SOPLO DE VIDA

Por: Mario Arango Escobar.SOPLO DE VIDA (1999). GÉNERO: THRILLER, DRAMA. DURACIÓN: 110’.

Dirección: Luis Ospina. Guión: Luis Ospina, Sebastián Ospina. Intérpretes: Fernando Solórzano, Flora Martínez, Robinson Díaz, Constanza Duque, César Mora, Álvaro Rodríguez, Álvaro Ruiz, Edgardo Román, Juan Pablo Franco, César Badillo. País: Colombia, Francia. Fotografía: Rodrigo Lalinde. Música: Germán Arrieta, Gonzalo Sagarmínaga

Sinopsis: Emerson Roque Fierro, antiguo policía y remedo de investigador privado, indaga sobre el asesinato de “Golondrina”, una joven y bella mujer; ocurrido en un sórdido hotel del centro de Bogotá. Sin saber de quien se trata, empieza a conocer sus relaciones con una galería variopinta de hombres: un político corrupto, vinculado con narcotráfico y grupos paramilitares; un torero ladino y bueno para nada; un boxeador venido a menos con una fuerza tan bruta como escasa su inteligencia y un lotero ciego y perspicaz. Y en medio de ello, los hilos oscuros del poder que enredan a todos por igual, y de manera especial al pobre investigador Fierro.

Enmarcada por el viaje de las cenizas de la “Golondrina” de regreso a su tierra, la película de los hermanos Ospina, narra la historia de una hermosa niña, a  través de su relación con los hombres. A partir de la muerte de la protagonista, una anodina ciudadana, se estructuran, a lo Kane, las diferentes y múltiples versiones que dan cuenta de su trágica existencia. Para el narrador, un oscuro investigador de nombre Emerson Roque Fierro, la historia comienza cuando recoge, en una zona de nadie, a esta muchacha que se hace llamar Pilar y carece de pasado. Se casan y pronto ella se marcha con la disculpa de ir a visitar a su madre a Armero. El desencantado Bogart caleño, la cree desaparecida bajo la avalancha del Ruiz.

Para su amante y protector, Medardo Ariza, ella es una muchachita, casi su hija, una cosita de su propiedad que tuvo la fortuna de seducir a su cuñado, un torero cobarde casado con su hermana Irene. Y como si fuera poco, la desgracia de convertirse en una amenaza de escándalo, indeseable para la campaña política de Ariza. Para “el mago”, un ciego vendedor de lotería que sirve de informante, la “Golondrina” es quien le permite disfrutar momentos maravillosos de éxtasis. Es la única persona dulce del entorno en que vive y donde se desarrolla toda la historia: una sórdida zona del centro bogotano.

Para Irene, en cambio, ella es un estorbo en la felicidad de su hogar con José Luis y sus hijos. Y para el turbio detective Estupiñán es, al igual que el boxeador “Martillo”, Jacinto “el travesti” y el torero; una de las piezas que hay que quitar del medio en el rompecabezas de su oficio.
El pecado de la “Golondrina” es la posibilidad de convertirse en madre. Motivo por el cual es expulsada del Paraíso, en una alucinante escena de autoflagelación, después de la cual Roque Fierro, la rescata temporalmente. Sólo lo será por pocos días, pues prima en ella su castrado instinto maternal, que la hace convertirse en madre de todos los hombres que pasan por su sexo. “Todos los hombres son mis niños”, repite siempre desde su cama barata.

Como los clásicos del género, la historia es narrada por un detective de mala muerte. Poco a poco, a medida que va reconstruyendo el caso, conoce a los distintos personajes que rodearon a la muerta durante los días previos al crimen, y que son, básicamente todos los hombres con los que ella tuvo relaciones sexuales en el hotel donde la mataron. Al final todo se resuelve con una inesperada sorpresa y cuento acabado.

“Soplo de vida” es un interesante intento por mezclar un género que en Hollywood vió sus mejores frutos, con películas como “Doble identidad” y elementos propios de la colombianidad. Ciertamente el director logra hacer un verdadero ejercicio de cine negro que mantiene al espectador con la expectativa de saber cómo se resuelve el caso.

La película tiene muchas virtudes, en las que se nota la mano de un director que sabe de cine. El mérito de Luis Ospina es la de ofrecernos una mirada diferente de lo mismo, y de estar contada en términos cinematográficos: es utilizar con maestría y sabiduría las herramientas del oficio de hacer cine. Porque lo importante es que es cine, no sociología barata o populismo pornomiseria. Cine.

De otro lado, los encuadres son cuidadosos y eficaces. La ambientación es impecable y la exploración de los espacios arquitectónicos es sobresaliente. Además, abundan los homenajes a películas de cine negro y a clásicos filmes mexicanos. Incluso Ospina se da el gusto de hacerse un homenaje a sí mismo, al aparecer como espectador en una sala de cine en la que se proyecta “Pura sangre”, su primera película.


Pero infortunadamente “Soplo de vida” tiene un inmenso lunar que echa a perder lo que habría podido ser una película memorable: el guión es errático y confuso, y hace que por momentos la cinta se vuelva aburridora. Si bien es cierto que las películas de cine negro se distinguen por la complejidad de su estructura, es evidente que en esta película sobran muchas escenas intrascendentes y varios personajes irrelevantes.

LUIS OSPINA

Luis Ospina nació en Cali, en 1949. Estudió cine en la Universidad del Sur de California. Codirigió el Cine Club de Cali. Con Andrés Caicedo fundó la legendaria revista Ojo al Cine. Además de haber sido profesor de Cine en la Universidad del  Valle,  se desempeñó como crítico en numerosas publicaciones: Kinetoscopio, El Pueblo, Cine, El Malpensante, Número y Cinemateca.

En 1978, realizó, en unión de Carlos Mayolo, el cortometraje “Agarrando pueblo”.
Es autor de varios documentales, entre ellos “Andrés Caicedo; unos pocos buenos amigos” (1986),  y  “La desazón suprema: retrato incesante de Fernando Vallejo” (2003).
En el campo del largometraje, es autor de “Pura sangre” (1982). Un potentado azucarero del Valle del Cauca padece una extraña enfermedad que lo obliga a permanentes transfusiones sanguíneas para sobrevivir. La sangre proviene de jóvenes que Adolfo, hijo del magnate enfermo, se encarga de reclutar. Las víctimas mueren desangradas, no sin antes verse sometidas a terribles vejaciones por parte de sus desalmados captores.

En 1993, realizó “Nuestra película” que recoge testimonios sobre la vida y la muerte del pintor colombiano Lorenzo Jaramillo.
“Soplo de Vida”, de 1999. Un hombre investiga el asesinato de una joven en un sórdido hotel del centro de Bogotá y descubre que la víctima es su esposa, a quien creía desaparecida en la catástrofe de Armero de 1985.
“Capítulo 66” (1994), un video experimental, grabado en compañía del director chileno Raúl Ruíz.

En el 2007 dirige “Un tigre de papel”. La vida de Pedro Manrique Figueroa, precursor del collage en Colombia  El film examina las relaciones que han existido entre el arte y la política, entre la verdad y la mentira, entre el documental y la ficción.
También del año 2007 es su obra: “De la ilusión al desconcierto”, una serie sobre la historia del cine colombiano desde 1970 a 1995.
Fue editor de los largometrajes “Carne de tu carne” (1983) y “La Mansión de Araucaima” (1986) de Carlos Mayolo.
Sus películas han obtenido premios en los festivales internaciones de Toulouse, Bilbao, Sitgesm, La Habana, entre otros.

DIOS ES BRASILERO

Por: Mario Arango Escobar.

DIOS ES BRASILERO (2003). GÉNERO: COMEDIA. DURACIÓN: 110’. PAÍS: BRASIL.

Dirección: Carlos Diegues. Guión: Carlos Diegues, João Emanuel Carneiro, Renata Almeida Magalhães, João Ubaldo Ribeiro. Intérpretes: Antônio Fagundes, Wagner Moura, Paloma Duarte, Bruce Gomlevsky, Stepan Nercessian, Castrinho, Hugo Carvana, Chico Assis, Thiago Farias, Susana Werner, Toni Garrido. Título original: Deus É Brasileiro. Fotografía: Affonso Beato. Música: Chico Neves, Hermano Vianna.

Sinopsis: Cansado de los errores cometidos por la humanidad, Dios (Antônio Fagundes) decide irse de vacaciones a las estrellas. Pero para eso, necesita que un santo se ocupe de sus deberes, mientras esté ausente. Decide procurarlo en Brasil, país muy religioso, pero que nunca tuvo un santo reconocido oficialmente. El guía de Dios en Brasil será Taoca (Wagner Moura), astuto pescador que ve en ese encuentro inesperado la oportunidad de resolver sus problemas materiales. Luego, se  junta a los dos, la solitaria Madá (Paloma Duarte), una joven arrebatada por una gran pasión. Desde la costa de Alagoas al interior de Tocantins, pasando por Pernambuco, Taoca, Madá y Dios viven diferentes aventuras, mientras buscan a Quinca das Mulas (Bruce Gomlevsky), el candidato de Dios a santo brasileño.

El guión está basado en el cuento: “El santo que no creía en Dios”, de João Ubaldo Ribeiro, y adaptado por  Diegues, João Emanuel Carneiro y Renata de Almeida.
La fotografía, a cargo de Alfonso Beato, se regodea en captar paisajes y lugares del Brasil, que sorprenden por su gran belleza, y que sirven de marco propicio para llamar la atención sobre la exuberancia de la geografía carioca. La filmación tuvo lugar en los estados de Tocantins, Alagoas, Río de Janeiro y Pernambuco.

En cuanto al grupo de actores, merece la pena destacar el trabajo de Wagner Moura, en el papel de Taoca, que construye un personaje divertido y creíble, y se roba la atención del espectador. Los secundarios también logran interpretaciones ajustadas y convincentes.
La banda sonora, realizada por Chico Nieves y Sergio Mekler, incorpora alegres y melódicos sones de samba y ritmos brasileros, que acompañan muy adecuadamente la historia. Otro aspecto que llama la atención de esta película, es el empleo de efectos especiales, poco comunes en el cine brasilero.

Dios es brasilero” es una divertida comedia brasileña que con el formato del road-movie presenta una reflexión sobre cómo los humanos vemos (o nos inventamos) a Dios. La película habla de ese Dios que está presente en el diario vivir de nuestros pueblos latinoamericanos, y que se hace palpable en frases que permanentemente repetimos: “Gracias a Dios”, “Dios me libre”,  “válgame Dios”, “Dios me perdone”, etc.

Los comentarios hechos por Dios y que resumen su cansancio son elocuentes sobre cómo solemos hacer descansar todo en los hombros de una entidad divina superior, de cómo recurrimos a Él sobre todo y nada más en situaciones urgentes (o para pedir las cosas más insólitas), pero cómo olvidamos otros aspectos que engloban las prácticas espirituales, sobre todo cuando nos encontramos bien.

CARLOS DIEGUES

Nació en Maceió, Alagoas (Brasil) en 1940. Se graduó en Derecho en la Universidad de Río de Janeiro. Durante su época de estudiante fue presidente del directorio estudiantil. En la misma época dirigió el periódico ‘O Metropolitano’, órgano oficial de la Unión Metropolitana de Estudiantes UME.

Entre 1959 y 1961, realizó en 16 mm los cortometrajes “Fuga”,” Brasilia” y” Domingo”, que le incluyen entre los fundadores de uno de los movimientos artísticos más importantes en la cultura brasileña del siglo XX, El  Cinema Novo, junto a Nelson Pereira dos Santos y Glauber Rocha.

Sus primeros largometrajes, “Ganga Zumba” (1963) sobre una revuelta de esclavos en el siglo XVII, considerado pieza esencial del cine nacional. En 1969, dirigió “Los herederos” (Os herdeiros), una visión de la historia y la lucha por el poder en Brasil desde la revolución de 1930 hasta el golpe militar de 1964 y “La gran ciudad” (A Grande Cidade, 1970), manifiestan el sueño de un mundo más justo. “Xica da Silva” (1976) narra la historia de una de las mujeres más célebres de Brasil, una esclava liberta que vivió a mediados del siglo XVIII y se convirtió en la persona más rica y poderosa de la región.

“Bye Bye Brasil” (1980), un grupo de músicos y artistas que viajan a través del país, y que descubren un Brasil donde coexisten lo arcaico y lo moderno, la miseria y la abundancia, la tragedia y la belleza, el pasado y el futuro.
“Um trem para as estrelas” (1987), película en la que aborda el desencanto, las desilusiones y anhelos de una generación víctima del subdesarrollo y de la herencia de la dictadura militar.

La exploración de la cultura popular continuó en  “Orfeu” (1999). Basada en la obra teatral ’Orfeu da Conceiçao’, de Vinicius da Moraes. Un joven responsable de una modesta escuela de samba, situada en los suburbios de Río de Janeiro, se enamora locamente de Eurídice, recién llegada al barrio. Las luchas entre las mafias locales y la policía, así como las maquinaciones de otra joven enamorada, impedirán que su amor sobreviva.
En el año 2003, dirige “Dios es brasilero”.

“O maior amor do mundo” (2006). Antonio, famoso astrofísico brasileño y profesor de una universidad de los E.E.U.U. (José Wilker), es informado de que padece una enfermedad fatal. De regreso a Brasil, para recibir un homenaje oficial, descubre la identidad de sus verdaderos padres y su sorprendente historia de amor. Obtuvo el premio a la mejor película en el Festival de Montreal en 2006.

Considerado el cineasta brasilero más internacional, y que más aborda la cuestión del negro en toda su obra. Sus filmes han participado en festivales internacionales como Cannes, Venecia, Berlín, Nueva York y Toronto, entre otros. Por su experiencia en el documental, por el vívido contacto con otras aristas culturales de la realidad brasileña, y gracias a su proverbial tino para entronizar personajes-tipo al interior de lo costumbrista,  el cine más reciente de Carlos Diegues (Tieta de Agreste, Orfeu, Dios es brasileño) festeja el poder y los excesos característicos de las pasiones y las cadencias nacionales.