ROMA, CIUDAD ABIERTA

Por: Mario Arango Escobar.

ROMA, CIUDAD ABIERTA (1945). GÉNERO: DRAMA. DURACIÓN: 100’.

Dirección: Roberto Rossellini. Guión: Federico Fellini, Sergio Amidei, Intérpretes: Anna Magnani, Aldo Fabrizi, Marcello Pagliero, Maria Michi, Harry Feist, Vito Annichiarico, Francesco Grandjacquet, Giovanna Galletti, Carla Rovere. Título  original: Roma, città aperta. País: Italia. Fotografía: Ubaldo Arata. Música: Renzo Rossellini.

Sinopsis: La ciudad de Roma está ocupada por los nazis, y la temible Gestapo trata de arrestar a Manfredi, líder del Comité Nacional de Liberación. Annie Marie ofrece refugio en su casa a Manfredi y a algunos de sus camaradas, pero los alemanes descubren su escondrijo y rodean la casa: algunos partisanos consiguen escapar por los tejados, pero Manfredi es apresado.

Primer largometraje importante de Roberto Rossellini y primera entrega de su ‘trilogía de la guerra’. El guión se escribe durante los meses de ocupación alemana de la ciudad. Amidei y sus colaboradores buscan y reúnen historias reales de protagonistas reales. El rodaje se inicia (enero 1945) varios meses antes de la finalización de la II Guerra Mundial en Europa (mayo 1945). Las imágenes que se muestran corresponden a las de los escenarios reales en los que tuvo lugar la resistencia y su lucha. El filme logra una reconstrucción emocionante y creíble de las atmósferas de opresión, abusos, impunidad, torturas, muerte y lucha, que se vivieron entonces.

La película es un punto de inflexión en la evolución del cine como arte, un camino que trataba de captar la vida y reproducirla desde la ficción. Rossellini logró un cine espontáneo y cercano a las situaciones que generó la barbarie nazi. Tiene elementos documentales pese a ser una cinta narrativa. Rossellini planteó una película profundamente moral, humanista y comprometida que exaltaba la dignidad (tema frecuente en él)  por encima de todo.

El filme suma drama y guerra. Los personajes principales son imaginarios, aunque algunos están inspirados en personas reales. Pina, en Teresa Gullace, que estando embarazada murió a manos de los nazis. Giorgio/Luigi, en la figura del jefe partisano Celeste Negarvile. Don Pietro, en el cura Luigi Morosini, torturado y asesinado por los nazis a causa de su colaboración con la resistencia. Roma, tras ser declarada ciudad abierta y desmilitarizada, fue ocupada por fuerzas del ejército nazi y permaneció sometida durante nueve  meses, hasta su liberación. Gran interpretación de Anna Magnani, que se consagra como gran actriz.

La narración es espontánea, natural, cálida y sin artificios. Se filman personas reales en escenarios conocidos. Participan actores profesionales (los principales) y no profesionales (vecinos, niños…). El relato destila sinceridad, verismo y autenticidad. Rompe muchas de las convenciones narrativas al uso hasta entonces e impone cambios relevantes en la manera de mirar, explicar y narrar.

Para Rossellinil, el neorrealismo más que una posición estética, es una actitud ética: la del que quiere explicar con sinceridad y objetividad el sufrimiento del mundo. Su realismo se apoya en la neutralidad del relato, que no incluye juicios morales de condena; en no suscitar odio, sino compasión y lástima por los torturadores; y en la reducción del dolor humano a niveles soportables para el espectador.

Son escenas memorables la de Pina embarazada corriendo entre ráfagas de fusiles ametralladores, el asalto a la panadería que acapara víveres, la tortura de Giorgio hasta que su rostro parece el del Cristo de la Pasión, los niños viendo la ejecución pública de un ciudadano, el despliegue de fuerzas nazis para la detención de unos pocos sospechosos de colaborar con la resistencia.

La música, compuesta por Renzo Rossellini, ofrece una inquietante partitura original de orquesta de metal, que combina con dos fragmentos de música para piano, de Schubert, y pasajes de acompañamiento de música cubana, angloamericana y de jazz. La fotografía, de Ubaldo Arata, en blanco y negro, de formato documentalista, se ajusta a los parámetros de un cautivador, crudo y acerado realismo.

Finalmente, destacar la escena en la que el pelotón del fusilamiento compuesto por italianos que ha de asesinar al padre es incapaz de hacer su trabajo correctamente, de modo que ha de encargarse un oficial alemán pegándole un tiro en la cabeza. Parece ser como si Rossellini estuviera tratando de mostrar que fue la ocupación alemana la que dividió e incitó el odio entre los italianos, ya que cualquier alusión al estado de guerra civil que se dio entre ellos es tangencial a lo largo de la película.

Película de culto, considerada por algunos como esencial dentro de la historia del cine. Gana la Palma de oro de Cannes (1946).

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