YO, TÚ, ELLOS

Por: Mario Arango Escobar.

YO, TÚ, ELLOS (2002). GÉNERO: DRAMA-COMEDIA. DURACIÓN: 104’. PAÍS: BRASIL.

Dirección: Andrucha Waddington. Guión: Elena Soarez. Intérpretes: Regina Casé, Lima Duarte, Stênio García, Luiz Carlos Vasconcelos, Nilda Spencer, Diogo Lopes, Helena Araújo. Título original: Eu Tu Eles. Fotografía: Breno Silveira. Música: Egberto Gismonti.

Sinopsis: La acción del filme transcurre en Ceará, pequeño pueblo al Noreste de Brasil. Darlene, embarazada y sola, deja la ciudad tras un intento fallido de boda. Al cabo de tres años regresa para el funeral de su madre, con un niño pequeño en brazos. Darlen sigue sin marido, pero no por mucho tiempo. Su vecino, Osias, un hombre mayor, le ofrece la casa que acaba de construir, a cambio de que sea su esposa. Poco después, Darlene queda embarazada. Osias acepta como suyo al niño, a pesar de que el color de la piel es diferente a la suya.

Darlene no es el arquetipo de la mujer despampanante y hermosa, pero tiene tres maridos. Este filme nos cuenta su historia, que si bien está basada en un hecho real ocurrido en el nordeste brasileño, tiene mucho de fábula, poesía y evocación. De paso, reflexiona sobre temas como la soledad, la vejez, el adulterio y las convenciones morales. A pesar de todos estos elementos, no se trata de un melodrama aleccionador, sino de un relato picaresco, insólito y encantador.

En medio de una calurosa tierra de desértica belleza, esta mujer convive con sus tres hombres desafiando los convencionalismos sociales y morales, no por alguna suerte de rebeldía, cinismo o libertinajes, sino como consecuencia de una natural y casi ingenua adaptación a las condiciones de vida que le son propias, esto es, la baja densidad poblacional, su aislamiento del mundo y, sobre todo, la sencillez y honestidad con que se conciben los sentimientos. Porque ésta es una película que habla esencialmente de los sentimientos humanos, en su grado más puro y simple, de ahí que la conducta y decisiones de los personajes de esta singular historia deriven del querer ser y no del deber ser.

El tema de “Yo, tú, ellos” da para que fuera un drama, incluso truculento o escandaloso, pero esa naturaleza de sus personajes, sencilla, tranquila y honesta, hace que todo pase casi con jocosidad o, al menos, sin la carga de tensión o los rencores propios de un contexto social más convencional y regido por las invisibles pero implacables leyes de la moralidad y el qué dirán.

El tono de comedia lo da, entonces, lo insólito de los acontecimientos y sus personajes, que sorprenden y fascinan con cada una de sus acciones y con la parquedad y naturalidad de unos diálogos que pueden contener hasta la más extravagante de las conversaciones. Ese tono también lo da la mirada del director. Sin emitir juicios morales, Waddington opta por desentrañar la naturaleza y motivaciones de estas cuatro personas: qué tiene esta mujer de encantadora, por qué le gustan tres hombres al tiempo o cuál es la razón que tienen ellos para consentir ese acuerdo tan oneroso para su mentalidad machista.

La fotografía de Breno Silveira encuentra su tono poético en los marrones quemados y en los ocres del polvoriento paisaje nordestino, y además hay una vivaz banda sonora apoyada en aires folclóricos creados por Gilberto Gil, uno de los músicos populares más famosos de Brasil; todo lo cual conlleva a que el filme funcione muy eficazmente, en sus propios términos de comedia ligera.

En ”Yo, tú, ellos”, el cineasta brasileño, trasmite una experiencia humana con el recurso de una historia contemporánea, universal, sobre el amor, la amistad y la dignidad. Un tema controversial, desde la perspectiva de las relaciones en el ámbito de lo urbano. Abre la puerta a nuevas posibilidades de conexión humana, contextualizadas en un pequeño pueblo brasileño, en medio de la nada.

“Yo, tú, ellos” cautiva desde lo particular; primeros planos, gestos, miradas, pocos diálogos, unas cuantas situaciones que se reiteran –hacia lo general– una cámara que observa sin subrayar, una historia que entretiene sin sobresaltar.
Muchas películas brasileras muestran en alguna manera la importancia, fuerza, y ubicuidad del espiritualismo y la religión.  Como vemos en estas películas, la religión es una manifestación de la comunidad y de una vida dura.  En “Yo, tú, ellos”, como no hay ninguna comunidad, el espiritualismo se manifiesta en una conexión con lo que si hay en esta región: la naturaleza.  Osias representa la falta de esta conexión; no hace ningún trabajo, nunca cocina, y nunca se levanta de su hamaca.  Darlene trabaja todos los días en el campo, cría a cuatros hijos, y nunca tiene miedo de expresarse sexualmente.  Osias representa la opresión de la naturaleza, mientras Darlene es la manifestación de la naturaleza.

En una familia tan aislada, y en una vida tan llena de trabajo de todos tipos, los papeles tradicionales de hombres y mujeres no sirven en el sertão.  En “Yo, tú. ellos”, una mujer vive con sus dos hombres (y luego, tres).  Uno de sus hombres, Zezhino, lava toda la ropa y cocina bien, mientras la mujer, Darlene, hace todo el trabajo en el campo. El otro, el esposo, siempre está descansando con su radio.  Cuando Darlene da la luz a todos sus hijos, todos sus padres respectivos quieren criar a estos niños, y casi luchan entre sí mismos para ser el padre.  En los ojos del cine estadounidense, no tiene ningún sentido, pero este tipo de vida parece casi normal según las condiciones en el sertão.

“Yo, tú, ellos” es una obra llena de pasión y espíritu que trata de temas universales en una manera refrescante.  La película muestra que la fuerza del espíritu humano puede superar unas condiciones opresivas para llevar a cabo un sentimiento de libertad.  Darlene hace todo para su familia, y su marido no le ayuda para nada. Las condiciones son difíciles, hay sequía, no tiene amigas, y tiene que criar a cuatro hijos.  Pero una vida tan difícil, no le impide a Darlene encontrar su propia libertad; expresa libremente sus deseos y obtiene a los hombres que quiere. La película rompió los estereotipos del papel de la mujer y muestra la fuerza y la belleza de la naturaleza del sertão.
Nota: El sertão es la región en el nordeste de Brasil.  Tierra seca y dura, campos extensivos de caña, un sol muy intenso y gente solitaria caracterizan el sertão que conocemos en este film.  Se tiene que ser muy fuerte física y espiritualmente para sobrevivir en esta región.

ANDRUCHA WADDINGTON

Nació en Río de Janeiro, en 1970.  Comenzó a trabajar en el cine cuando era un adolescente, barriendo el estudio y sirviendo cafés. Luego trabajó como asistente en numerosos filmes, entre ellos algunos muy prestigiosos, como “Días mejores vendrán” (1989) de Carlos Diegues, “Jugando en los campos del Señor” (At Play in the Fields of the Lord, 1991) de Héctor Babenco y Estación Central de Brasil (1998) de Walter Salles. De esta manera fue adquiriendo de modo autodidacta, los conocimientos necesarios para dirigir cine, que era su mayor aspiración.

A partir de 1990, realiza paralelamente trabajos como asistente y director de video clips y comerciales de televisión. Su primer largometraje “Gemelas” (Gêmeas, 1999) fue realizado para la televisión. Este fue el primer contacto de Andrucha Waddington con la dramaturgia, y además significó un esfuerzo grande en cuanto a la dirección de actores. El filme trata sobre dos mujeres que se enamoran del mismo hombre, y ambas son interpretadas por la muy elogiada Fernanda Torres.

Después, llegaría la consagración definitiva, la película brasileña más aclamada por los críticos a principios del siglo XXI: “Yo, tú, ellos” (Eu Tu Eles, 2002) reconocida con el galardón máximo en los eventos de Karlovy Vary y La Habana, entre otros. Una mujer vive con tres maridos en la misma casa, sin demasiado escándalo. “Mi filme habla sobre cómo cuatro personas logran establecer una relación totalmente atípica, aunque la película está basada en un hecho verídico. Me impactó cómo una mujer conseguía mantener esa situación bajo control en un país tan machista”, afirma el director.

“Casa de Arena” (Casa de Areia, 2005), película en la cual tres generaciones de mujeres (interpretadas sólo por dos actrices) cuyas vidas transcurren en un desierto de Brasil en el estado de Maranhao, a partir del año 1910, alejadas de toda civilización, conviven con un grupo de esclavos fugados que encuentran allí.

“Lope” (2010) biopic del poeta y dramaturgo Lope de Vega (1562-1635). Ambientada en 1588, cuando Lope se ve obligado a elegir entre una relación con una mujer que le puede ayudar a dar un paso adelante en su carrera y otra que representa el amor verdadero.

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ROMA

Por: Mario Arango Escobar.

ROMA (2004). GÉNERO: DRAMA. DURACIÓN: 155’. PAÍS: ARGENTINA.

Dirección: Adolfo Aristarain. Guión: Adolfo Aristarain, Mario Camus, Kathy Saavedra (Argumento: Adolfo Aristarain). Intérpretes: Juan Diego Botto, Susú Pecoraro, José Sacristán, Agustín Garvie, Vando Villamil, Marcela Kloosterboer, Maximiliano Ghione, Marina Gleezer, Gustavo Garzón, Carla Crespo, Marcos Mundstock, Raúl Rizzo, Jean Pierre Noher, Alberto Jiménez, Ángel Facio, María Galiana, Marcos Woinski. Fotografía: José Luis Alcaine. Música: Varios.

Sinopsis: La irrupción del periodista Manuel Cueto en la vida del escritor Joaquín Góñez, a instancias de la editorial para la que Joaquín está escribiendo su último libro, provocará un gran desasosiego en la solitaria vida de este hombre que vive de espaldas al mundo. Acostumbrado a la soledad, el encuentro con el joven periodista despertará en él emociones olvidadas que lo transportan a la época de su niñez y a su locos años de juventud en Buenos Aires: los errores de la inexperiencia, el recuerdo de los amigos, de la lealtad, la influencia del cine y del jazz, el sabor del primer amor, y la íntima relación con sus padres, especialmente con su madre, Roma, una mujer inteligente, fuerte, comprensiva y comprometida con los ideales de juventud de su hijo. Y es precisamente el recuerdo imborrable de Roma el que despertará en él el deseo impaciente por recuperar todo lo que hasta ese momento creía perdido.

La imagen de un río que fluye abre y cierra la última película de Adolfo Aristarain. Los ríos, nos enseña uno de sus personajes, sirven para pescar, nadar en ellos, lavarse…, pero sobre todo, para desnudar nuestra alma ante ellos y contarles nuestros secretos, para hundir nuestros problemas y que se los lleve la corriente. “Roma” es el río particular que Aristarain se ha construido para exorcizar sus recuerdos de infancia y juventud y lanzarlos al agua, desprendiéndose así, al compartirlos con los demás, del daño emocional que puedan haberle causado

Excelente guión. De esos que no te deja indiferente, que al final de cada diálogo te da la impresión de haber aprendido un poquito más de la vida, o por lo menos te recuerda algo que sabías pero que tenías olvidado. El relato nos va mostrando el crecimiento de Joaquín, siempre protegido por su cariñosa madre, Roma, Susu Pecoraro. Otro de los puntos altos del guión se debe a que Aristarain es un director muy cercano a la literatura, por lo que en Roma encontramos permanentemente citas a escritores como Pío Baroja y Marcel Proust, entre otros. De esta forma, la película del director argentino parte desde lo más básico, un sólido guión, para estructurar uno de los relatos más interesantes del cine de nuestro tiempo.

A partir de las vivencias de Joaquín, nos adentramos en parte de la historia Argentina. En un primer momento aparecen ante nuestros ojos los florecientes años 50, con una clase media ilustrada y emprendedora, que vivía con tranquilidad de sus oficios y trabajos. Enseguida somos testigos del deterioro progresivo de la economía, los cambios de valores y el inicio de los graves conflictos políticos de los años 70.

La historia transcurre en dos tiempos bien diferenciados, el presente y el pasado, casi como si se tratara de dos películas distintas. El hoy del escritor envejecido, en el que prevalecen la incertidumbre y la desazón, y el ayer emotivo y de tintes autobiográficos simbolizado en la conflictiva y tierna relación con su madre Roma (Susú Pecoraro), una mujer inteligente, fuerte y comprometida.

En “Roma”, gran parte de la vida de Joaquín gira en torno a personajes femeninos, principalmente el de Roma, su madre. Tras la pérdida del padre, Roma asume la responsabilidad de criar a su hijo y de completar su educación. Vemos cómo se despliega todo el cariño de una madre hacia su hijo, con una fidelidad y sacrificio que impresionan. Aún en los momentos en que un joven Joaquín parece no seguir el camino más correcto, Roma no deja de confiar en su hijo. La tolerancia, la libertad, la confianza en el buen hacer de su hijo son elementos que ponen presente la importancia de que cada persona debe encontrar su camino y sitio en la vida haciendo lo que uno cree que debe hacer y para lo que ha nacido.

Los tres personajes principales de la película; la madre (Roma), el hijo (Joaquín), el periodista (Manuel Cueto) mero espectador de la trama, están elaborados con gran maestría. 

La esencia de la historia que se cuenta es absolutamente clásica: el amor de una madre por su hijo. Amores realizados, amores frustrados, traiciones, lealtades, sacrificio, rencillas familiares, muertes repentinas, apremios económicos, viajes, fugas, y el eterno temor al futuro, a la aventura de sobrevivir con dignidad.

Roma vive en una época de moral rígida y convenciones aceptadas sin discusión, rompe con todo, elimina barreras a fuerza de sentido común e inteligencia y capacidad para borrar límites. Se ha propuesto darle un futuro a su hijo, aunque eso signifique su propio sacrificio. Puede vivir por su hijo una vida ficticia para así protegerlo, sin culpa, sin lamentos. Su vida ya la ha vivido.

El vestuario y la fotografía nos ayudan a situarnos en que época de la película estamos. Se utilizan trajes y maquillajes o peinados correctos para cada época. Y el color de la imagen nos ayuda a situar un momento u otro, siendo más ocre, o amarillento cuantos más años atrás estamos.

La música en la película también juega un importante papel. Roma toca el piano y da clases a niños, lo que le permite sostener la casa en épocas difíciles. Cuando el joven periodista llega a casa del viejo escritor, una sinfonía de Bramhs llena el solitario espacio en que este vive. De igual manera, de su infancia en Buenos Aires, el protagonista recuerda cómo sus padres disfrutaban con la música.
Finalmente, hay que destacar el poema dedicado a su madre, narrado por Sacristán,Justo al final de la película. Precioso.

ADOLFO ARISTARAIN

Nació en 1943, en Buenos Aires (Argentina). Desde su infancia ha sido lector voraz y cinéfilo empedernido. Estudió inglés hasta convertir ese idioma en su segunda lengua. Con respecto al cine y la literatura, decidió ser autodidacta. Intentó ser cuentista en su adolescencia e hizo un programa en Radio Nacional, en el que leía traducciones propias de Dylan Thomas. Tuvo algunos acercamientos al cine como montajista y sonidista en Río de Janeiro, y como ayudante de producción en Buenos Aires. Finalmente, a comienzos de los años setenta, comenzó a trabajar como ayudante de dirección de manera sistemática y profesional. En el año 1967 se radicó en Madrid.

En 1974 regresó a la Argentina con la intención de dirigir su primer largometraje, ”La parte del león” (1978) un policial que sorprendió por su calidad y por abordar un género bastante inusual para la época en la Argentina, donde la censura impuesta por la dictadura militar no permitía el tratamiento de ciertos temas.

La película fue un fracaso comercial, pero su solidez narrativa le brindó al director el reconocimiento del ambiente cinematográfico y la productora Aries -la más grande del país por entonces- lo contrató para dirigir dos films de una serie de musicales: “La playa del amor” (1979) y “La discoteca del amor” (1980), comedias livianas de poco relieve que le dieron dinero como para sortear los años difíciles y le valieron el cuestionamiento de la crítica.

En 1981 realizó “Tiempo de revancha”, film en cual, un sindicalista y un trabajador simulan un accidente para cobrar una indemnización. Pero en el camino cambia de parecer y decide llegar hasta las últimas consecuencias.

“Últimos días de la víctima”, adaptación de la novela de José Pablo Feinmann. Fascinante retrato de un asesino profesional, metido en una intriga que bien podrían haber diseñado Borges y Kafka.

Su siguiente película en 1992, “Un lugar en el mundo”, es una obra diferente en su filmografía sobre un matrimonio de ideas socialistas, que se instala en un pequeño pueblo argentino para crear un proyecto corporativo y verlo fracasar a la par de sus ideales.

“La ley de la frontera” (1995), una festejada película de aventuras, en la cual narra las peripecias de dos jóvenes ingenuos que huyen de estrecheces y trabajo, se echan al monte e intentan hacerse pasar —con escaso éxito— por bandoleros de la famosa banda. Su camino se cruzará con él y con el de la verdadera banda del El argentino, intensamente acosada por la Guardia Civil.

En 1997 realiza “Martín (Hache)”. Historia de una familia dividida por los rencores y la distancia, -es la obra más descarnada y -para muchos- personal del cineasta.
“Lugares comunes” (2002) película en la cual trabaja nuevamente, sobre las relaciones familiares (sobre todo, padre e hijo), con un contexto político-social muy evidente como trasfondo.

Roma (2004) es la historia de Joaquín Góñez, un solitario escritor argentino radicado en España, que decide escribir parte de su biografía. Para esto pide ayuda a un joven estudiante de periodismo, que se encargará de ir transcribiendo los escritos de Joaquín.

EL AUTO DE LA COMPASIÓN

Por: Mario Arango Escobar.

EL AUTO DE LA COMPASIÓN (2000). GÉNERO: COMEDIA-DRAMA. DURACIÓN: 104’ PAÍS: BRASIL.

Dirección: Guel Arraes. Guión: Guel Arraes, Adriana Falcão, João Falcão (Obra: Ariano Suassuna. Intérpretes: Matheus Nachtergaele, Selton Mello, Rogério Cardoso, Denise Fraga, Diogo Vilela, Luís Melo, Virginia Cavendish, Bruno Garcia, Enrique Diaz, Maurício Gonçalves. Título original: O Auto da Compadecida. Fotografía: Félix Monti. Música: Sá Grama.

Sinopsis: En el pueblo de Taperoá, desierto de Paraíba, João Grillo (Matheus Nachtergaele) y Chicó (Selton Mello), dos  tipos muy pobres del nordeste de Brasil, van por las calles anunciando “La pasión de Cristo”, la mejor película del mundo.  La sesión es un éxito, pueden ganar unos cuantos dólares, pero la lucha por la supervivencia continúa. Grilo y Chicó  preparan varios planes para conseguir un poco más de dinero. La llegada de la hermosa Rosie, (Virginia Cavendish), hija de Antonio Moraes (Paulo Goulart), despierta la pasión de Chicó. Los planes de los dos, que involucra el matrimonio entre Chicó y Rosie y la posesión de un cerdo de barro lleno de dinero, son interrumpidos por la llegada del bandido Severino y de la muerte de João Grillo. Todos los muertos se encuentran en el juicio final, donde serán juzgados en  el tribunal de las almas por  un Jesús negro (Maurício Gonçalves) y el diablo (Luis Melo). El destino de cada uno de ellos será decidido por la aparición de Nuestra Señora, la Compadecida (Fernanda Montenegro).

El director Guel Arraes cuenta con maestría una historia de Arriano Suassuna, inspirado en escenarios del desierto noreste y en la cultura local. “El auto de la compasión” fue filmado en Cabaceiras, en el desierto de la Paraíba, una ciudad próxima la Taperoá,
La película de Arraes es, sin lugar a dudas, una muestra de la gran calidad del cine brasilero. El director logra un equilibrio perfecto entre el humor negro y la sátira social, para mostrarnos la corrupción de algunas instituciones de la sociedad, no sólo de su país, sino de varios países latinoamericanos. La iglesia, el estado, la policía, quedan expuestas con sus componendas y sus abusos. Un filme muy brasilero, tanto en forma como en contenido; el tema principal, se vuelve universal, al reflejar el mundo contradictorio de los ricos presuntuosos y del pueblo humilde, pero inteligente.

Apoyado en un guión bastante ágil y de extraordinaria factura, el director brasilero logra una divertida historia, que fácilmente llega al espectador más desprevenido. Indudablemente, esto también se debe al selecto elenco que participa en la película, y que reúne a una de las parejas más cómicas en toda la historia del cine brasilero. Matheus Nachtergale, en el papel de João Grillo y Selton Mello, en el papel de Chicó, bordan unas actuaciones excelentes y son el alma de la historia. Cuenta además con la presencia de Fernanda Montenegro, en el papel de la Virgen María y de Marco Manini como el líder de los bandidos. Luis Melo, en el papel del diablo, hace una interpretación memorable.

Pero el verdadero placer de esta película  – y es un placer – se encuentra en cada engaño, en el juego de palabras de los dos protagonistas y en la imaginación de João Grilo en particular. Al mirar  su rostro y su postura causa placer: tiene la cara y la expresión de un estafador que disfruta de la vida. (Cuando otro personaje le defiende, diciendo que mintió durante toda su vida para poder sobrevivir, responde -Juan:  Pero me gustó).

La secuencia suprema de la película ocurre, ya en el final, cuando varios de los personajes son asesinados y llegan al juicio eterno, el diablo, y la Virgen, en presencia del Juez Supremo (un dios negro)  que intercede por sus fieles y quien en última instancia decide el destino de cada uno, con un final sorprendente….

En el apartado técnico, destacar la excelente banda sonora, donde cobra protagonismo la melódica y sensual música brasilera. De otro lado, la fotografía, que además de destacar imágenes bellas, sirve para promover la riqueza geográfica del país carioca.

Nota: “El auto de la compasión”, está basada en una obra de teatro de mediados del siglo XX, parece que muy clásica dentro del teatro brasilero del Nordeste, con su mezcla de drama social y barroco costumbrista. Como su nombre lo indica, se trata de un “auto sacro”, con personajes como Dios (Jesús), el diablo, ángeles, y la madre de Dios.

Sabemos que el auto sacramental es un género dramático típico de la España Imperial. Deriva de las formas del teatro litúrgico y sacro de la Edad Media. Resumiendo la definición, podemos decir que el auto sacramental es una obra dramática, en un acto, de sentido alegórico, y referente al misterio de la Eucaristía. Se representó en las fiestas del Corpus Christi y fue una forma de la expresión católica de la fe, frente a las innovaciones de la reforma luterana. Es, por tanto, a partir de esta época cuando tiene una presencia viva entre los creyentes de la catolicidad.

A pesar de que la exaltación de la eucaristía era el tema central, otros motivos enriquecieron también la nómina de los autos -sagrada cena, vida de santos, episodios del antiguo testamento, parábolas evangélicas, sucesos históricos, incluso asuntos sacados de la mitología.

Era la alegoría el principal recurso con el que se conseguía abundantes personificaciones, además de la plasticidad y los elementos escénicos complementarios; de este modo el pueblo llano y en escenario montado al aire libre y en pleno día, captaba las abstracciones, las ideas puras que aquellos juegos alegóricos encarnaban -el eterno, el hombre, la fé, la gracia, la esperanza, el pecado, la virtud, el vicio, la culpa, etc.-; así pues, este medio didáctico de hacer comprender las esencias religiosas llegó a tener una fuerza considerable.

LISBELA Y EL PRISIONERO

Por: Mario Arango Escobar.

LISBELA Y EL PRISIONERO (2003). GÉNERO: COMEDIA. DURACIÓN: 106’

Dirección: Guel Arraes. Guión: Guel Arraes, Pedro Cardoso, Jorge Furtado (Obra: Osman Lins). Intérpretes: Selton Mello, Débora Falabella, Virginia Cavendish, Bruno Garcia, Tadeu Mello, André Mattos, Lívia Falcão, Marco Nanini. Título original: Lisbela e o Prisioneiro. País: Brasil. Fotografía: Ulrich Burtin. Música: João Falcão, André Moraes.

Sinopsis: Narra la historia del astuto, aventurero y conquistador Leléu (Selton Mello) y de la joven soñadora Lisbela (Débora Falabella), a quien le encantan las películas norteamericanas y  sueña con los héroes del cine. Lisbela está prometida y el matrimonio tiene ya fecha… cuando Leléu llega a la ciudad. La pareja se enamora, y comienza a vivir una historia de amor llena de personajes del nordeste brasileño: una mujer casada y seductora que intenta atraer al héroe; un marido valiente y “matador”, un padre severo y el jefe de policía. Lisbela y Leléu sufrirán por causa de las presiones de la familia, del medio social y también por sus propias dudas.  Pero, en un giro final, lleno humor, ellos siguen sus destinos. Como la propia Lisbela dice, la gracia no está en saber lo que sucede, sino saber cómo sucede. Cuando sucede. Y para eso… hay que ver la película.

“Lisbela y el Prisionero” es una película bellísima que une romance, drama y comedia. Cuenta con un guión elaborado, con un lenguaje simple y  comprensivo, que nos va presentando unos personajes caricaturizados.
El humor es una constante de esta historia que el director utiliza para exagerar las escenas lúdicas y suavizar las situaciones trágicas de  violencia y  dolor.
La conjunción entre personajes, vestuario, y situaciones caricaturescas, hace que esta película se asemeje a las historias fantásticas que están presentes en los cuentos infantiles y libros para niños. Con gran acierto, logra establecer contrastes entre lo simbólico y lo concreto, la vida y la muerte.

Sin embargo, el tema principal lo encontramos en la bellísima relación que se establece entre el cine y la propia vida. Y es tal vez, este ‘hablar del cine dentro del cine’, lo que finalmente cautiva al espectador, haciéndole vivir las mismas fantasías que viven los protagonistas de la historia. De otro lado, las variadas referencias al cine clásico, a sus divas y galanes, impregna de una maravillosa y poética nostalgia este film, y habla claramente de un director, que busca en los maestros, que bebe de ellos…
Otro aspecto que es necesario destacar, en cuanto a la parte temática, es el de la identidad brasilera, como la sensualidad, la exuberancia del paisaje, el vagabundo aventurero y mentiroso, etc.

La poesía y la música acompañan  en perfecta sincronía el desarrollo  de esta historia. La banda sonora es excepcional, con temas diversos, interpretados por  Caetano Veloso, y por Elza Soares, con una maravillosa versión de la espléndida ” Espuma sobre el viento”.
En cuanto al grupo de actores, cabe resaltar las excelentes interpretaciones de Selton Mello, Marco Nanini y Virginia Cavendish que transmiten con sus gestos y expresión corporal, ese humor que permea la historia.

En definitiva, “Lisbela y el Prisionero”, es una película bien hecha, que llega fácilmente al más desprevenido de los espectadores, y que nos proporciona imágenes y situaciones, que permanecerán en nuestra mente.

GUEL ARRAES

Nació en Recife, Brasil, en 1953. Es hijo del gran político Miguel Arraes, que fue gobernador del estado de Pernambuco. Debido a la posición política que tenía su padre, Guel Arraes vivió muchos años fuera del país, principalmente en Argelia, en calidad de exiliado, junto con su familia.  Inició su carrera en Paris, en el Comité de Filme Etnográfico, dirigido por Jean Rouch, maestro del cine verdad.

Después de una larga trayectoria en la TV Globo, como director de comedias y programas de humor y adaptación de clásicos de la literatura brasilera, debuta en la dirección de cine con “El auto de la compasión” (O Auto da Compadecida, 2000), filme que le valió el  premio al Mejor Director y Mejor Guión en El Gran Premio de Cine de Brasil.

En 2003, realiza su segundo largometraje, “Lisbela y el prisionero” ( Lisbela e o Prisionero). Es la historia de un buscavidas que se enreda con la sensual mujer de un matón. Asustado, sigue rápidamente su vida itinerante, sólo para involucrarse con otra mujer: la ingenua y romántica Lisbela, una chica de provincia que está a punto de casarse.
Posteriormente dirige “Romance” (2008). En esta película, se nos cuenta la historia de amor de Ana y Pedro, con las idas y vueltas, enojos y risas, y el “fantasma” de la historia de Tristán e Isolda que los persigue de principio a fin.

En el año 2010, dirige “El bien amado” (O Bem Amado) basada en la obra de Dias Gomes, una mirada del estereotipo del político corrupto.
Guel Arraes actualmente es director de la cadena de televisión TV Globo.