DIOS ES BRASILERO

Por: Mario Arango Escobar.

DIOS ES BRASILERO (2003). GÉNERO: COMEDIA. DURACIÓN: 110’. PAÍS: BRASIL.

Dirección: Carlos Diegues. Guión: Carlos Diegues, João Emanuel Carneiro, Renata Almeida Magalhães, João Ubaldo Ribeiro. Intérpretes: Antônio Fagundes, Wagner Moura, Paloma Duarte, Bruce Gomlevsky, Stepan Nercessian, Castrinho, Hugo Carvana, Chico Assis, Thiago Farias, Susana Werner, Toni Garrido. Título original: Deus É Brasileiro. Fotografía: Affonso Beato. Música: Chico Neves, Hermano Vianna.

Sinopsis: Cansado de los errores cometidos por la humanidad, Dios (Antônio Fagundes) decide irse de vacaciones a las estrellas. Pero para eso, necesita que un santo se ocupe de sus deberes, mientras esté ausente. Decide procurarlo en Brasil, país muy religioso, pero que nunca tuvo un santo reconocido oficialmente. El guía de Dios en Brasil será Taoca (Wagner Moura), astuto pescador que ve en ese encuentro inesperado la oportunidad de resolver sus problemas materiales. Luego, se  junta a los dos, la solitaria Madá (Paloma Duarte), una joven arrebatada por una gran pasión. Desde la costa de Alagoas al interior de Tocantins, pasando por Pernambuco, Taoca, Madá y Dios viven diferentes aventuras, mientras buscan a Quinca das Mulas (Bruce Gomlevsky), el candidato de Dios a santo brasileño.

El guión está basado en el cuento: “El santo que no creía en Dios”, de João Ubaldo Ribeiro, y adaptado por  Diegues, João Emanuel Carneiro y Renata de Almeida.
La fotografía, a cargo de Alfonso Beato, se regodea en captar paisajes y lugares del Brasil, que sorprenden por su gran belleza, y que sirven de marco propicio para llamar la atención sobre la exuberancia de la geografía carioca. La filmación tuvo lugar en los estados de Tocantins, Alagoas, Río de Janeiro y Pernambuco.

En cuanto al grupo de actores, merece la pena destacar el trabajo de Wagner Moura, en el papel de Taoca, que construye un personaje divertido y creíble, y se roba la atención del espectador. Los secundarios también logran interpretaciones ajustadas y convincentes.
La banda sonora, realizada por Chico Nieves y Sergio Mekler, incorpora alegres y melódicos sones de samba y ritmos brasileros, que acompañan muy adecuadamente la historia. Otro aspecto que llama la atención de esta película, es el empleo de efectos especiales, poco comunes en el cine brasilero.

Dios es brasilero” es una divertida comedia brasileña que con el formato del road-movie presenta una reflexión sobre cómo los humanos vemos (o nos inventamos) a Dios. La película habla de ese Dios que está presente en el diario vivir de nuestros pueblos latinoamericanos, y que se hace palpable en frases que permanentemente repetimos: “Gracias a Dios”, “Dios me libre”,  “válgame Dios”, “Dios me perdone”, etc.

Los comentarios hechos por Dios y que resumen su cansancio son elocuentes sobre cómo solemos hacer descansar todo en los hombros de una entidad divina superior, de cómo recurrimos a Él sobre todo y nada más en situaciones urgentes (o para pedir las cosas más insólitas), pero cómo olvidamos otros aspectos que engloban las prácticas espirituales, sobre todo cuando nos encontramos bien.

CARLOS DIEGUES

Nació en Maceió, Alagoas (Brasil) en 1940. Se graduó en Derecho en la Universidad de Río de Janeiro. Durante su época de estudiante fue presidente del directorio estudiantil. En la misma época dirigió el periódico ‘O Metropolitano’, órgano oficial de la Unión Metropolitana de Estudiantes UME.

Entre 1959 y 1961, realizó en 16 mm los cortometrajes “Fuga”,” Brasilia” y” Domingo”, que le incluyen entre los fundadores de uno de los movimientos artísticos más importantes en la cultura brasileña del siglo XX, El  Cinema Novo, junto a Nelson Pereira dos Santos y Glauber Rocha.

Sus primeros largometrajes, “Ganga Zumba” (1963) sobre una revuelta de esclavos en el siglo XVII, considerado pieza esencial del cine nacional. En 1969, dirigió “Los herederos” (Os herdeiros), una visión de la historia y la lucha por el poder en Brasil desde la revolución de 1930 hasta el golpe militar de 1964 y “La gran ciudad” (A Grande Cidade, 1970), manifiestan el sueño de un mundo más justo. “Xica da Silva” (1976) narra la historia de una de las mujeres más célebres de Brasil, una esclava liberta que vivió a mediados del siglo XVIII y se convirtió en la persona más rica y poderosa de la región.

“Bye Bye Brasil” (1980), un grupo de músicos y artistas que viajan a través del país, y que descubren un Brasil donde coexisten lo arcaico y lo moderno, la miseria y la abundancia, la tragedia y la belleza, el pasado y el futuro.
“Um trem para as estrelas” (1987), película en la que aborda el desencanto, las desilusiones y anhelos de una generación víctima del subdesarrollo y de la herencia de la dictadura militar.

La exploración de la cultura popular continuó en  “Orfeu” (1999). Basada en la obra teatral ’Orfeu da Conceiçao’, de Vinicius da Moraes. Un joven responsable de una modesta escuela de samba, situada en los suburbios de Río de Janeiro, se enamora locamente de Eurídice, recién llegada al barrio. Las luchas entre las mafias locales y la policía, así como las maquinaciones de otra joven enamorada, impedirán que su amor sobreviva.
En el año 2003, dirige “Dios es brasilero”.

“O maior amor do mundo” (2006). Antonio, famoso astrofísico brasileño y profesor de una universidad de los E.E.U.U. (José Wilker), es informado de que padece una enfermedad fatal. De regreso a Brasil, para recibir un homenaje oficial, descubre la identidad de sus verdaderos padres y su sorprendente historia de amor. Obtuvo el premio a la mejor película en el Festival de Montreal en 2006.

Considerado el cineasta brasilero más internacional, y que más aborda la cuestión del negro en toda su obra. Sus filmes han participado en festivales internacionales como Cannes, Venecia, Berlín, Nueva York y Toronto, entre otros. Por su experiencia en el documental, por el vívido contacto con otras aristas culturales de la realidad brasileña, y gracias a su proverbial tino para entronizar personajes-tipo al interior de lo costumbrista,  el cine más reciente de Carlos Diegues (Tieta de Agreste, Orfeu, Dios es brasileño) festeja el poder y los excesos característicos de las pasiones y las cadencias nacionales.

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