ROMA

Por: Mario Arango Escobar.

ROMA (2004). GÉNERO: DRAMA. DURACIÓN: 155’. PAÍS: ARGENTINA.

Dirección: Adolfo Aristarain. Guión: Adolfo Aristarain, Mario Camus, Kathy Saavedra (Argumento: Adolfo Aristarain). Intérpretes: Juan Diego Botto, Susú Pecoraro, José Sacristán, Agustín Garvie, Vando Villamil, Marcela Kloosterboer, Maximiliano Ghione, Marina Gleezer, Gustavo Garzón, Carla Crespo, Marcos Mundstock, Raúl Rizzo, Jean Pierre Noher, Alberto Jiménez, Ángel Facio, María Galiana, Marcos Woinski. Fotografía: José Luis Alcaine. Música: Varios.

Sinopsis: La irrupción del periodista Manuel Cueto en la vida del escritor Joaquín Góñez, a instancias de la editorial para la que Joaquín está escribiendo su último libro, provocará un gran desasosiego en la solitaria vida de este hombre que vive de espaldas al mundo. Acostumbrado a la soledad, el encuentro con el joven periodista despertará en él emociones olvidadas que lo transportan a la época de su niñez y a su locos años de juventud en Buenos Aires: los errores de la inexperiencia, el recuerdo de los amigos, de la lealtad, la influencia del cine y del jazz, el sabor del primer amor, y la íntima relación con sus padres, especialmente con su madre, Roma, una mujer inteligente, fuerte, comprensiva y comprometida con los ideales de juventud de su hijo. Y es precisamente el recuerdo imborrable de Roma el que despertará en él el deseo impaciente por recuperar todo lo que hasta ese momento creía perdido.

La imagen de un río que fluye abre y cierra la última película de Adolfo Aristarain. Los ríos, nos enseña uno de sus personajes, sirven para pescar, nadar en ellos, lavarse…, pero sobre todo, para desnudar nuestra alma ante ellos y contarles nuestros secretos, para hundir nuestros problemas y que se los lleve la corriente. “Roma” es el río particular que Aristarain se ha construido para exorcizar sus recuerdos de infancia y juventud y lanzarlos al agua, desprendiéndose así, al compartirlos con los demás, del daño emocional que puedan haberle causado

Excelente guión. De esos que no te deja indiferente, que al final de cada diálogo te da la impresión de haber aprendido un poquito más de la vida, o por lo menos te recuerda algo que sabías pero que tenías olvidado. El relato nos va mostrando el crecimiento de Joaquín, siempre protegido por su cariñosa madre, Roma, Susu Pecoraro. Otro de los puntos altos del guión se debe a que Aristarain es un director muy cercano a la literatura, por lo que en Roma encontramos permanentemente citas a escritores como Pío Baroja y Marcel Proust, entre otros. De esta forma, la película del director argentino parte desde lo más básico, un sólido guión, para estructurar uno de los relatos más interesantes del cine de nuestro tiempo.

A partir de las vivencias de Joaquín, nos adentramos en parte de la historia Argentina. En un primer momento aparecen ante nuestros ojos los florecientes años 50, con una clase media ilustrada y emprendedora, que vivía con tranquilidad de sus oficios y trabajos. Enseguida somos testigos del deterioro progresivo de la economía, los cambios de valores y el inicio de los graves conflictos políticos de los años 70.

La historia transcurre en dos tiempos bien diferenciados, el presente y el pasado, casi como si se tratara de dos películas distintas. El hoy del escritor envejecido, en el que prevalecen la incertidumbre y la desazón, y el ayer emotivo y de tintes autobiográficos simbolizado en la conflictiva y tierna relación con su madre Roma (Susú Pecoraro), una mujer inteligente, fuerte y comprometida.

En “Roma”, gran parte de la vida de Joaquín gira en torno a personajes femeninos, principalmente el de Roma, su madre. Tras la pérdida del padre, Roma asume la responsabilidad de criar a su hijo y de completar su educación. Vemos cómo se despliega todo el cariño de una madre hacia su hijo, con una fidelidad y sacrificio que impresionan. Aún en los momentos en que un joven Joaquín parece no seguir el camino más correcto, Roma no deja de confiar en su hijo. La tolerancia, la libertad, la confianza en el buen hacer de su hijo son elementos que ponen presente la importancia de que cada persona debe encontrar su camino y sitio en la vida haciendo lo que uno cree que debe hacer y para lo que ha nacido.

Los tres personajes principales de la película; la madre (Roma), el hijo (Joaquín), el periodista (Manuel Cueto) mero espectador de la trama, están elaborados con gran maestría. 

La esencia de la historia que se cuenta es absolutamente clásica: el amor de una madre por su hijo. Amores realizados, amores frustrados, traiciones, lealtades, sacrificio, rencillas familiares, muertes repentinas, apremios económicos, viajes, fugas, y el eterno temor al futuro, a la aventura de sobrevivir con dignidad.

Roma vive en una época de moral rígida y convenciones aceptadas sin discusión, rompe con todo, elimina barreras a fuerza de sentido común e inteligencia y capacidad para borrar límites. Se ha propuesto darle un futuro a su hijo, aunque eso signifique su propio sacrificio. Puede vivir por su hijo una vida ficticia para así protegerlo, sin culpa, sin lamentos. Su vida ya la ha vivido.

El vestuario y la fotografía nos ayudan a situarnos en que época de la película estamos. Se utilizan trajes y maquillajes o peinados correctos para cada época. Y el color de la imagen nos ayuda a situar un momento u otro, siendo más ocre, o amarillento cuantos más años atrás estamos.

La música en la película también juega un importante papel. Roma toca el piano y da clases a niños, lo que le permite sostener la casa en épocas difíciles. Cuando el joven periodista llega a casa del viejo escritor, una sinfonía de Bramhs llena el solitario espacio en que este vive. De igual manera, de su infancia en Buenos Aires, el protagonista recuerda cómo sus padres disfrutaban con la música.
Finalmente, hay que destacar el poema dedicado a su madre, narrado por Sacristán,Justo al final de la película. Precioso.

ADOLFO ARISTARAIN

Nació en 1943, en Buenos Aires (Argentina). Desde su infancia ha sido lector voraz y cinéfilo empedernido. Estudió inglés hasta convertir ese idioma en su segunda lengua. Con respecto al cine y la literatura, decidió ser autodidacta. Intentó ser cuentista en su adolescencia e hizo un programa en Radio Nacional, en el que leía traducciones propias de Dylan Thomas. Tuvo algunos acercamientos al cine como montajista y sonidista en Río de Janeiro, y como ayudante de producción en Buenos Aires. Finalmente, a comienzos de los años setenta, comenzó a trabajar como ayudante de dirección de manera sistemática y profesional. En el año 1967 se radicó en Madrid.

En 1974 regresó a la Argentina con la intención de dirigir su primer largometraje, ”La parte del león” (1978) un policial que sorprendió por su calidad y por abordar un género bastante inusual para la época en la Argentina, donde la censura impuesta por la dictadura militar no permitía el tratamiento de ciertos temas.

La película fue un fracaso comercial, pero su solidez narrativa le brindó al director el reconocimiento del ambiente cinematográfico y la productora Aries -la más grande del país por entonces- lo contrató para dirigir dos films de una serie de musicales: “La playa del amor” (1979) y “La discoteca del amor” (1980), comedias livianas de poco relieve que le dieron dinero como para sortear los años difíciles y le valieron el cuestionamiento de la crítica.

En 1981 realizó “Tiempo de revancha”, film en cual, un sindicalista y un trabajador simulan un accidente para cobrar una indemnización. Pero en el camino cambia de parecer y decide llegar hasta las últimas consecuencias.

“Últimos días de la víctima”, adaptación de la novela de José Pablo Feinmann. Fascinante retrato de un asesino profesional, metido en una intriga que bien podrían haber diseñado Borges y Kafka.

Su siguiente película en 1992, “Un lugar en el mundo”, es una obra diferente en su filmografía sobre un matrimonio de ideas socialistas, que se instala en un pequeño pueblo argentino para crear un proyecto corporativo y verlo fracasar a la par de sus ideales.

“La ley de la frontera” (1995), una festejada película de aventuras, en la cual narra las peripecias de dos jóvenes ingenuos que huyen de estrecheces y trabajo, se echan al monte e intentan hacerse pasar —con escaso éxito— por bandoleros de la famosa banda. Su camino se cruzará con él y con el de la verdadera banda del El argentino, intensamente acosada por la Guardia Civil.

En 1997 realiza “Martín (Hache)”. Historia de una familia dividida por los rencores y la distancia, -es la obra más descarnada y -para muchos- personal del cineasta.
“Lugares comunes” (2002) película en la cual trabaja nuevamente, sobre las relaciones familiares (sobre todo, padre e hijo), con un contexto político-social muy evidente como trasfondo.

Roma (2004) es la historia de Joaquín Góñez, un solitario escritor argentino radicado en España, que decide escribir parte de su biografía. Para esto pide ayuda a un joven estudiante de periodismo, que se encargará de ir transcribiendo los escritos de Joaquín.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s