VINCERE

Por: Mario Arango Escobar.

VINCERE (2009). GÉNERO: DRAMA HISTÓRICO. DURACIÓN: 128′. PAÍS: ITALIA, FRANCIA.

Dirección: Marco Bellocchio. Guión: Marco Bellocchio, Daniela Ceselli. Intérpretes: Giovanna Mezzogiorno, Filippo Timi, Michela Cescon, Fabrizio Costella, Fausto Russo Alesi. Fotografía: Daniele Ciprí. Música: Carlo Crivelli.

Sinopsis: Estamos a principios del siglo XX y un joven revolucionario socialista llamado Benito Mussolini conoce a Ida Dalser, una mujer tan pasional como él, que lo seguirá en la lucha política y lo secundará también cuando cambie de rumbo y sustituya el socialismo por el fascismo. Llega incluso a darle todo lo que tiene para que pueda fundar su propio periódico: Il Popolo d’Italia. Se casarán y tendrán un hijo, pero Ida descubre que su matrimonio por la Iglesia tiene mucho menos valor que el que Mussolini ha contraído con Rachele Guidi. Cuando el Duce llega al poder, su decisión de excluir de su vida tanto a Ida como al niño es irrevocable.

Con Vincere el veterano y prestigioso director italiano Marco Bellocchio nos introduce en un pasaje de la historia de juventud del dictador Benito Mussolini bastante desconocido: la relación que mantuvo con Ida Dalser y el hijo legítimo y primeramente reconocido que tuvo con ella (Benito Albino Mussolini) antes de casarse con su amante Rachele Guido en 1910, y el posterior rechazo que hizo de ambos, llegando a consentir en el internamiento de Ida en un manicomio, con el fin de que no desprestigiase con un escándalo su ambiciosa carrera política y su ascenso al poder.

 Si bien “Vincere” se centra en la figura del Duce, en los primeros momentos de la película (al que sólo vemos en sus primeros años de juventud y carrera política; para luego asistir a su ascenso y vida familiar a través de documentales reales de la época) posteriormente la historia gira en torno de Ida Dalser, una mujer hermosa de familia acomodada que amó y ayudó a Mussolini a consagrase cuando su carrera política se tambaleaba y que luchó con fe ciega por intentar defender su verdad y la de su hijo cuando fueron rechazados, lo cual la llevó a enfrentarse al dictador y sus fieles seguideros y la condenó a una vida de ostracismo.

A partir de este momento, el filme adquiere una notable fuerza dramática, que Bellocchio logra con gran habilidad: resuelve fundir ficción y documental con lo cual demuestra su maestría y trayectoria. Así, mientras en la mitad inicial de la película había utilizado a un actor para interpretar al joven Mussolini, aún abrazado a las ideas socialistas, llegada la hora del abandono de la amante y de su hijo y su paulatina transformación en el Duce, Bellocchio se lanza a mostrar al dictador italiano únicamente con imágenes de archivo de sus discursos. Esa manera de plasmar al Mussolini joven, esa forma de dibujarle mostrando atisbos de lo que ya se veía venir: un tipo duro, violento, de mirada tenebrosa, casi en la frontera de la demencia agresiva, está realizada con una maestría única. Y lo hace Bellocchio con tonos oscuros, amargos, un ambiente extremo hasta convertir la narración en un drama durísimo que se va llenando de aristas a medida que el crecimiento de Mussolini se hace imparable.

El actor Filippo Timi, es el encargado de encarnar a Mussolini, quien con apenas unas pocas escenas logra trasmitir, de manera extraordinaria, la percepción que el director quiere transmitirnos del Duce; interpretando a la vez al padre y al hijo confirma con creces su capacidad actoral.

Por su parte, Giovanna Mezzogiorno da vida en forma muy convincente a Ida Dalser, la esposa ilegítima de Mussolini. Su actuación es magistralmente sobria. La composición de su personaje está llena de matices, gestos, palabras, miradas, en definitiva de esa magia que solo desprenden los actores en estado de gracia y que consigue que todos los sueños, anhelos, emociones que desprende su personaje traspasen la pantalla para adherirse en la piel de cada uno de los espectadores. Destacan dos momentos de su arrebatadora presencia: cuando asiste a la proyección de “El chico” de Chaplin y en el de  la larga y desafiante mirada a cámara que efectúa al final.

La película posee una bella partitura musical, la cual en determinados pasajes realza la intensidad de las imágenes, contribuyendo a aumentar el ritmo de la historia con motivo de la declaración de la guerra y le otorga al espectador una inyección emotiva extra para vivir con más entusiasmo las alternativas narradas. Otro aspecto para mencionar como positivo es la presentación visual de la cinta: el peso de los escenarios (entornos recargados, coloridos y cálidos, en la primera parte, y desolados, austeros, fríos, en la segunda) la composición de las luces (en la calle, cuando Ida y Benito se encuentran; en la cama, cuando ella duerme y su cuerpo desnudo se recorta blanquecino en la oscuridad del ambiente.

La aproximación estética es de tipo expresionista, opta por una fotografía de colores muy apagados, con fuertes contrastes, próxima al blanco y negro, lo que ayuda a combinar el material rodado con auténtico metraje de la época; y quizá a subrayar la idea de que estamos asistiendo a una especie de película de terror, con siniestros lugares de reclusión, locos y loqueros, y monjas guardianas.

La obra de constitución operística, en cuanto a los tiempos narrativos, se apoya  en un magistral montaje, donde no sólo hay cortes temporales, imágenes que aparecen como recuerdos de la protagonista e imágenes de archivo, que le dan vida propia al texto fílmico, más allá del relato. El futurismo que tanto admiraba Mussolini es un fuerte referente estético de la primera parte, al que Bellocchio dedica una interesante secuencia.

“Vincere”, además de una historia convincente y desgarradora, posee una puesta en escena que por momentos que nos recuerda al mejor Bernardo Bertolucci, y tiene constantes homenajes al cine a través del visionado de películas y documentales de la época que por aquel entonces se proyectaban en cualquier lugar cerrado o al aire libre.

MARCO BELLOCCHIO

Nació en Piacenza (Italia) en 1939. En 1959, abandona sus estudios de filosofía en la Universidad Católica de Milán, y marcha a Londres para estudiar dirección cinematográfica en la School of Fine Arts, donde se licenció con una tesis sobre Antonioni y Bresson.

Debutó con la película “Las manos en los bolsillos” (I pugni in tasca,1965) considerada una de las mejores óperas primas de la historia del cine italiano. En esta magnífica cinta se refleja con maestría la rebeldía juvenil contra la familia y la normalidad, a través de la historia de un joven que decide exterminar a sus parientes más cercanos. La película fue rodada con gran economía de medios, apoyada por la propia familia de Bellocchio (especialmente por su hermano Tonino) y rodada en la propia casa de la madre del director. El mismo inconformismo y beligerancia política se advierte en sus siguientes obras.

Su siguiente trabajo, “La China está cerca” (La Cina è vecina, 1967) marcó un giro hacia la comedia, describiendo el choque entre la falsedad burguesa y las veleidades de los falsos revolucionarios. Las películas siguientes fueron otros tantos ataques a las instituciones: el internado “En el nombre del padre”  (Nel nome del padre,1972) la prensa del régimen “Noticia de una violación en primera página” (Sbatti el mostro in prima pagina, 1972) el manicomio “Locos de desatar” (Matti da slegare, 1975 y el cuartel “Marcha triunfal” (Marcia trionfale, 1976).

Luego hubo un período gris, transcurrido entre adaptaciones literarias “Il gabbiano” 1977, de Cechov. Su siguiente película, “Il diavolo in corpo” (Il diavolo in corpo,1986) se basó en el libro de Raymond Radiguet.

Sus películas más notables de los años 90 son “La condena” (La condanna, 1990) y “La nodriza” (La balia, 1999), traiciona genialmente el homónimo cuento de Pirandello, filtrándolo desde la óptica de las relaciones de clase.

En el 2002, realiza “La sonrisa de mi madre” (L’ora di religione) una poderosa y sugestiva reflexión laica sobre el tema de la mercantilización de lo sagrado. Se narra la historia de la canonización de una madre mártir, muerta por suplicar a uno de sus hijos que cesara de blasfemar.

“Buenos días, noche” (Buongiorno, notte) del años 2003, película en la cual reconstruyó el secuestro y asesinato de Aldo Moro por las Brigadas Rojas. Con este filme, Bellocchio ganó el Premio Especial del Jurado del Festival de Venecia de 2003.
En el año 2009 dirige “Vincere”, película en la cual nos narra la vida de Ida Dalser, amante de Benito Mussolini y madre de su hijo Albino.

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