EXÓTICA

Por: Mario Arango Escobar.

EXÓTICA (1994). GÉNERO: DRAMA. DURACIÓN: 103’.

Dirección y guión: Atom Egoyan. Intérpretes: Mia Kirshner, Bruce Greenwood, Elias Koteas, Arsinée Khanjian, Don McKellar, Victor Garber, David Hemblen, Sarah Polley. Título original: Exotica. País: Canadá. Fotografía: Paul Sarossy. Música: Mychael Danna.

Sinopsis: Un solitario inspector de hacienda acude cada noche al club de striptease Exótica, en las afueras de Toronto, para ver bailar a Christina, una sensual joven que se desnuda para el público masculino ante la mirada de su ex-novio, el disc-jockey del local.

Egoyan no pretende engañar a nadie; le basta con seducirnos, desplegando sus dotes de encantador de serpientes. Eric, el ‘speaker’ del ‘Exótica’ viene a ser su ‘alter ego’. Ese alguien que nos incita y nos excita musitándonos al oído una morbosa letanía. El escenario, a su vez, constituye un elemento clave en toda esta historia. El ‘Exótica’ es un santuario laico en el que se desnudan cuerpos y almas. Con su oficiante, su liturgia, sus sacerdotisas y sus feligreses.

Para comprender una película tan compleja como ésta, el director nos da la clave en la primera secuencia. Esta se produce en la aduana de un aeropuerto. Allí, tras entrar un personaje que luego reconoceremos como uno de los protagonistas, un aduanero experto le dice a otro más joven: no te fijes en el aspecto ni en lo que hacen, mírales a los ojos y allí verás lo que las personas ocultan. Y es que a lo largo de la película se corre el peligro de ver sólo el aspecto exterior, la fachada de los personajes, pero la película entra hasta el fondo de ellos. El hecho de que se desarrolle en un club de striptease y en numerosas ocasiones nuestra mirada de voyeur se llene de sensualidad, podría impedir fijarnos en lo que realmente importa. Como tal, nos hará sentir la fuerza expresiva de Egoyan.

El argumento no se puede contar en sentido lineal, ya que nosotros llegamos en algún momento indeterminado y vamos dando saltos entre las vivencias de los distintos personajes que aparentemente no tienen nada que ver unas con otras, mezclando el presente o recuerdos del pasado cuando los protagonistas los evocan, y sólo ya bien avanzada la película, descubrimos que esas historias aparentemente inconexas han confluido en algún punto del pasado, aunque algunos personajes lo ignoran, y volverán a entrelazarse en el futuro al final de la cinta. Uno no puede dejar de sentir un escalofrío al descubrir de donde viene la relación entre la bailarina Christina y el maduro y solitario inspector de hacienda Francis, que se descubre en la última secuencia de la cinta.

El espectador encuentra que los cuatro personajes tienen sus propios intereses. Zoe tendrá un hijo con Eric, por medio de un contrato que excluye las emociones; Eric acosa a Cristina, aún en sus presentaciones, mostrando a los asistentes cuales son las verdaderas motivaciones que los hacen desear a las colegialas, que en el fondo son semejantes a las que él mismo tiene; Francis está obsesionado con Cristina en su papel de colegiala, pero no por cuestiones sexuales directas; Cristina no sólo acepta la presencia de Francis sino que la espera, y le demuestra una especie de torcido amor platónico, que está por encima de su bisexualidad con Eric y la misma Zoe.

La explosión que modifica este esquema de relaciones es la prohibición de tocar que existe en el “Exótica”. De hecho, en la película, las mujeres tocan a los hombres (Cristina a Francis, a Eric y a Thomas), los hombres a los hombres (Thomas y el aduanero), las mujeres a las mujeres (Zoe a Cristina), pero el único tocamiento prohibido es que los hombres toquen a las mujeres (Thomas y Francis a Cristina).
Es precisamente esta prohibición la que usa Eric para poder expulsar a Francis del cabaret. En el baño lo tienta e insinúa que Cristina “desea ese tocamiento”. De la forma más torpe, totalmente mecánica, Francis toca a Cristina. Los celos de Eric y su soledad por la pérdida de Cristina tienen un objeto en donde enfocarse: expulsa violentamente a Francis de “Exótica”.

En este punto, la fantasía en la que vive Francis se desmorona. Había creado una mecánica que le permitía vivir luego de sufrir varios golpes emocionales. Pierde en Cristina la imagen de la hija asaltada sexualmente y asesinada a la que desea fervientemente proteger; la sobrina que finge ser niñera se resiste a seguir en el juego.

 Ese juego de sobrina – niñera y las conversaciones – preguntas en el coche permitía a Francis reproducir de alguna forma su humanidad innata, su deseo de ayudar a los demás y conservar una parte del porque seguir viviendo. Estas conversaciones en el coche sólo adquieren su dimensión significativa total con la última escena de la cinta.

 Egoyan empieza a administrar las piezas del rompecabezas con más flashbacks. De ellos se desprende que Eric y Cristina se conocen de antemano en la búsqueda de la hija de Francis, y en ese momento Eric declara su deseo amoroso por Cristina.

 Algo más ya entiende el espectador, para preguntarse porque Cristina acepta la presencia de Francis en “Exótica”. Es más, de hecho, usando la prohibición de tocarla, Cristina toma la iniciativa y SI TOCA a Francis; su lenguaje corporal sólo puede explicarse porque Cristina siente por él un amor primigenio, platónico, de desesperada inocencia y en ese momento incomprensible. De hecho, en una toma alejada, Egoyan nos muestra como Cristina besa a Francis en la única muestra de amor que él recibe en toda la película. También, de hecho, es el único beso que Cristina ofrece a un personaje.

En esa forma, Cristina demuestra para Francis el único amor que siente, lo ama más allá del deseo, pero en ese momento su origen es inexplicable para el espectador.

 Eric es el personaje más solitario, enamorado de Cristina la pierde irremediablemente por su posesividad, y lo explica en su monólogo en la pista vacía. De nuevo se pregunta porque una adolescente, una colegiala es tan atractiva, y se responde a sí mismo: “porque tiene toda la vida por delante, cuando tú ya has gastado la mitad de la tuya…”. A pesar de todo, Eric obtiene una respuesta humana cuando Francis, en lugar de matarlo, lo abraza al comprender que Eric descubrió el cadáver de su hija. En ese sentido, el abrazo funde a los dos personajes masculinos, son dos caras de la misma moneda porque ambos buscan el amor como razón para continuar su existencia con un cierto asomo de sentido y respeto por sí mismos.

Francis busca la ayuda de Thomas porque quiere reconstruir su fantasía y saber la verdad.

 La conversación de Thomas y Cristina arroja luz sobre los sentimientos de ella hacia Francis y algunas de sus razones: su hija fue asesinada y él fue implicado al principio, luego agarraron al verdadero culpable. El hecho lo afectó mucho. 
Tenían una relación especial que él violó (al tocarla). Siempre tuvieron ese entendimiento, “lo necesito para ciertas cosas y él me necesitaba para ciertas cosas. Violó lo que supuestamente hacía por mí y yo hacía cosas por él”. El llanto de Cristina rompe la conversación.

 La trampa de Eric se reproduce con Thomas, que toca a Cristina, pero ella tiene el control y sólo le retira la mano ante la mirada de Zoe. Pero este tocamiento se narra paralelamente con el descubrimiento del cadáver de la hija de Francis que hacen Eric y Cristina.

 Se sabe el porqué de la relación de Eric y Cristina, y porque Francis busca en la muchacha a la hija perdida, a pesar del adulterio de su mujer con su propio hermano.

 Pero la pieza clave es la escena final: allí se devela que Cristina era la niñera que contrataba Francis, y en la conversación en el coche entre ambos, que infructuosamente trataba de reproducir Francis con su sobrina, se entiende el porqué del amor de Cristina a Francis.

 Esta última conversación muestra a un Francis normal y sin dolor, que por humanidad y bondad ayuda a Cristina en su dolorosa soledad de adolescente, cuando era rechazada por sus padres y se sentía (y veía) como un patito feo.

“Exótica” es una película, que juega con el poder visual de las imágenes y con el erotismo de varias escenas. Egoyan es un gran observador; sus personajes se miran fijamente, a veces a través de un cristal sin que alguno de ellos lo sepa que le están vigilando; o hasta se miran ellos mismos en un espejo, como queriendo ver más allá de su mente. La tensión es palpable por momentos y el juego del rompecabezas tiene un papel fundamental en la historia. El manejo de los tiempos y el uso adecuado del flashback permite que una historia melodramática sencilla ahonde en la psicología de los personajes y enseñe la complejidad de los mismos. Si la trama se hubiera narrado cronológicamente se hubiera perdido mucho de su impacto y profundidad.

El director acierta a la hora de introducir, poco a poco, información que aporte detalles de la vida de estos personajes, porque, de esta manera, se irán atando cabos y, mientras, el espectador también degustará la forma de dirigir de Egoyan, con movimientos sigilosos de cámara, a veces con zooms lentos, sin haber casi nunca un plano fijo. Además, la sutil banda sonora y la muy cuidada fotografía, en la que destaca el contraste entre los colores fríos y cálidos, serán muy efectivas para la recreación de la historia. Técnicamente Egoyan utiliza la imagen congelada para dejarnos ver a la hija del protagonista. Este efecto que puede llegarnos a resultar obsesivo, demasiado repetitivo, lo usa para jugar con lo real y lo imaginario, con la vida y la muerte, para evocar el espíritu de su hija y para que éste nunca desaparezca.

Punto aparte merece la actuación de Mia Kirshner en el papel de Cristina. Kirshner le da profundidad al personaje en sus cuatro etapas: la adolescente, la mujer que despunta a su primera relación, la bailarina vestida de adolescente y la mujer cuya única salida emocional real es participar de la fantasía distorsionada de su primer amor adolescente. Toda la gama está perfectamente actuada por esta actriz, y no sólo se trata del uso o ausencia del maquillaje sino de todo un lenguaje corporal adecuado, de asumir las facetas y matices de un personaje contradictorio y darle el cuerpo y la intensidad requeridas. Mia Kirshner es el eje sobre el que “Exótica” está construida.

La fotografía es de Paul Sarossy, que nos introduce en un mundo onírico de colores cálidos y poderosos, haciendo del local que da nombre a la película un auténtico paraíso para nuestros sentidos, que nos atrapa desde la secuencia de los títulos de crédito, con un traveling lateral sobre la decoración del local. Siempre, magistralmente, apoyado en la música suave y envolvente de Mychael Danna, que alterna una partitura de registros suaves e hipnóticos imposibles de olvidar, que nos quedarán asociados indudablemente a la película, con algún corte electrónico como los que suenan en la ambientación del local. Ambos dan a la cinta un aspecto audio-visual sensual, irreal y estilizado, de una belleza fascinante que contrasta con la historia colaborando en el desasosiego del espectador, y que en muchos momentos hace de duro contraste con las historias de los personajes, cuyo dramático recorrido vital se nos va descubriendo lentamente bajo ese velo de perfección.

Con “Exótica” Egoyan nos ofrece una lección del mejor cine, pero a la vez nos plantea una reflexión sobre la soledad, la tragedia, la tristeza, la supervivencia, la pasión y el perdón.
1994: Cannes: Premio de la Crítica Internacional.
1994: Seminci – Festival de Valladolid: Espiga de Plata.

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