LISTA DE ESPERA

Por: Mario Arango Escobar.

LISTA DE ESPERA (2000). GÉNERO: COMEDIA. DURACIÓN: 102’. PAÍS: CUBA.

Dirección: Juan Carlos Tabío. Guión: Arturo Arango, Juan Carlos Tabío, Senel Paz. Intérpretes: Vladimir Cruz, Jorge Perugorría, Thaimi Alvariño, Saturnino García, Noel García, Alina Rodríguez, Antonio Valero. Fotografía: Hans Burmann. Música: José María Vitier.

Sinopsis: Los pasajeros colapsan una terminal de autobuses de un pueblo cubano debido a que todos los vehículos pasan llenos y no recogen viajeros. Para poder emprender el viaje, todos se implican en la reparación del único transporte destartalado que queda en la terminal. Una experiencia en la que cada uno va a descubrir lo mejor de sí mismo.

Una vez más una fantástica crítica al sistema cubano por parte del director Juan Carlos Tabío. Tal como hizo con “Fresa y chocolate” vuelve a sus críticas contra el sistema cubano, pero esta vez de una manera más sofisticada y artística pues, aunque, a primera vista no se sienta, es una crítica hecha con clase a base de metáforas y simbolismos.
 Para ello consigue hacer una versión un tanto surrealista del “sueño cubano”, ese sueño donde todos esperan un final feliz.

Una terminal que representa a Cuba con sus reglas y con unas paredes que se caen; será el lugar donde nuestros personajes esperan al bus que les lleve a sus destinos.
 Buses que se rompen una y otra vez porque no hay manera de que lleguen las piezas de repuesto y unos pasajeros que quieren salir de la terminal, pero no pueden tal como pasaba en “El ángel exterminador” (1962) de Buñuel y tal como lo referencian en la película, estos personajes viven en un sueño continuo mientras que están despiertos, el sueño de ser libres y conseguir una Cuba libre.

Ese “sueño” será la puesta en escena para estos personajes donde demostrarán ese espíritu de estas gentes que les falta el aire por salir de esa terminal pero como no pueden salir de allí intentan acomodarla para que entre todos se pueda vivir feliz y mejor.
Una película que habla de crítica en cada frase, en cada personaje, en cada intención; crítica y también humanidad pues estos personajes acorralados por el sistema intentan sacar lo más positivo de cada momento para conseguir subsistir.

En la terminal (Cuba) están todos los especímenes que forman un conjunto tan peculiar como es el mundo cubano. En el retrato están: El jinetero, entendiendo que allí la palabra jinetero/a se aplica a todo aquel que trapichee con turistas, utilice o no argumentos sexuales; el ingeniero agrónomo en un país donde sobran ingenieros y faltan guajiros (campesinos); la no ya tan jovencita que encuentra el novio europeo, en este caso español, que la sacará de la terminal; la santera que juega con hierbas para hechizar; la pareja de recién casados que se quedan en la terminal porque en casa se aburren y en el pueblo no hay nada que hacer; la pareja de homosexuales en un ámbito donde aún está mal vista esa práctica; el administrador, una persona aburrida de ver cómo las cosas de su terminal se van deteriorando sin que se atisbe una posibilidad de mejoría; y un largo etcétera de personajes menores que conforman este retrato de la sociedad cubana.

Lo más importante de la película es que, en un momento dado, todos a la vez sueñan el mismo sueño, el sueño del trabajo, de la unidad real, del entusiasmo y de la esperanza para tener una Cuba (una terminal) limpia, ordenada, sin escaseces alimentarias, en fin, un territorio en el cual todo el mundo puede y debe ser feliz.
Y la película, al final, deja un regusto amargo cuando el sueño se acaba, cuando todos regresan a la cruda realidad y son conscientes de que nada ha cambiado, que la terminal sigue ahí, casi en ruinas.

Como en su anterior filme, “El elefante y la bicicleta”, Tabío confronta aquí dos realidades, una real y otra imaginada (o soñada), para plantear alegóricamente sus ideas, las cuales giran en torno a un pueblo que se debate entre la solidaridad que el régimen le ha inculcado y el egoísmo que deviene de la necesidad y la precariedad material en que ha caído. Este juego con dos realidades y el tono de comedia empleado, le permiten insinuar y plantear cosas sobre el régimen y el sistema que de otra forma sucumbirían ante la censura.

Tabío ha querido dedicar la película a Gutiérrez Alea “Titón”, al que recordó como un maestro que sigue presente en el alma cubana, cuyo legado: “Es ese sentido de responsabilidad del artista con el lugar y el momento. Su forma de interactuar con la realidad”.

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