Varios de sus cortometrajes fueron seleccionados para participar en festivales internacionales En 1997 recibió un César por su corto “Vestido de Verano”, visión sin complejos de la homosexualidad, y al año siguiente su primer largometraje “Sitcom”, fue presentado en selección oficial de la Semana internacional de la Crítica del Festival de Cannes.
Sitcom: Una familia normal y corriente cuya armonía se rompe cuando el jefe del hogar trae, como regalo, una rata de laboratorio. Utilizando el animalito como detonador, Ozon se divierte imitando en clave de sátira todos los trucos y convenciones de las comedias televisivas. Orgías, incesto, tentaciones suicidas, e instintos criminales. El apacible microcosmos deriva hacia el delirio.

Recibió el premio Panavisión en el festival de Avignon por “Scenes de Lit. (1998)

En 1999, Ozon impone rápidamente un universo muy personal con “Las amantes criminales”: Una chica llamada Alice, le gustaba jugar a juegos de seducción, a juegos de violencia. Un día decidió matar a Saïd, un guapo compañero de clase. Pero ella no podía hacerlo sola, por lo que manipula a su ingenuo novio Luc para que cometa el crimen a sangre fría, como prueba de su amor

En el año 2000, es premiado en el Festival de Cine de Berlín por su película “Gotas de agua sobre piedras calientes”, adaptación de una obra de Fassbinder. Léopold, 50 años, seduce a Franz, un chico de 19 años. Franz se enamora de Léopold y se instala en su casa. Pero un día sobreviene algo sin importancia en lo que no están de acuerdo, una diferencia. A partir de entonces, deja de haber un “algo en común”, y empiezan a surgir solo dificultades
En el año 2002 es aplaudido por la crítica y el público por su película “Bajo la arena”, una de las más destacadas películas de Ozon, Durante años, Marie y Jean han pasado sus vacaciones felizmente juntos en el sudoeste frances. Pero este verano, mientras Marie dormita en la playa, su marido desaparece sin dejar rastro. ¿Se ha ahogado? ¿Ha huido? En adelante, Marie deberá enfrentarse a la reconstrucción de su nueva vida sola, obsesionada por la insistente presencia de Jean en su memoria.
Fortalecido con este éxito, Ozon reúne lo mejor del cine francés (Deneuve, Huppert, Ardant,), en “Ocho mujeres”(2002). Historia de suspenso en la cual ocho mujeres se ven involucradas en un asesinato. Cada una de ellas tiene sus razones y guarda secretos insospechados y al final la verdad se revela, acabando con las máscaras y las mentiras.
“La piscina”, presentado en Cannes en 2003. Un drama lleno de intriga, que nos acerca a la vida de una escritora de suspenso, cuya creatividad se verá estimulada por el encuentro fortuito con una mujer radicalmente diferente a ella.

“5×5” (2004), cuenta la historia de amor entre un hombre y una mujer de manera atípica, pues está narrada al revés. De esta forma, la historia comienza con una ruptura y finaliza con una unión.

“El tiempo que resta”, minimalista reflexión sobre el luto. Continuación de una trilogía, cuyo común denominador es la reacción frente a la muerte, que se inicia con “Bajo la arena” y que cerrará algún día, según Ozon con un relato que girará alrededor del fallecimiento de un niño.

Preocupado por construir un obra fílmica y temiendo repetirse en sus películas, se lanza seguidamente en un melodrama:”Ángel”, está basado en una novela de Elizabeth Taylor, publicada en 1957, y narra la historia de una joven escritora británica de principios del siglo XX que se niega a aceptar el mundo que le rodea, de modo que lo reinventa a su manera, rodeando su existencia de glamour. La película fue presentada en el Festival de Berlín, en 2007.

El niño terrible del cine francés, Francois Ozon, maestro en la creación de atmósferas y climas psicológicos, es un cineasta que se caracteriza por no esconder nada, siendo bastante directo al momento de desmenuzar sus personajes principales y haciendo rendir a sus actores con lo mejor de sí mismos. En su filmografía predomina el tratamiento de relaciones sexuales ambivalentes.

Un cineasta casi marginal, ya que es virtualmente imposible etiquetarlo, o instalarlo con algún grado de certeza en cualquier estamento de la cinematografía francesa. Ozon ha flirteado deliberadamente con los géneros y las tendencias, pero estrictamente para intrigar y provocar, para shockear y sorprender. La única etiqueta que parece más o menos apropiada para definirlo ( y a medida que uno más la piensa más gratuita parece ) es que, como Buñuel, como Fassbiner, Ozon sólo se parece a sí mismo.

FILMOGRAFÍA:
Ángel (2007).
5X2 (2004).
La piscina (2003).
Bajo la arena (2002).
Ocho mujeres (2002).
Gotas de agua sobre piedras calientes (2000).
Los amantes criminales (1999).
Scénes de Lit (1998).
Sitcom (1998).

TAXI DRIVER

Por: Mario Arango Escobar.

TAXI DRIVER (1976). Género: cine negro.
Intérpretes: Robert De Niro, Jodie Foster, Cybill Shepherd, Harvey Keitel. Música: Bernard Hermann.

Sinopsis: Travis Bickle, ex marine que ha regresado de la guerra de Vietnam, es un tipo marginal y desarraigado, que sufre graves problemas de insomnio. Acaba ejerciendo el turno de noche en una compañía de taxis. En su taxi atraviesa las peores zonas de la ciudad, y recoge a yonquis, prostitutas, personajes deprimidos, que le hacen darse cuenta de que vive en una sociedad amoral y putrefacta. Un día lleva en su taxi a una atractiva mujer, Betsy, de la que se enamora. Betsy trabaja en la campaña electoral de un destacado político. Aunque consigue que ella acepte una cita, ambos son tan incompatibles que Betsy acaba huyendo de él. Bickle también se encuentra con Iris, una prostituta adolescente tiranizada por su chulo. Aunque ella asegura que no quiere cambiar de vida, Bickle llega a la conclusión de que encontrará su propia redención si libera a la muchacha.

En esta película Scorsese supo retratar la soledad del hombre moderno en las gigantescas urbes que sirven de germen a todo tipo de corrupciones. Recorre temas que están presentes en toda su filmografía, como la génesis de la violencia, los prejuicios y el rechazo social. El cineasta se luce con una utilización de la voz en off del protagonista, unas dinámicas secuencias de éste recorriendo las calles, y sobrecogedores planos que muestran una violencia descarnada y terrible.

Hay que destacar a una jovencísima Jodie Foster, cuya edad cuando rodó la película es la de su personaje, ni 13 años. Su personaje es usado para satirizar la liberación sexual de la mujer (tan en boga por entonces), ya que se considera liberada por haberse fugado de casa y dedicarse a la prostitución.

Aunque el filme pueda contener un engañoso mensaje violento como medio redentor, no es más que un fresco urbano sobre el origen de esa virulencia en la sociedad desde la óptica de un personaje huraño y enfermizo, quizá producto de esa misma sociedad.