CRÓNICA DE UN AMOR

Por: Mario Arango Escobar.

CRÓNICA DE UN AMOR (1950). GÉNERO: DRAMA. DURACIÓN: 100’.

Director: Michelangelo Antonioni. Guión: Michelangelo Antonioni, Daniele d’Anza, Silvio Giovanietti, Francesco Maselli, Piero Tellini. Intérpretes: Lucía Bosé, Massimo Girotti, Ferdinando Sarmi, Franco Fabrizi, Gino Rossi. Título original: Cronaca di un amore. País: Italia. Fotografía: Enzo Serafin. Música: Giovanni Fusco.

Sinopsis: Un veterano industrial sospecha de su joven y bella mujer Paola, a la que ama apasionadamente. Decide entonces, vigilarla por medio de una agencia de detectives. Paola es de Ravenna y cuando era estudiante estuvo perdidamente enamorada de Guido, un compañero de clase que era el novio de su mejor amiga.

La acción dramática tiene lugar en Ferrara y Milán durante los meses del invierno de 1950. La joven Paola de 27 años, casada desde hace 7 años con Enrico Fontana, un acaudalado industrial de la industria textil, recibe la visita de un antiguo compañero de estudios y antiguo amante, Guido Garroni, a raíz de una investigación sobre su pasado que el marido, movido por los celos, ha encargado a una agencia de detectives privados. El reencuentro revive el recuerdo de un hecho oscuro del pasado.

Paola, nacida en Revigo, hija de un profesor del Liceo de Ferrara, se ausentó de Ferrara, a raíz de la muerte de una amiga, contrajo matrimonio durante la guerra (1943) a los 20 años, y vive en Milán. Es elegante, caprichosa, gasta mucho en vestir y no es feliz. El amor rutinario, un marido mucho mayor que ella y las diferencias de intereses que los separan, la incomodan. Enrico es ingeniero, dirige un grupo de empresas prósperas, dedica mucho tiempo al trabajo, está enamorado de Paola y es celoso.

Guido tiene la misma edad que Paola, es soltero, no se ha situado profesionalmente, es vendedor “free lance” de coches y pasa apuros económicos.

 El filme mezcla drama, crimen, romance, misterio y análisis social. Se considera que forma parte de la primera trilogía del autor junto con “La señora sin camelias” (1953) y “Las amigas” (1955). En los tres films el realizador aplica el análisis propio del neorrealismo al comportamiento de la burguesía. Prefigura la segunda trilogía “La aventura”, “La noche” y “El eclipse” que da a conocer internacionalmente a Antonioni.

 “Crónica de un amor” anticipa la temática de los trabajos posteriores. Muestra a los ricos como personas insatisfechas, aburridas y hastiadas. Pone de manifiesto las dificultades de las relaciones interpersonales. Presta especial atención a las barreras y obstáculos que impiden las relaciones amorosas. Establece paralelismos entre los escenarios con el estado de ánimo de los protagonistas. Ve a la burguesía egoísta, vanidosa, clasista, desconsiderada, indolente, envidiosa, presa de celos, etc.

En este filme Antonioni hace uso de recursos narrativos y estilísticos que mantiene en la obra posterior. El ritmo narrativo, pausado, deja espacios libres entre los diálogos y las variaciones de la acción para facilitar la contemplación. Se sirve de largos planos secuencia, elaborados y de gran elegancia, que dan relevancia a la acción y profundidad al discurso narrativo. Añade la profundidad de campo, como la que se observa en el puente donde Paola y Guido planean un asesinato. La puesta en escena es esmerada y precisa. Desplaza los personajes del centro a los márgenes del plano, provoca movimientos inesperados y crea cortes secos de la acción, que deja en suspenso.

Los personajes son seres humanos complejos, alejados de los estereotipos convencionales como el héroe, la víctima, el bueno, el malo. Los presenta aislados y solitarios, con preocupaciones y sentimientos desdibujados por su ensimismamiento e incomunicación. Los protagonistas viven sumidos en la inquietud, el temor y el conflicto. Les preocupan los secretos del pasado, se culpabilizan mutuamente de ellos, se saben vigilados, no ignoran las posibles consecuencias de sus relaciones amorosas, les enfrentan la diferente posición social y visiones opuestas. Guido sabe que es un fracasado y que no puede aspirar más que a encuentros esporádicos con Paola. Ambos intuyen que no pueden sustraerse a la fatalidad y se sienten cada vez más próximos a la tragedia.

Deleita ver los vestidos, complementos, pieles (zorro, leopardo, astracán…), joyas y tocados extravagantes de Paola. Realzan su elegancia y sirven como medio de crítica y burla de la burguesía (tocado con cresta de gallo). Son interesantes los planos que muestran Nápoles sin semáforos, con guardias que ordenan la circulación, tranvías eléctricos, ausencia de pasos cebra para peatones, coches de los años 30 en circulación, etc.

 La banda sonora, de Giovanni Fusco (“La aventura”, 1960) ofrece cortes jazzísticos de saxo y piano, acompañados de fragmentos de orquesta caribeña (con maracas) y una canción de fondo en inglés. En varias ocasiones la melodía del saxo parece un lamento.

La fotografía, de Enzo Serafin (“Te querré siempre”, Rossellini, 1954), en blanco y negro, presenta un activo trabajo de cámara, travellings de aproximación y alejamiento, giros espectaculares y tomas de noche fría y lluviosa, que sugieren el abatimiento y la preocupación de los protagonistas.

En la actualidad el cine de Antonioni es objeto de un renovado culto y ejerce una considerable influencia en muchos filmes de arte contemporáneos, particularmente en el modo de filmar los silencios y los tiempos muertos, propios de un mundo desencantado y sin coartada dramática. El cine de Antonioni es una inmóvil introspección del malestar de nuestra cultura, de la angustia que corroe el alma. En su estilo minimalista retrata la soledad y la incomunicación, el enigma de un mundo desolado.

MICHELANGELO ANTONIONI (1912-2007)

Nació en Ferrara (Italia) en 1912. Se licenció en economía, por la Universidad de Bolonia. Apasionado por el cine, se dedicó en un primer momento a la crítica cinematográfica en la revista Cinema, ocupación que cambiaría a principios de los 40 por la de realizador. Primero fue ayudante de dirección de Marcel Carné en la memorable “Los visitantes de la noche” (Les visiteurs du soir, 1942) y a continuación ejerció como guionista, colaborando con maestros italianos como Rossellini, De Santis y Fellini. Rodó varios cortos documentales “Gente del Po”, “Nitidez Urbana” (Nettezza Urbana) “La amorosa mentira” (L’amorosa menzogna) y “Superstición” (Superstizione).

Debuta en el largometraje con “Crónica de un amor” (Cronaca di un amore) un drama sobre el adulterio protagonizado por Lucía Bosé. Posteriormente dirige “La señora sin camelias” (La signora senza camelie,1953) dura descripción del mundo del cine y “Los vencidos” (I vinti, 1953) película que narra los asesinatos cometidos por varios jóvenes en diferentes escenarios europeos“.

“Las amigas” (Le amiche, 1955), memorable adaptación de la novela de Cesare Pavese, escritor que influyó notablemente en su filmografía. Premiado con el León de Plata en Venecia al mejor director, en 1955, este drama aborda de un modo pesimista la complejidad de las relaciones humanas, a través de la amistad entre la dueña de una tienda de modas y sus clientas.

En estos trabajos ya se perfilan claramente cuáles serán los temas del director de Ferrara: la dificultad para establecer relaciones auténticas entre las personas, la imposibilidad de comprender la realidad, y el desarraigo de los individuos ante una sociedad neocapitalista, fría y deshumanizada.

En las películas siguientes, Antonioni se aleja de la simple crónica neorrealista, abandona los ambientes burgueses y empieza a narrar el malestar existencial en el mundo proletario. Rueda “El grito” (Il grido, 1957), que describe la trágica historia de un obrero que responde con el suicidio al dolor provocado por el fin de una relación amorosa.

Con un cuidado casi enfermizo por el encuadre, por la fotografía, pero sobre todo por los diálogos, inicia su célebre ‘trilogía de la incomunicación’, que estaría formada por “La aventura” (L’avventura, 1960)” La noche” (La notte, 1961) y “El eclipse” (L’eclisse, 1962). Son películas de factura similar en la que las mujeres y la confusión de los sentimientos ocupan un lugar preponderante.
“La aventura” prolonga la reflexión de Antonioni acerca de la sociedad desarrollada. Los protagonistas son burgueses deshonestos entre sí y consigo mismos. El descubrimiento del vacío profundo que corroe sus existencias.

En 1964, dirige su primera película en color “El desierto rojo” (Il deserto rosso) en la que Monica Vitti encarna a la esposa del director de una fábrica en estado de shock tras sufrir un accidente. Este film significó una revolución estilística, creando un lenguaje y un estilo hasta hoy emulado, a través del uso arbitrario de los colores, en especial del rojo.
Con estas cuatro películas Antonioni renueva con ímpetu el cine italiano, tanto en los contenidos como en la forma. Bajo la apariencia de historias policíacas atípicas, sus protagonistas femeninos describen la pérdida, la derrota, el desasosiego; en resumen, todo aquello que el mismo el director italiano define como ‘incomunicación’.

En 1966, viaja a Gran Bretaña, donde se despoja de las preocupaciones en torno a las desavenencias crónicas  de la pareja y se dedica a desarrollar algunos tópicos que habían germinado en su obra reciente: la confrontación entre la cultura clásica y el modernismo, el choque entre lo antiguo y lo nuevo. Para dar cuerpo a estas ideas, convirtió a un fotógrafo de alta moda en el protagonista de “Blow-Up” (Blowup,1966) inspirado en el cuento “Las babas del diablo” de Julio Cortázar, su película más afamada y la que le permitió ganar el Festival de Cannes.

La línea asumida en “Blow-Up” se prolongó en las dos siguientes cintas de Antonioni: “Zabriskie Point” (1970) y “El reportero” (1975) con Jack Nicholson, Maria Schneider y un notorio resurgimiento de las inquietudes sociales del director.

En “Zabriskie Point” filmada en California y Arizona, Antonioni introduce su cámara en las discusiones universitarias en torno al posible advenimiento de la revolución en Estados Unidos y toma partido sin tapujos por las posiciones progresistas.

“El reportero” (Professione: reporter, 1975), película con la cual el cineasta recobra su antigua maestría, sobre todo en los siete minutos del estrepitoso plano secuencia conclusivo. En cambio, sus dos películas siguientes son un doloroso retorno al lugar del crimen sin que el enigma sea resuelto. Así “El misterio de Oberwald” (Il mistero di Oberwald, 1980) es un fallido experimento sobre el color mientras que “Identificación de una mujer ” (Identificazione di una donna, 1982) es un intento de abordar nuevamente el tema de la ‘incomunicación’.

En 1994, decidió regresar al cine, a pesar de que una grave enfermedad le había dejado parapléjico para sacar adelante “Más allá de las nubes” (Al di là delle nuvole) codirigida por Wim Wenders. Su último trabajo, de 2004, fue el episodio “El hilo peligroso de las cosas” (Il filo pericoloso delle cose) de “Eros”, un tríptico junto a Steven Soderbergh y Wong Kar Wai. Aquí Antonioni no consigue las densidades con las que construyó su territorio cinematográfico, pero selló la leyenda. Michelangelo Antonioni falleció en Roma, el 30 de julio de 2007, el mismo día que Ingmar Bergman.

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