LA TRAMPA

Por: Mario Arango Escobar.

LA TRAMPA (2007). GÉNERO: DRAMA. DURACIÓN: 106’. PAÍS: SERBIA.

Dirección: Srdan Golubovic. Guión: Melina Pota Koljevic, Srdjan Koljevic, Nenad Teofilovic. Intérpretes: Nebojsa Glogovac, Natasa Ninkovic, Miki Manojlovic, Anica Dobra, Bogdan Diklic, Vuk Kostic, Vojin Cetkovic, Dejan Cukic. Título original: Klopka. Fotografía: Aleksandar Ilic. Música: Mario Schneider.

Sinopsis: En el Belgrado de la posguerra conviven las formas nuevas y viejas de corrupción, y la distancia entre los ricos y los pobres se hace cada vez mayor. Belgrado lucha por encontrar su identidad, cuyo turbulento y reciente pasado ha dejado a muchos en un desierto moral y existencial. En este contexto se sitúa el hogar de Mladen, su esposa Marija y su hijo Nemanja. Cuando a Nemanja se le diagnostica una seria afección cardíaca, los médicos insisten en que sea operado en el extranjero. ¿Pero de dónde pueden sacar el dinero? Justo cuando los padres del chico pierden la esperanza de recaudarlo, Mdalen conoce a un hombre que ofrece darles esta cantidad a cambio de que mate a un hombre de negocios rival.

La historia se sitúa en Belgrado, en torno al año 2004. Hace poco que ha caído Milosevic y la crisis económica y social se ensaña con la clase media. En menos de veinte años, la antigua Yugoslavia se ha descompuesto, el régimen socialista ha caído y los oligarcas van de la mano del crimen organizado. Los jóvenes Mladen y Marija tratan de capear el temporal. Ella es profesora de inglés y él tiene una constructora que espera un comprador extranjero; no hay negocio para los pequeños empresarios nacionales. La única alegría del matrimonio es el pequeño Nemanja que lleva el simbólico nombre del gran rey de Serbia.

Belgrado no es la bellísima ciudad que bañan el Danubio y el Sava sino un Chicago balcánico con mafiosos de gafas negras y hombros como bombarderos. Las mujeres de esta película son madres, viudas, esposas, compañeras pero parecen casi ausentes. Un padre debe asesinar a un hombre para salvar a su hijo enfermo. Los bancos extranjeros obligan a su personal a sonreír cuando niegan los créditos so pena de despido. Los coches de los gangsters son extranjeros. Sólo un tratamiento en el extranjero puede salvar al pequeño Nemanja. Las empresas públicas agonizan. Los niños mendigan junto a los todoterrenos de los pistoleros.

Apoyados en un magnífico guión, el director serbio imprime a esta película una  sobriedad y un interés rítmico y argumental de gran nivel. Sobre un fondo de thriller y drama en potencia surge un poderoso mensaje, muchas veces interpretado en la pantalla, pero que aquí no pasa como otras veces desapercibido y ese es el del precio de una vida. Dilemas morales, familiares y la búsqueda de justicia en una Serbia que se reforma tras la era Milosevic, bien planteados y bien resueltos.

La factura de agilidad de la cinta, planteada como un gran flashback es casi tan notable como su dimensión ética. Los conflictos psicológicos tan profundos suelen estar pautados por símbolos reconocibles. En este caso, advertimos una escena -más bien un escenario- que tiende a repetirse durante todo el metraje, en calidad de divisor capitular con una función de recurso premonitorio: la del semáforo en rojo perenne donde el Renault 4, cabeza de familia se para de regreso a casa. En un primer acto, el hijo y el padre ocuparán el vehículo, ajenos a la malaventura que se cierne sobre ellos; ya en el nudo, con el niño ingresado, avisa el principio del fin de un matrimonio que se quiere y, más tarde, constituirá una pista clave para las indagaciones de un padre derrotado; como indicio del cierre, se esgrimirá el espacio de un cortante desenlace anunciado.

El progresivo deterioro interior y exterior de la pareja protagonista, paralelo al declive físico de su hijo, permite a Srdan Golubović abrir sus intenciones al dibujo de una radiografía que alcanza todos los estratos sociales de la ciudad, desde la miseria infantil a los grupúsculos enriquecidos con el tráfico de armas. Con verismo palpable y una dirección inteligentísima, que encadena con pretendida imperfección largos encuadres estáticos e imposibles rupturas de planos, la historia atrapa en su brutal sinceridad desangelada, en el cariño casi inmediato del público hacia unas figuras entrañables de puro identificables.

El dilema de Mladen recuerda a los personajes de Hitchcock, a todos esos falsos culpables y personas inocentes que son utilizadas por otros, seres corrientes con vidas normales que se ven envueltos en situaciones extraordinarias y tienen que aprender a marchas forzadas a actuar como héroes de acción. Pero Golubović, además, los sitúa en un contexto político y social concreto, denotando el abismo existente entre las clases sociales y mostrando también los negocios sucios a la par que vemos el deterioro moral del protagonista. Y todo eso en clave de thriller que hace que resulte especialmente inquietante.

Golubović nos presenta un drama personal y familiar rodado como si fuera una película policíaca, llena de llamadas secretas, encuentros furtivos, salpicada de algunos planos insólitos y desenfoques que ocultan cosas pero, sobre todo, de sobriedad y de colores fríos, de una fotografía que nos lleva mentalmente hasta las comisarías de policía más que al hogar familiar que en realidad muestra.

Apartándose del tono melodramático al que se presta fácilmente este tipo de argumento, “La Trampa” se interesa prioritariamente por la evolución de unos personajes abandonados a su suerte e, inteligentemente, esquiva los sentimentalismos gracias a una puesta en escena contundente, aséptica y minimalista. Los planos cortados, los fuera de campo, los juegos sonoros y de planificación y las tonalidades frías refuerzan la sensación del desamparo en el que los personajes deben sobrevivir.

“La Trampa” es un tipo de película personal. En cierto modo, es una versión de “Crimen y Castigo” en los Balcanes actuales. Trata del crimen que salva la vida del hijo del protagonista y el castigo que conlleva.

SRDAN GOLUBOVIĆ

Nació en Belgrado (Serbia) en 1972. Estudia Dirección Cinematográfica en la Universidad de Belgrado. Durante sus estudios en la Universidad dirige varios cortometrajes que reciben galardones nacionales e internacionales.

En 2004, participa en el filme colectivo “The Package” (Paket aranžman) dirigiendo la historia “Hertz Minute” (Herc minuta) que acabará convirtiéndose en una película de culto para las jóvenes generaciones

.

Años más tarde, funda la Productora “Bas Celik” junto a un grupo de jóvenes talentos cinematográficos, con la que producen videoclips, aclamados spot publicitarios y campañas de mercadeo.

Debuta en la dirección de largometrajes en el año 2001, con “Absolute Hundred” (Apsolutnih sto). En esta película conocemos la historia de dos hermanos, ambos deportistas destacados. El mayor de ellos es llamado a presta el servicio militar, y regresa convertido en un adicto a la heroína, lo que causa una profunda crisis en el hermano menor.

En el año 2007, realiza “La Trampa” (Klopka). El drama de un padre ante una grave enfermedad de su único hijo y la carencia de recursos para salvar su vida.

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