YO SOY EL AMOR

Por: Mario Arango Escobar.

YO SOY EL AMOR (2009). GÉNERO: DRAMA. DURACIÓN: 120’. PAÍS: ITALIA.
Dirección: Luca Guadagnino. Guión: Luca Guadagnino, Barbara Alberti, Ivan Cotroneo, Walter Fasano. Intérpretes: Tilda Swinton, Flavio Parenti, Edoardo Gabbriellini, Alba Rohrwacher, Pippo Delbono, Diane Fleri, Maria Paiato, Marisa Berenson, Waris Ahluwalia, Gabriele Ferzetti. Título original: Io sono l’amore. Fotografía: Yorick Le Saux. Música: John Adams.

Sinopsis: La película cuenta la historia de la acaudalada familia Recchi, cuyas vidas se verán sometidas a cambios radicales. Edoardo, el patricarca, ha decidido nombrar a su sucesor en los negocios industriales de la familia. Emma, la mujer de Edoardo, es una adorada y atenta madre que ve cómo su mundo se viene abajo cuando se enamora perdidamente de Antonio, un cocinero, y se embarca en un apasionado romance que cambiará para siempre a toda la familia.

La película se inicia en Milán. En un paisaje nevado entran los títulos de crédito que mezclan letras sofisticadas con otras más actuales que nos sitúan en el contexto y nos preparan para conocer a los Recchi, familia adinerada de empresarios textiles, que no siempre utilizaron métodos lícitos para enriquecerse, de costumbres exquisitas. Todo tiene una semblanza armónica en esa villa Art Deco y la gente que la habita. Cada miembro, como cada objeto, ocupa estoicamente su lugar en un deliberado orden de las cosas. Un mundo en el que la tradición y los rituales que conlleva cobran una importancia desmedida y dejan poco espacio para la expresión de los sentimientos.

El impecable estilo del filme apoya completamente el desarrollo de las historias: las escenas de la familia, comportándose en todo momento correctamente, están emplazadas en entornos fríos, perfectamente equipados y decorados. Largos pasillos, oscuros, por los que pasean sus protagonistas y que nos hacen pensar que parecen ratones en laberintos, buscando la luz, buscando la salida.

El propio director dice que se inspiró en el cine clásico, en concreto la filmografía de Visconti y de Antonioni y se nota: Se puede tomando de uno –Visconti- los ambientes de la alta burguesía milanesa, sus casas lujosas, sus jardines, sus elegantes mujeres; del otro, -Antonioni- la desazón de una vida vacía, sin sentido, que ahoga a sus personajes más sensibles, las dos mujeres de la familia, las únicas que son capaces de enfrentarse a todo por una pasión que las haga sentirse vivas, y el hijo mayor, un romántico que aun cree que puede controlar el patrimonio heredado, cuando en realidad el mundo es una inmensa globalización donde las fortunas familiares se diluyen como azucarillos.

“Yo soy el amor” pretende hablar de un amor encontrado, descubierto pero que no se habla. Los diálogos son escasos, se trata de un lenguaje de silencios, de gestos, pequeños detalles dentro del hermetismo. Guadagnino opta por contar las emociones con imágenes, como lo hiciera no hace tanto Wong Kar Wai en “Deseando amar” (2000).

El primer cambio hacia el amor se da cuando la hija se va fuera a estudiar y conoce un amor verdadero, prohibido por los ojos conservadores y que abrirá los ojos a una madre que reconoce su verdadera necesidad de amar y ser amada ya que sólo habrá una posibilidad de redención: el amor. Emma, la matriarca del clan, y Antonio, el  amigo cocinero de su hijo Edoardo, comenzarán a vivir un amor incomprendido que  destruirá sus relaciones familiares.

Igual que los grandes chefs condimentan sus platos con cuidado y esmero, añadiendo ingredientes en un determinado momento, esperando un punto de cocción, añadiendo un determinado caldo o aportando sabores, texturas y hasta colores, Luca Guadagnino nos conduce en su historia a través de un estudiado trayecto que prepara nuestros sentidos para recibir la emoción y la pasión consiguiendo con el espectador lo mismo que Antonio con Emma al cocinarle: enamorarla y dejarla rendida al instante. Y al igual que los platos que cocina Antonio están elaborados con cosas sencillas y naturales que él mismo cultiva, las herramientas de Luca son básicas y sencillas: planos, encuadres, suaves movimientos y una estudiada composición que le lleva a resaltar las líneas rectas, pero desordenadas y caóticas que invaden lo urbano, en contraste con la exuberancia de la naturaleza salvaje en la que vive Antonio, sin orden alguno.

Los personajes de esta fábula amorosa tienen una gran profundidad psicológica y resultan muy verosímiles. Excelente la interpretación de Tilda Swinton, que dota a su personaje Emma de una contención indescriptible.
La puesta en escena es absolutamente elegante, llena de buen gusto en el uso de la cámara, y sirve para mostrar ese ambiente, casi litúrgico, en el que se desarrolla la historia, para ello el director detiene su mirada, a la manera de Scorsese en “La edad de la inocencia”, ya sea en los platos que se sirven en la mesa, las joyas, los vestidos o los cuadros que cuelgan de la pared.

Capítulo aparte merece la banda sonora, donde sobresale una música perfecta, que enfatiza y acrecienta el drama, especialmente en los últimos minutos de la película, donde se convierte en protagonista al igual que las miradas y los reproches de los personajes.

Quiero, a continuación, incluír el comentario de Tilda Swinton, que nos puede ilustrar mejor acerca de la película:
“La película habla de una mujer entre los cuarenta y los cincuenta años, Emma, una mujer que no produce riqueza, que no produce cultura, que fue elegida por su marido, Tancredi, un rico industrial del norte de Italia, por su belleza, como habría elegido una obra de arte. Emma es propiedad suya, ha tenido hijos, ha cumplido con su función, y se encuentra en un momento de su vida en que la jaula, la prisión en la que ha vivido, se despliega ante sus ojos con un dramatismo explícito. Emma procede de una jaula, Rusia, de la que ha salido en la época anterior a Gorbachov, para acceder al mundo libre. Y en el mundo libre se ha encerrado en otra jaula, la familia, y la mentira. 

El amor es el gran motor de cambio en la vida de los seres humanos, el gran creador de crisis, el acelerador de metamorfosis. Emma se enamora de otro ‘marginado’, como ella. Es una pasión inaceptable, por su clase social, por su familia, por toda la sociedad. En este aspecto, Emma tiene ilustres antepasadas en el cine, como Madame Bovary o Anna Karenina. Es una mujer desinteresada, su amor es incondicional. Es un ser capaz de enfrentarse a los absolutos: la vida, la muerte, la pasión, y no ceder; es una radical pura.

Todos los personajes de la película están enjaulados, pero cada uno a su manera.

El padre de Tancredi, el patriarca, el fundador de la fortuna, el artífice del estatus de la familia, que interpreta Gabriele Ferzetti, ha llegado a un momento de su vida en que tiene que pasar el testigo. Elige a uno de sus descendientes, porque cree ver en él la misma mirada, pero esa mirada no está. No ve que esa mirada que busca podría estar en Elisabetta, la nieta, irrelevante, en cuanto que es mujer, en la economía de los juegos de posesión y de poder. Pero en ella hay una aspiración y un talento para la libertad, la rebelión. Esa rebelión hará que su madre, mi personaje, tome conciencia de sí misma”.

 

LUCA GUADAGNINO

Nació en Palermo (Italia), en 1971, pero pasó toda su infancia en Etiopía. Se licenció en la Universidad La Sapienza con una tesis acerca del cine de Jonathan Demme. En 1999, rodó su primer cortometraje “The Protagonists”, una obra excéntrica, que se resiste a cualquier intento de clasificación. Seguidamente, realizó los documentales “Mundo civilizado” (2003) y “Cuoco contadino”.

Debuta en el largometraje con la controvertida “Melissa P” (2005). En esta película se narra el despertar sexual de una adolescente siciliana llamada Melissa. Sus primeras experiencias eróticas quiebran el ideal del amor que poseía y son continuadas por una espiral de depravación que suma a la joven en una situación de malestar y desconcierto.
En el año 2009, realiza “Yo soy el amor” (Io sono l’amore) historia que nos introduce en el interior de una familia aristocrática italiana, cuya aparente armonía se derrumba cuando desde afuera irrumpe el amor.

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