UNA HISTORIA VERDADERA

Por: Mario Arango Escobar.

UNA HISTORIA VERDADERA (1999). GÉNERO: DRAMA. DURACIÓN: 111’.

Dirección: David Lynch. Guión: John Roach & Mary Sweeney. Intérpretes: Richard Farnsworth, Sissy Spacek, Harry Dean Stanton, Everett McGill, John Farley. Título original: The Straight Story. País: Francia, Reino Unido, Estados Unidos. Fotografía: Freddie Francis. Música: Angelo Badalamenti.

Sinopsis: Alvin Straight es un hombre viudo de 73 años que vive en Iowa con una hija discapacitada. Sus achaques son muchos: tiene un enfisema, problemas de visión y de cadera y acaba de sufrir un brusco desfallecimiento, que el médico atribuye a lo poco que cuida su salud. Cuando aún está convaleciente y necesita muletas para cualquier desplazamiento, recibe la noticia de que su hermano mayor está muy grave. A pesar de su estado y de que no habla con él, desde hace diez años, Alvin decide ir a verlo a Wisconsin y lo hace en el único medio de transporte que tiene a su alcance: una segadora.

Con estos antecedentes, David Lynch se lanza a realizar una película ajena a su estilo habitual pero que se convierte en su trabajo más intimista y sincero.
Lynch se aparta en esta ocasión de su habitual mundo, onírico y hermético, para contarnos una historia mucho más accesible. En ella, defiende una actitud ante la vida serena y tolerante, impregnada de rectitud moral, además de utilizar el viaje del protagonista como metáfora de otro, interior, de autodescubrimiento y expiación.
David Lynch sorprende con cine sencillo y sin nada de simbolismos, con un tempo narrativo lento que nos invita a admirar de la escenografía, mientras contemplamos el proceso de purificación interior del personaje principal.

Un trabajo enormemente emotivo, de sensibilidad extrema, que utilizando la sencillez como arma compone un relato que reflexiona sobre la vida, el tiempo, la memoria, la vejez y la familia de forma maravillosa. Lynch lo hace reduciendo al mínimo los diálogos y dándole a la imagen una importancia casi absoluta, en un trabajo de dirección simplemente antológico, que todo hay que decirlo, se basa en un guión extraordinario.
Al magnífico guión hay que añadirle una soberbia dirección de actores, con un Richard Farnsworth colosal, consigue mediante su doloroso caminar y su admirable expresividad facial que todos queramos alcanzar una vejez tan adorable y entrañable como la suya, tan llenos de esa energía vital a pesar del sufrimiento físico y mental, o una Sissy Spacek que borda excelentemente un papel bien difícil por su apariencia fronteriza y de cierta ensoñación.

La cálida fotografía de Freddie Francis que casi parece esbozar lienzos sobre la pantalla, es asimismo, elocuente sobre esa necesidad de contemplar lo bello, de adquirir cierta altura sobre los problemas cotidianos –no en vano, la cámara muchas veces adquiere una perspectiva aérea a través de campos y carreteras, mientras que en otras adopta un tono subjetivo desde la propia cortacésped–. Narrativamente, Lynch se sirve de constantes encadenados con los que aporta un dinamismo sosegado, alternados con fundidos en negro con que nos brinda momentos de contemplación y reposo. A su vez, Angelo Badalamenti, nos regala una joya de banda sonora, cuya placidez y elegancia resultan indescriptibles e imprescindibles para seguir la ruta de redención total de un personaje fascinante.

Como los grandes, Lynch ha realizado una road movie interior o un magistral western que se dirige hacia lo más profundo del hombre, aprovechándose de una historia sencilla llevada con buen pulso narrativo y una encomiable y bella puesta en escena. Todo ello hace que se pueda considerar como una obra maestra, repleta de sensibilidad y de inteligencia. Mientras contemplamos los vastos maizales de Iowa, recorremos la América más profunda  y conocemos a todo tipo de personajes que representan el amplio abanico personal de ese país. Pero al mismo tiempo descubrimos y nos enfrentamos a la esencia humana que todos llevamos dentro, y es ahí donde la cinta adquiere su sentido completo y universal. Lynch observa y vigila desde detrás de la cámara los pausados movimientos de Alvin, la carretera interminable, el colorido paisaje. Y cada toma, cada movimiento del director está minuciosamente pensado y aporta una infinidad de matices, sugerencias y significados, con un gran gusto por el detalle.

“Una historia verdadera” tiene la ventaja de ser cine que se saborea, que se siente y ello gracias a que imprime un ritmo que permite detener la mirada en el detalle y en el gesto de forma que, probablemente, nada se nos escapa y podemos apreciar el recorrido del protagonista en todas sus facetas. La película proporciona la agradable sensación de llenar, no sólo la pantalla, sino al espectador mismo colmándole de sensaciones no por sencillas menos valiosas.

Nota: Este largometraje se filmó cuatro años después de que el verdadero Alvin Straight ejecutara su loca idea de visitar a su hermano conduciendo su cortacésped, y dos años después de su muerte. Richard Fansworth (veterano actor de 80 años, que había participado en numerosos westerns, tanto de cine como de televisión, interpretó a Straight después de que se le diagnosticara un cáncer de huesos terminal, y sufrió fuertes dolores durante todo el rodaje, lo que convierte en hazaña un trabajo que ya de por sí es extraordinario, el papel de su vida.

Un año después de presentar la película, harto de los dolores extremos de su enfermedad, Richard Fansworth, en su rancho de Nuevo México, se pegó un tiro. Tristísimo final para un gran intérprete.

DAVID LYNCH

David Lynch nació en 1950, en Missuola, Estado de Montana (Estados Unidos). Se nutrió de una vasta experiencia artística tras asistir a numerosas escuelas de arte, y desde su adolescencia mostró su interés en la pintura, y su gran sentido plástico. Su incursión en el mundo del cine se produce con la realización de cortometrajes de su autoría, donde ya se anuncia como un cáustico realizador.

En el año de 1976, realiza su primer largometraje: “Cabeza borradora” (Eraserhead). Esta película resume las influencias, los miedos y la opinión que Lynch siempre tuvo, tiene y tendrá en lo que se refiere al cine. Es un filme de alto exotismo, molesto y en apariencia sin razón (literalmente, no la tiene). Su soporte contextual es un espacio semi-onírico al mejor estilo del Buñuel de “Un perro andaluz”. Más allá de ser una extravagancia súper incómoda, “Cabeza borradora” es una muestra de manipulación sobre la narración cinematográfica con un rigor estético extraordinario. En su siguiente proyecto, “El hombre elefante” (The Elephant Man,1980) basado en una historia verídica, la anécdota gira en torno a John Merrick, un hombre con serias deformaciones físicas que es rescatado de un circo por un médico londinense, con pretensiones de estudiarlo e integrarlo a la sociedad.

En “Duna” (1984) Lynch demostró que el dinero no era para él un recurso que lo obligaría a concebir un filme complaciente, sino sólo un medio para un fin propio: satisfacer a su niño interno y crear polémica con ello. Posteriormente, dirige “Terciopelo Azul” (Blue Velvet, 1986) la historia de un voyeur que termina involucrado en un juego de muerte, drogas y amor desenfrenado. Hoy es uno de sus films más exitosos, representativos y honestos.
A comienzos de los años ochenta, Lynch irrumpe en el mundo de la TV, con  la serie “Twin Peaks”, una suerte de misterio coral compuesto con tantos personajes como sólo él puede pensarlo, y donde todos esconden más de lo que un ser común puede soportar.

En 1990, pasa de la pantalla chica a la grande con “Corazón salvaje” (Wild at Heart) filme con el que ganó la Palma de Oro en Cannes. En esta road movie nos plantea una radiografía de la demencia de parte de la sociedad americana.
La próxima escala de Lycnh sería la brillante “Carretera Perdida” (1997) una película que, en el marco de un mundo de pesadilla se nos  contaba un misterio a resolver, una obsesión ambigua que tiene fundamento en la psiquis de un tipo que no en vano bautizó al film como “Carretera Perdida” (Lost Highway) en efecto hay una carretera (de nuevo) pero hacia dónde va es algo que nunca sabremos.

En 1999, se mostraría como un romántico que predica la unión familiar y el poder de la voluntad en “Una historia verdadera”. Esta es la historia de un anciano que atraviesa gran parte de los Estados Unidos en un pequeño tractor para visitar a su hermano enfermo.
Dos años más tarde,  vuelve a la carga con lo que mejor sabe hacer: incomodar al público. En “Mulholland Drive/El extraño camino de los sueños” (Mulholland Dr.) la idea de la carretera con rumbo incierto retorna para hacernos partícipes de la relación obsesiva, lésbica y surrealista entre dos mujeres unidas por un vínculo más fuerte que el amor: el de David Lynch con el arte. Película que le hace merecedor del premio al mejor director en Cannes.
Posteriormente, dirige “El imperio” (Inland Empire”, 2006) una historia sobre una mujer desaparecida y sobre un misterio sin resolver.

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