GUANTANAMERA

Por: Mario Arango Escobar.

GUANTANAMERA (1995). GÉNERO: COMEDIA. DURACIÓN 101’. PAÍS: CUBA.

Dirección y guión: Juan Carlos Tabío y Tomás Gutíerrez Alea. Intérpretes: Jorge Perugorría, Carlos Cruz, Mirta Ibarra, Raúl Eguren, Pedro Fernández, Luis Alberto García, Conchita Brando. Fotografía: Hans Burmann. Música: José Nieto.

Sinopsis: Comedia satírica sobre la vida en Cuba. Un atípico cortejo fúnebre y un camión cubren el mismo recorrido, aunque con muy diferentes cometidos. El cortejo, compuesto por un funcionario, su esposa Gina y un anciano enamorado de la difunta debe cumplir un nuevo y ahorrativo plan estatal de traslado de difuntos. El camión, conducido por Mariano, seductor empedernido y Ramón, su más fiel aliado, realiza su ruta habitual. Lo que comenzó siendo un cruce fortuito, termina convirtiéndose en un encuentro continuado. Mariano y Gina se reconocen: Gina fue profesora de Mariano en la Universidad y un amor frustrado para éste. La caravana fúnebre avanza. Sus tropiezos con el camión y un sinfín de divertidas peripecias van uniendo poco a poco a Gina y a Mariano hasta conseguir que ambos tomen una decisión.

La película narra la historia de una muerte, y de un nacimiento, la historia de muchas vidas que se entrelazan en un viaje muy peculiar, de antiguas historias de amor que vuelven a la vida, de otras que terminan… de amistad, de matrimonio, de vida…

Deliciosa road movie, en clave de comedia que recorre la geografía cubana al son de los acordes de la popular canción Guantanamera con renovadas letras que narran los propios avatares de los personajes. Partiendo de un original planteamiento sobre una nueva política de entierros, los protagonistas acompañan en insólito cortejo fúnebre a la muerta por pueblos y ciudades antes de llegar a su destino. Durante el camino hay encuentros y desencuentros, personas que aprenden a conocerse, egoísmos, amores y desamores, amistades y enemistades, ternura, humor, vida y muerte… Pero esta película, que para muchos ha quedado como una buena y simpática comedia, es mucho más que eso debiéndose exaltar entre las mejores obras del cine en español. No sólo por su buen ritmo, las logradas interpretaciones o ese halo tradicional y de descripción social que salpica a la narración, sino que lo que la convierte en un espléndido trabajo es sobre todo el trasfondo de realismo mágico que encaja y se desarrolla en el guión.

El elemento fundamental que da a la narración ese toque mágico y misterioso se encuentra en el personaje de una niña que aparece de vez en cuando: primero en una foto, luego al borde de la carretera, regalando una flor, etc… ¿Quién es esa niña? La propia película lo deja muy claro en una secuencia en la que se narra una vieja y hermosa leyenda, mientras que se muestra fugazmente un plano de la niña acompañando a una mujer con un paraguas bajo la lluvia. Y este personaje infantil aparentemente secundario, es en realidad, la clave que incluso cambia el sentido del desenlace, cuando es esa misma niña a la que, tras su encendido discurso final, el funcionario Adolfo solicita ayuda para bajar del pedestal al que se había subido.

Por la misma carretera por la que marcha el cortejo, se encuentran dos camioneros que deben llevar su carga a su punto de destino. Ellos no van tan apurados de tiempo pero el principal problema que les surge son los amores de carretera de uno de ellos, Mariano (Jorge Perugorría), que tiene más de una “amada” repartida por el país. Esta historia paralela supone un gran acierto de la dirección, pues además del interés de sus entretenidas aventuras, consigue que el ritmo de la película no caiga en la monotonía de un solo viaje, convirtiendo al espectador en el testigo de dos trayectos que conducen a la misma dirección: La Habana. Todo con una visible intención crítica de los realizadores de la cinta, que denuncian lo incoherente de los excesos burocráticos que crean leyes o normas patéticas que sólo buscan el beneficio de quienes menos lo necesitan, en detrimento de los dolientes, principal referencia que se emplea en el guión para hacer alusión a los familiares de los muertos.

Bellas y reales imágenes recorren y nos acompañan durante el transcurso de la película, acompañados simultáneamente por una música fantásticamente compuesta, que le da un aire poético y melancólico a la película.

Tanto en su sólido guión como en su agilísima puesta en escena, Gutiérrez Alea y Tabío demuestran un control total de los hilos tragicómicos que conforman el relato. Los personajes están definidos con mucho detalle y muy bien interpretados, de modo que las situaciones resultan siempre convincentes. A través de esas situaciones, esperpénticas y a la vez muy cotidianas, los directores ofrecen un complejo mosaico de la sociedad cubana actual, formada por un grupo cada vez más pequeño de burócratas, serviles y soñadores, que siguen creyendo en la bondad del castrismo, y por la gente de a pie que permanece en la isla, obligada a aguzar el ingenio para poder sobrevivir en unas condiciones económicas y sociales muy difíciles. Esta nítida división la remarca muy bien la banda sonora de José Nieto, cuyo tema central es una fragmentaria versión libre de la famosa canción Guantanamera, planteada a modo de didáctica explicación en off de la historia.


“Guantanamera” divierte y hace pensar, expresa la alegría de un pueblo que nunca la pierde, aunque pase por coyunturas difíciles, por momentos inevitablemente tristes.

JUAN CARLOS TABÍO

Nació en La Habana, Cuba en 1943. Comenzó su carrera en el ICAIC (Instituto Cubano de Arte e industria Cinematográficos) como asistente de producción y dirección. Su filmografía se inició en 1973, con documentales acerca de intérpretes musicales como Miriam Makeba o Chicho Ibáñez.

Su primer largometraje de ficción fue la adaptación de la obra teatral “Se permuta” (1984), basado en la obra de teatro de su autoría, “La permuta”, en la cual se nos narra las peripecias de una mujer que se muda de barrio “para mejorar la posición social” de su hija. Codirigió con Tomás Gutiérrez Alea, “Fresa y chocolate” (1993), en la que tres personajes mantienen una intensa y conmovedora relación de amistad, en medio de prejuicios e incomprensiones sobre la homosexualidad en Cuba y “Guantanamera” (1995), donde un cortejo fúnebre atraviesa la isla.

El elefante y la bicicleta (1994), película en la cual retoma el tópico del cine dentro del cine, al centrar su atención en los acontecimientos que suceden a la primera proyección cinematográfica en una isla imaginaria.
“Demasiado miedo a la vida o Plaff” de 1988, es una comedia en la que se presentan y critican personajes y situaciones reales de la sociedad cubana.

A finales de la década del noventa, se presenta su filme “Lista de espera”, inspirado en el cuento homónimo del escritor cubano Arturo Arango, quien se desempeñará como guionista junto a Tabío. Aquí el azar obliga a un grupo de personas a permanecer en una terminal de ómnibus a la espera de poder enrumbarse a su destino.

En el 2003 dirige “Aunque estés lejos”, película sobre los cubanos que se van de su país, los que no se quieren ir y los que se quieren ir y no pueden. “El cuerno de la abundancia” (2008), narra como en un pequeño pueblo de Cuba, una noticia explota como un petardo: los que se apelliden Castiñeiras recibirán una jugosa herencia que unas monjas depositaron en un banco de Inglaterra en el siglo XVIII.

Tabío se ha desempeñado como profesor de guión y dirección cinematográficos en la Escuela Internacional de Cine y TV de San Antonio de los Baños y en la Escuela de Radio, Cine y TV, en Cuba, y ha impartido talleres de guión, dirección y dramaturgia en varios países. Juan Carlos Tabío es un de los más importantes cineastas cubanos en activo, cuyas propuestas, asentadas en la crítica social, los recursos expresivos del humor y una sostenida reflexión en torno al cine, lo ubican como un referente indispensable de la cinematografía insular y latinoamericana.

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