EL EMPLEO DEL TIEMPO

Por: Mario Arango Escobar.

EL EMPLEO DEL TIEMPO (2002). GÉNERO: DRAMA. DURACIÓN: 133’.

Director: Laurent Cantet. Guión: Robin Campillo y  Laurent Cantet. Intérpretes: Aurélien Recoing, Karin Viard, Serge Livrozet, Jean-Pierre Mangeot, Monique Mangeot. Título original: L’emploi du temps. País: Francia. Fotografía: Pierre Milon. Música: Jocelyn Pook.

Sinopsis: Vincent se queda sin empleo, pero no tiene valor para contárselo a su familia y amigos, por lo que decide inventarse un trabajo en las Naciones Unidas, un trabajo ficticio que le obliga a vagar sin rumbo día tras día.

Tras su premiada película “Recursos humanos”, el director francés sigue explorando los efectos devastadores de la sociedad moderna y mecanizada sobre el alma humana. Un mundo de competitividad en busca del desarrollo y el bienestar en el que muy pocas personas están preparadas para afrontar la derrota.

Esta vez se ha basado en un hecho real para amoldarlo a la historia que él quería contar: un hombre, tras perder su trabajo, es incapaz de dar la noticia a su familia, y seguirá manteniendo las apariencias durante mucho tiempo. Aparte de toda la crítica que realiza el director al capitalismo, algo que se puede encontrar en multitud de películas, el tema principal de “El empleo del tiempo” es la mentira. Es el detonante de una espiral de angustia, traición y corrupción en la que el protagonista se verá inmerso y que es transmitida con brío al espectador. Y es que él más que nadie es la víctima de una farsa que empieza como síntoma de cobardía pero que acaba tomando dimensiones sumamente trágicas. Un efecto bola de nieve en el que se aprecia el talento de su director, en el ritmo con el que nos va ofreciendo un proceso de autodestrucción observado al detalle. Una atmósfera de ahogo que va in crescendo, que se toma su tiempo, para introducir uno a uno los elementos de los que se sirve. Nos transmite una sensación de tiempo real que es lo que hace de este drama algo escalofriante.

Hay algo obsceno en la mentira de Vincent, pero al mismo tiempo también algo conmovedor. Su soledad, su deambular constante por las carreteras, las estaciones de servicio, los parqueaderos de hoteles de mala muerte, desolados, fríos, lugares de paso impersonales en los que se refugia como un fugitivo, escapando del calor de su hogar y de las responsabilidades que este acarrea.

Cantet focaliza casi en su totalidad el punto de vista en la figura de Vincent, pero de manera silenciosa también proyecta su mirada en los miembros de su núcleo familiar, en especial en su mujer Muriel y en su hijo mayor Julien. Ambos son testigos mudos que presencian desde la lejanía el progresivo ensombrecimiento existencial del jefe de la familia hasta el momento en el que se destapa la mentira.

Para conseguir ese clímax, casi obra de un cine de suspense más que del drama que es “El empleo del tiempo”, Cantet se ha servido de un plantel de actores muy competente, entre los que destaca la soberbia interpretación del excelente Aurelien Redoing que convence  en su primer rol protagónico en el cine. Su trabajo, condicionado por un desarrollo muy ‘interiorista’ –tanto en lo físico como en lo anímico–, que asimila y solventa con notable acierto. Su actuación será difícil de olvidar. Impresionante, igualmente la caracterización que realiza Karin Viard en el papel de Muriel, asumiendo su papel con gran sobriedad, contención y captación del sentido más profundo de un papel muy difícil, como es el de la esposa del protagonista, que asume un perfil claramente ‘reactivo’ –siempre desplegando reacciones matizadas y sutiles a cada uno de los movimientos de su marido de ficción–.

Otro punto que merece la pena ser rescatado es la dosis de sensaciones tan distintas, como la amargura o la emotividad, que el cineasta impregna en determinados momentos, dando un aspecto bastante creíble y natural a la labor desempeñada por sus dos intérpretes principales.

Igualmente interesante el simbolismo de determinados objetos, con los que Cantet teje alegorías que refuerzan  las líneas temáticas en las que desea incidir: los relojes (tan falsos como su trabajo…) con los que Vincent, acuciado por sus necesidades económicas, comienza a estafar, en una suerte de paréntesis que terminará haciéndole estallar, simbolizan el tiempo, ese mismo que, simultáneamente, le sobra y le falta; o el coche, ése en el que pasa buena parte de su tiempo (son, por otro lado, innumerables los planos en el interior del mismo), y que representa una especia de burbuja, de cápsula de aislamiento, gracias a la cual el protagonista puede relajarse, en su soledad, lejos de la familia que tanto le agobia y le bloquea mentalmente –curiosa paradoja: la cápsula en que se encierra como válvula de escape…

La banda sonora es uno de los componentes que más fuerza cobra en esta película, pues ayudada de una interesante composición de planos y movimientos, hacen de este film algo serio y atractivo, dejando que el espectador pueda sentirse atrapado por una narración tan veraz como modélica.

Notable relato servido por el galo Laurent Cantet, que nos habla de temas tan candentes hoy en día como la incomunicación familiar, la búsqueda del bienestar propio, y el malestar dentro del ámbito laboral, haciendo mella en algunos más que en otros. “El empleo del tiempo” es un film honesto, arriesgado y que mete el dedo en la llaga, tocando un tema hiriente, real, que plasma mejor que las otras versiones (se trata de un caso real que cuenta con otras adaptaciones) el desencanto y la sinrazón que habita en cada uno de nosotros. La imagen final resume en el rostro del protagonista toda una parábola terrible del porqué de las cosas.

Párrafo aparte merece el aparentemente irónico final feliz de la película. Una primera mirada indica una claudicación de Cantet con su criatura. Pero la mirada de Vincent trasunta dolor. Y ese sentimiento, llega.

LAURENT CANTET

Nació en 1961, en Melle, Francia. Después de obtener una licenciatura en audiovisuales, en 1984, ingresa en el Instituto de Altos estudios cinematográficos de París. A partir de 1993, se dedica a la realización de cortometrajes, entre los cuales destacan: “Tous á la manif”, “Les sanguinaires”, y Jeux de plage”.

Su incursión en el largometraje ocurre en el año 2000, con el film “Recursos humanos” (Ressources humaines) un interesante acercamiento al mundo laboral, en el cual se enfrentan padre e hijo desde dos posiciones antagónicas. Con este filme, Cantet obtuvo el premio César a la mejor ópera prima.

En el 2001, realiza “El empleo del tiempo” (L’emploi du temps). En esta película conocemos la historia de Vincent, un ejecutivo francés de clase media que pierde su trabajo y en vez de asumirlo, elabora una complicada trama para fingir frente a su familia y amigos que ha sido empleado por la ONU en Ginebra. El director fue galardonado con el León de Oro en el Festival de Cine de Venecia.

Posteriormente, dirige “Bienvenidos al paraíso” (Vers le sud, 2006) una película que nos muestra  la insatisfacción vital de las mujeres que marchan al Caribe en busca de turismo sexual. Su último trabajo hasta el momento es “La Clase” (Entre les murs, 2008), un lúcido cuestionamiento del sistema de enseñanza que fue galardonada con la Palma de Oro en el Festival de Cine de Cannes de 2008.

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