LAS INVASIONES BÁRBARAS

Por: Mario Arango Escobar.

LAS INVASIONES BÁRBARAS (2003). GÉNERO: DRAMA. DURACIÓN: 99’.

Dirección y guión: Denys Arcand. Intérpretes: Rémy Girard, Stéphane Rousseau, Marie-Josée Croze, Dorothée Berryman, Louise Portal, Dominique Michel, Yves Jacques, Pierre Curzi, Marina Hands, Toni Cecchinato, Mitsou Gélinas, Sophie Lorain, Johanne-Marie Tremblay, Denis Bouchard, Micheline Lanctôt, Roy Dupuis. Título original: Les invasions barbares. País: Francia, Canadá. Fotografía: Guy Defaux. Música: Pierre Aviat.

Sinopsis: Un hombre con un cáncer avanzado tiene dificultades para aceptar la realidad de su inminente muerte y encontrar un momento de paz antes del final, especialmente porque tiene razones para lamentarse de ciertos aspectos de su pasado. Su hijo -del que se había distanciado-, su ex-mujer, sus ex-amantes y sus viejos amigos irán a reunirse con él para compartir sus últimos momentos.

Asumir, integrar la muerte como algo que forma parte de nuestra vida, debería ser un asunto permanente de nuestra cotidianidad. Llegado ese momento, creo que uno se va más tranquilo, cuando haciendo balance de su vida, siente que ha hecho lo que quería hacer. Creo, que esa es una característica del protagonista de la película, que aún reconociendo cómo no, sus errores, no se arrepiente de nada. Ha vivido la vida como quería vivirla y eso es precisamente lo que quiere compartir en sus últimos momentos con la gente que más le importa y poder despedirse de ellos. Quienes le acompañan, aportan con honestidad y sin juicios la experiencia vivida, aunque ello no significa que tengan que estar de acuerdo en todo, cual familia feliz o amigos indiscutibles. Sin embargo, el permitir que esto fluya favorece la convivencia y ayuda a cerrar historias, sobre todo en un momento tan crucial de la existencia.

Esto se ha hecho y se podría hacer con un tono de solemnidad extenuante. Pero Arcand no cae en el juego y elabora un guión fresco y ágil; alternando las escenas de más dramatismo con otras realmente de comedia.

Brillantez en las palabras que pone Arcand en sus personajes, llenos de lucidez y carentes de autocompasión, cínicos e irónicos. Los actores dotan a sus personajes de una gran humanidad y el tejido del filme va entrecruzándose con una aparente sencillez, que esconde un más que interesante trabajo. Rodada con mucho talento, con una dirección más que correcta, Denys Arcand, consigue un drama cuyo argumento no es muy original, pero que conjuga muy bien con las formas, sin caer en lo superficial y logra autenticidad con la construcción de unos buenos personajes junto con una narración casi perfecta. La película sigue su curso de manera brillante, emocionando a causa de sentir la muerte tan cerca.

Los personajes están perfectamente trazados y se aprecia en ellos una evolución y unos matices realmente excelentes. Un guión con innumerables referencias al arte (principalmente al cine y a la literatura) como vía de sanación emocional y la propia personalidad del protagonista son los verdaderos motores del filme, que apela al espectador huyendo del sentimentalismo y profundizando sobre todo en el laberinto pasional que teje las relaciones humanas.

El director hace un terrible diagnóstico de la sociedad actual: confirma el declive social de los herederos de mayo del 68, a la vez que anuncia “las invasiones bárbaras”, el empuje de unos jóvenes pragmáticos en un mundo globalizado que venían dominando los americanos. Y muestra cómo la religión se ha vaciado de contenido para tantos, en la escena del desván que acumula objetos de culto, a los que nadie da uso, y a los que se niega incluso un posible valor artístico. Sin bases morales sólidas en las que apoyarse, a los personajes les queda sólo un afecto sincero. En ese sentido, la escena de la despedida, una apuesta por la eutanasia, parece la consecuencia lógica de ese vacío existencial.

¿Cuáles son las invasiones bárbaras y a qué invaden? Están todas, sútilmente. 
Nuevas ideas que reemplazan su vetusto socialismo libresco, los ‘ismos’ que discute con sus amigos y ya no guardan vigencia sino en sus lecturas, los homosexualismos de buen recibo presentes en ellos y en ellas, sus amoríos de docente y sus amantes que han sido invadidos por los años de madurez.

En su entorno personal, todo son invasiones. De algunas no se da cuenta y de otras sí. La especulación de bolsa que invade los buenos negocios, la tecnología de portátiles y celulares que invaden la vida laboral de su hijo, la carrera veloz de la competencia en el trabajo que invade las vidas privadas, la vida familiar y los hijos que invaden las holgadas y despreocupadas viejas amistades que no se renuevan como se quisiera, la invasión de los sindicatos a la vida normal del sistema de salud, la invasión de la corrupción en la burocracia, de los extranjeros en las calles, de los narcotraficantes de frontera y sus drogas en las casas, de las adicciones en las vidas jóvenes, del desamor en las mentes de casados y lejanos. La heroína invade las venas, las nuevas ideas invaden el mundo de Remy.

“Las Invasiones bárbaras” es una buena reflexión sobre la eutanasia, sobre la muerte voluntaria, aquella que elimina el dolor impidiendo terminar de manera indigna esa vida que ha pasado por los ojos de Remy. Las cánulas y las inyecciones serán el instrumento de invasión de amistad y de pruebas últimas de amor.

Un acierto el que en una película que habla de la muerte, la sonrisa se vea en la cara del espectador.

DENYS ARCAND

Nació en 1941 en Deschamabault, Québec (Canadá). Fue educado en una familia estrictamente católica y asistió durante nueve años a un colegio jesuita, esta educación marcaría el aspecto religioso de buena parte de su filmografía. Cuando apenas era un adolescente, su familia se trasladó a Montreal. Mientras estudiaba una maestría en historia en la Universidad de Montreal se involucró en la realización de películas.

En 1963, se unió a la National Film Board de Canadá, donde produjo varios documentales premiados en su idioma nativo francés. También trabajó en algunas series de televisión.
En 1982, su documental, “La comodidad y la indiferencia” (Le confort et l’indifférence) ganó el premio de mejor película de la Asociación de Críticos de Cine de Quebec.

El reconocimiento internacional lo obtiene con la película “La decadencia del imperio americano” (Le déclin de l’empire américain, 1986) es la historia de un grupo de profesores universitarios, que discuten de sexo, de sus fantasías, sus frustraciones, sus intimidades… Película que hasta entonces se convirtió en la más taquillera en la historia del Canadá. Ganó el premio Genie como la mejor película, mejor director y mejor escritor de un guión original. También ganó el “Premio de la Crítica Internacional” en el Festival de Cine de Cannes.

En 1989 rueda “Jesús de Montreal” (Jésus de Montréal) en la que un joven y desconocido actor, Daniel Coulombe, es convocado por un clérigo para representar “La pasión de Jesucristo” en los jardines de la Catedral de Montreal. Forma para ello una compañía de actores que, así como Jesús a sus apóstoles, va buscando en diversos ámbitos: uno hace doblajes de películas porno, otro hace locución de documentales (este pone como condición para participar en la obra, incluir el monólogo de Hamlet) una hace publicidad y otra hace ayuda social. Se conforma así la compañía teatral y desarrollan el guión para la obra, presentando un Cristo revisitado, condimentado con comentarios de descubrimientos arqueológicos, históricos y científicos… Con esta película Arcand obtuvo el Premio del Jurado en el Festival de cine de Cannes.

En 1993 produjo y dirigió su primera película en idioma Inglés, “La verdadera naturaleza del amor” (De l’amour et des restes humains) adaptación de una obra de Brad Fraser, uno de los jóvenes dramaturgos más subversivos del Canadá de habla inglesa. En este filme, continúa su radiografía de las relaciones personales con una particular visión caleidoscópica de variaciones sexuales y amores no correspondidos.

En el 2000, rueda “Stardom” (Stardom – Le culte de la célébrité) drama sobre la vacuidad de la fama. Fue la primera película canadiense escogida para clausurar el Festival de Cannes. La consagración le llegó con “Las Invasiones bárbaras” (Les invasions barbares, 2003) obra donde Arcand nos invita a reflexionar sobre el sentido de la vida, la existencia y la muerte; película premiada con el Óscar a la mejor película de habla no inglesa en 2004 y el premio César del mejor director, de la mejor película y del mejor guión original.
En el 2007, realiza “La edad de la ignorancia” (L’âge des ténèbres) una sátira con tintes de reflexión moral sobre nuestra época.

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