EN EL VALLE DE ELAH

Por: Mario Arango Escobar.

EN EL VALLE DE ELAH (2007). GÉNERO: DRAMA. DURACIÓN 120’.

Dirección y guión: Paul Haggis. Intérpretes: Tommy Lee Jones, Charlize Theron, Susan Sarandon, Jason Patric, James Franco, Josh Brolin, Wes Chatham, Rick Gonzalez, Jonathan Tucker, Jake McLaughlin, Victor Wolf, Barry Corbin, Brent Briscoe, Mehcad Brooks, Wayne Duvall, Frances Fisher. Título original: In the Valley of Elah. País: Estados Unidos. Fotografía: Roger Deakins. Música: Mark Isham.

Sinopsis: Hank Deerfield (Tommy Lee Jones), un veterano de guerra americano, debe investigar la desaparición de su hijo Mike, soldado destinado en Irak que inexplicablemente se ha ausentado de su base sin permiso. Con la ayuda de la detective Sanders (Charlize Theron) y de su mujer Joan (Susan Sarandon), irá reviviendo las experiencias del muchacho en Irak. Lo que descubre le hará incluso cuestionarse su propia carrera militar.

El título hace referencia al valle, donde, según las escrituras, David se enfrentó a Goliat. La película se centra en la odisea titánica de un veterano de guerra decidido a investigar las circunstancias de la desaparición de su hijo nada más llegar de Iraq, entre la indiferencia de la policía y los obstáculos del ejército. Sólo una detective, movida por su instinto materno, parece estar dispuesta a ayudarle en la búsqueda de una verdad que resultará dolorosa, pero también esclarecedora sobre el mundo actual. Y esto porque la indagación que emprende Hank servirá no sólo para averiguar lo sucedido al desaparecido, sino para descubrir la verdadera identidad de un hijo, de un ejército, de un país desconocido para él, transformados por la violencia y la crudeza de una guerra que en nada se parece a la que él vivió.

Es la mirada de un patriota que tiene que aprender a pedir disculpas y a reconocer que un virus de miedo y desconfianza se ha incubado en el país, que en el ejército se ha perdido la lealtad y nobleza de antaño, que retoma la bandera antigua para izarla con orgullo pero también con el dolor de la pérdida (del hijo y del espíritu de entonces). Al hombre de fuertes convicciones se le ha caído la venda de los ojos y ha visto la degradación de un buen muchacho que llega a pedirle que le saque de aquel infierno, ha asistido a la transformación de la antigua camaradería entre soldados en una huída del horror bajo la anestesia de la droga, la prostitución o la muerte, y también ha presenciado cómo la mentira intenta en vano mantener una imagen de integridad pero carcomida en su interior.

Es el análisis que Haggis hace de la sociedad norteamericana, enferma en sus paranoias. Para ello se sirve de multitud de detalles simbólicos o de comentarios personales que son elevados a la categoría social, como la bandera, los recelos y desconfianzas entre los padres del desaparecido Mike, el racismo y machismo latentes en el ámbito laboral, o la fragmentación familiar que se vislumbra como otro fracaso social. Pero ninguno como el de ese niño al que le da miedo la oscuridad de la noche, que escucha por primera vez la historia de David y Goliat, y que acaba pidiendo a su madre que le compre una honda para defenderse de sus temores: es la imagen de la inocencia perturbada.

Un guión perfecto y una historia muy necesaria, bien contada, que llega al corazón pero sin un ápice de melodrama. Sincera, austera, emocionante y brillante. El prestigio de Haggis como guionista queda refrendado aquí con un relato de calculada dosificación narrativa y un perfecto dominio del tiempo fílmico, donde todo tiene su explicación y no da puntada sin hilo. El director y guionista ha optado por darnos la información al mismo tiempo que al protagonista, es difícil anticipar lo que va a suceder porque nosotros también estamos perdidos como lo están los policías. Una información fraccionada con la simple misión de mostrarnos la caída en picado de unos soldados, de como la guerra quita lo que de persona tienen esos muchachos de uniforme. La confusión y segmentación de la realidad mostrada, su uso partidista y manipulador quedan en evidencia al introducir imágenes digitales de móviles o internet, estropeadas, incompletas o distorsionadas por problemas informáticos —como la realidad transmitida a diario por los medios de comunicación—, pero que se van incorporando a la historia en varias entregas hasta esclarecer una verdad incómoda pero necesaria.

Y todos los datos y el transcurrir del viaje, fluye como la vida misma. Como esa bandera americana, icono sobre el que se construye la historia, colgada al revés al principio de la película, que es una llamada de auxilio, metáfora de la búsqueda del hijo desaparecido, del hijo ahogado y perdido en la guerra, de la separación de un matrimonio por el dolor de los hijos muertos.

El director plantea su visión de Irak desde donde más duele. Desde dentro. Desde dos puntos de vista, el que se ve, ese ejército americano antiguo representado en Tommy Lee Jones, que cree en la defensa de los viejos valores que han hecho grande a su ejército, y la que no se ve y vamos aprendiendo durante su viaje, la del hijo recién llegado de Irak, que no soporta lo que ha visto y no comprende qué hace allí, buscando una salida a su conflicto interior.

El filme se camufla bajo la apariencia de un thriller policíaco para mostrarnos como el patriotismo de un hombre creyente en “su” América se estrella ante una realidad que le supera. Este ya no es su país ni su ejército, sino que se ha convertido en una máquina que está devorando a toda una generación de jóvenes, convirtiéndolos en seres  sin contacto con la realidad, en muñecos que, pieza a pieza, están perdiendo su humanidad y que son capaces de matar y torturar como lo harían en cualquier videojuego; como si fueran niños que, siempre sonrientes, pudieran aplastar insectos sin ningún cargo de conciencia.

Haggis se desenvuelve muy bien con el guión y la narración; su ritmo va en constante aumento manteniendo la expectativa ante las imágenes mezcla de trágicas con desgarradoras para culminar en un final, que a mi parecer, es extraordinario. La crítica hacía instituciones y la sociedad americana en general es evidente, pocas películas reflejan con tanto acierto la situación actual de nuestro mundo, asolado por una guerra donde las víctimas no son solamente las de los campos de batalla. 

Con una estética deudora del último cine de Clint Eastwood, la película no renuncia nunca a ofrecer imágenes y situaciones devastadoras, aunque siempre de forma sobria y huyendo del espectáculo fácil. Todo ello sustentado en unas soberbias interpretaciones, en las que se destacan la de Tommy Lee Jones, que dota a su personaje de toda la fuerza dramática y entereza necesarias para que el espectador se convenza de la honestidad de ese padre bueno, noble y patriota, pero también ciego y engañado. Lee Jones sostiene toda la historia con una mirada profunda, grave y con una decidida y firme voluntad. A su lado encontramos a Charlize Theron que  logra una interpretación llena de contención y mesura, bien matizada entre su imagen de policía dura, que debe resistir al acoso laboral y su registro más maternal.

“En el valle de Elah”  es una película de gran calado social con denuncia incluida, una denuncia dirigida al ejército americano, pero también hacia la administración, que no hace nada para ayudar a los soldados en su reinserción. Una administración que le da la espalda a las familias huérfanas, son olvidadas, arrinconadas o en el peor de los casos ignoradas por una sociedad ciega que sigue al compás que la administración les marca, mucho homenaje, mucho héroe de guerra, pero poca gente es la que se interesa de verdad por ellos.

PAUL HAGGIS

Nació en 1953, en Ontario (Canadá). Empezó su carrera dirigiendo series para la televisión de su país. Después de ver “Blow-up”, de Michelangelo Antonioni, se trasladó a Inglaterra con el propósito de iniciarse en el campo de la fotografía de moda. Posteriormente, regresa a Canadá, donde decide estudiar dirección cinematográfica. En 1975, se traslada a Los Ángeles, para iniciar su carrera como guionista en series de televisión. En el año 2000, logró el reconocimiento en la industria del cine con su trabajo como guionista para la película “Million Dollar Baby”.

En el 2004, escribe y dirige su deslumbrante ópera prima: “Crash”, en la cual, a través de varios accidentes de tránsito y las personas que aparecen implicadas, conocemos la caótica vida de las grandes ciudades, en este caso de Los Ángeles. En el 2007, realiza su segunda película “En el vale de Elah”, una ácida crítica sobre la guerra de Irak.

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