LA PRINCESA Y EL GUERRERO

Por: Mario Arango Escobar.

LA PRINCESA Y EL GUERRERO (2000). GÉNERO: DRAMA. Duración: 136’.

Dirección y guión: Tom Tykwer. Intérpretes: Franka Potente, Benno Furmann, Joachim Krol, Marita Breuer, Jürgen Tarrach, Lars Rudolph, Melchior Beslon, Ludger Pistor, Steffen Schult, Rolf Dennemann, Gottfried Breitfub, Sussane Bredehoft.Título original: Der Krieger und die Kaiserin. País: Alemania. Fotografía: Frank Griebe. Música: Tom Tykwer, Johnny Klimek, Reinhold Heil.

Sinopsis: Bodo un militar caído en desgracia salva la vida de Sissí, enfermera de un hospital psiquiátrico. ¿Encuentro marcado por el destino o producto de la casualidad?
Dos seres llenos de soledades se encuentran de la manera más atípica. Sissi es atropellada brutalmente por un camión. Como un enviado del azar, Bodo acude en su auxilio, y logra salvarla. Cumplido su cometido desaparece de la vida de Sissi, que no se resigna a perder a su príncipe azul y cual Cenicienta, emprende su búsqueda. Sin embargo, inexplicablemente es rechazada por su salvador.

De nuevo el director alemán nos introduce en los temas que le obsesionan: el amor y el destino. En esta oportunidad se vale de una estructura narrativa que se apoya en los cuentos de hadas. En ella han desaparecido el tiempo y el espacio y de esta manera Tykwer rompe con los cánones del cine clásico, de una manera muy personal. Así como asistimos a esas imágenes de Sissi tras el accidente, en las cuales el tiempo se extiende indefinidamente, y Bodo lucha por reanimarla, así mismo el tiempo no transcurre en el momento del asalto al banco, pese a que las alarmas de seguridad han sido activadas.
El guión, escrito por el mismo Twyker, es entramado, poco a poco vamos conociendo la historia y los conflictos psicológicos y emocionales de los personajes. Sin embargo, nada predecible. Como espectadores, no sabemos a dónde nos conducirá. Constantemente el director introduce nuevos acontecimientos que acrecientan el dramatismo y el suspenso de la historia.

Un ritmo narrativo que conjuga imágenes de gran poder visual; silencios y miradas de una gran elocuencia, y una melancólica banda sonora que sin ser protagónica; acompaña los sentimientos y estados de ánimo de los personajes. La fotografía creativa y llena de color de Frank Griebe, contribuye para que sintamos la mágica atmósfera que permea este hermoso cuento de hadas.

Extraordinaria las actuaciones de los dos actores protagonistas. Franka Potente demuestra su gran versatilidad y sutileza para dar cuerpo al papel de Sissi. Por su lado, Benno Furmann en el papel de Bodo, también borda su papel y logra despertar en el espectador sentimientos encontrados de amor-odio. Imperdibles las metáforas visuales con las que Twyker llena de lirismo y poesía esta romántica historia. En primer lugar, cuando los enamorados saltan desde la terraza, y nosotros, espectadores, esperamos un suicidio como final del relato. Sin embargo, el director nos ha preparado una bella sorpresa. Sissi y Bodo no caen al pavimento.

Realmente se sumergen en un pozo de agua pantanosa. Una cámara lenta los capta flotando, y la  imagen se nos queda en la memoria por su inigualable belleza.
Hacia el final de la película nos encontramos con otra metáfora que merece destacarse. Bodo, una vez que ha logrado salir del siquiátrico en compañía de Sissi, emprende el viaje hacia una nueva vida. En este recorrido, el azar hace que deba abastecer su auto de gasolina, y la pareja de amantes llegue al sitio donde ocurrió el accidente que tanto dolor le ha causado a Bodo. Finalmente, otro milagro ocurre: Bodo se disocia en dos seres, el viejo, que está aferrado al pasado, lleno de tristeza, y el nuevo, lleno de optimismo, y alegría. Este nuevo Bodo echa del auto al primero que se reúne con su hermano, muerto realmente. Momento para dejar atrás el pasado. Momento para el encuentro de dos solitarios ansiosos de libertad. La princesa por primera vez sonríe y el guerrero ha dejado finalmente de llorar.

“La princesa y el guerrero”, habla de seres con  rutas opuestas, que por golpes del destino,  pueden encontrarse, y gracias al amor, lograr lo imposible. Tom Tykwer, demuestra una vez más, con este film de gran calidad estética, porqué es uno de los directores más importantes del joven cine alemán.

Tom Tykwer

Tom Tykwer nació en Wuppertal (Alemania) en 1965. Cuando apenas era un adolescente ya realizaba sus primeras filmaciones en Super-8. En 1988, pasó a encargarse de la programación de los cines “Movimiento de Berlín”. También se dedicó a la revisión y corrección de guiones y a crear retratos televisivos de varios cineastas. Según cuenta, la primera película que tuvo oportunidad de ver fue “Peter Pan” y desde entonces la idea de poder crear un mundo mágico ha sido el motivo de su inspiración.

Incursiona en el mundo de la dirección con dos cortometrajes: “Because” (1990) y “Epilog” (1992). En 1993, realiza su primer largometraje: “Mortalmente María” (Die Tödliche Maria, 1993) melodrama amoroso que nos presenta a María, una mujer casada que decide escaparse con su vecino para liberarse de la esclavitud de su marido.
“Sueño invernal” (Winterschläfer, 1997). Un joven amnésico en estado ebrio, encuentra unos amantes haciendo el amor. Luego se cruza en su camino la hija de un labrador, y a partir de allí, todos los personajes se relacionan entre sí.

Pero es  “Lola, corre Lola” (Lola rennt, 1998) la película que lo hizo conocer internacionalmente. La película nos presenta a Lola, quien cuenta con sólo veinte minutos para acudir a encontrarse con su novio, y entregarle el dinero que éste adeuda a un matón. “La princesa y el guerrero” (Der Krieger und die Kaiserin, 2000) drama amoroso entre una enfermera y un militar venido a menos. “En el cielo” (Heaven, 2002). Es la historia de amor entre una mujer terrorista y un policía.

Luego vendrían, “El perfume, historia de una asesino” (Das Parfum – Die Geschichte eines Mörders, 2006) adaptación del libro homónimo de Patrick Süskind, uno de los retos más interesantes de su carrera, según palabras del director. “El internacional: Dinero en la sombra” (2009) historia que aborda la corrupción en las corporaciones bancarias. “3” (Drei, 2010) cuenta la historia de Hanna y Simon, un matrimonio convencional, que ha caído en la monotonía. Casualmente, conocen a un hombre del cual se enamoran y deciden incorporarlo a la relación. Su último trabajo “Cloud Atlas” (Der Wolkenatlas, 2012) está basado en la novela de David Mitchell, el filme está integrado por varias historias relacionadas entre sí, y que ocurren en varias épocas.

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CARTAS AL PADRE JACOB

Por: Mario Arango Escobar.

CARTAS AL PADRE JACOB (2009). GÉNERO: DRAMA. DURACIÓN: 72’. PAÍS: FINLANDIA.

Dirección: Klaus Härö. Guión: Klaus Härö, Jaana Makkonen. Intérpretes: Kaarina Hazard, Heikki Nousiainen, Jukka Keinonen, Esko Roine. Título original: Postia pappi Jaakobille. Fotografía: Tuomo Hutri. Música: Dani Strömbäck.

Sinopsis: Leila es una mujer sobre la que recae una condena a cadena perpetua. Un día recibe una notificación: ha sido perdonada. Al recuperar su libertad, Leila es contactada por el Padre Jacob, un anciano cura ciego que vive en un pequeño pueblo, para que le ayude a responder la correspondencia. Inicialmente, Leila, que no le encuentra sentido a la labor del sacerdote, rechaza el nuevo trabajo, pero poco a poco, gracias a la paciencia del cura, la mujer experimenta un profundo cambio.

El director finlandés nos presenta una historia sencilla, adusta y densa, con marcado eco del mejor cine nórdico de Kaurismaki, Bergman o Dreyer. Sin hacer alarde de sofisticados recursos-ni técnicos ni narrativos- logra conmover al espectador y plantearle profundas reflexiones sobre el amor y el perdón.

Haro construye su filme apoyándose en un guión (también de su autoría) que sorprende por lo conciso y sólido, donde escasean las palabras y abundan los silencios y donde los parcos diálogos remiten a emociones y sentimientos reprimidos.
La historia, nada predecible, va desarrollándose de manera pausada y parsimoniosa, y el director pone su atención sólo en lo esencial. Tan sólo dos personajes son suficientes para componer este relato minimalista que se asemeja a una pieza teatral de cámara. La relación entre Leila y el padre Jacob se sostiene sobre la correspondencia que éste recibe de sus feligreses y está permeada por una constante tensión, surgida a partir de la dependencia mutua que se establece entre ellos. Cuando las cartas dejan de llegar, el sacerdote se cuestiona sobre su misión y la vida parece que ya no tiene sentido para él.

En este punto, la historia experimenta un giro que el director sabe conducir acertadamente hasta un final, en el que asistimos a una dramática revelación.
Con desplazamientos a veces sutiles de la cámara, a veces con planos fijos, observamos lo que transcurre en el interior de la casa donde viven los personajes y conocemos el entorno que la circunda. Para destacar los hermosos primeros planos de los objetos y de la hermosa naturaleza escandinava, que una fotografía de tonos grises y fríos recoge. El protagonismo de la luz es total. El recurso de la profundidad de campo, acertadamente es empleado para establecer espacios, establecer relaciones entre Leila y el sacerdote, e introducirnos en sus sentimientos.

Por su parte, la banda sonora acompaña perfectamente el trasfondo del filme, impactando  de manera contundente en los sentimientos del espectador.
La estética y la austeridad de Haro, no sólo se circunscriben al apartado técnico, están presentes a la hora de elegir a sus actores. No acude a figuras de renombre, ni a arquetipos de belleza “hollywoodense”. En esta esta ocasión los encargados de encarnar al Padre Jacob y a Leila, son Heikki Nousiainen y Kaarina Hazar, respectivamente. Ambos realizan unas interpretaciones magistrales, creíbles. El tercer personaje, el del cartero, cumple también a cabalidad con su rol, y le imprime a la película este tono de humor que permite respirar y compensar la dureza de la historia.

Sencilla, escueta, “Cartas al padre Jacob”, es una verdadera joya del cine actual que habla de sentimientos y experiencias íntimas, y en este sentido podría clasificarse como una película espiritual. Su interés radica precisamente en eso, en que habla de temas que no son los más recurrentes en el cine contemporáneo: en todo asesino, en todo hombre o mujer caído en desgracia, es posible, gracias al amor  encontrar un gran ser humano.

KLAUS HÄRÖ

Nació en Porvoo (Finlandia) en 1971. Posee una maestría en arte y estudió dirección en la Universidad de Artes Industriales de Helsinki. Ha dirigido documentales y cortometrajes, entre ellos,  “Kolme toivetta” (2001) que cuenta la historia de tres niños que padecen cáncer.

Logra el reconocimiento internacional con “Elina” (2002), que cuenta la historia de una niña que después de recuperarse de la tuberculosis, enfermad de la cual murió su padre, regresa al colegio. Con esta película Haro obtuvo el premio “Reconocimiento Ingmar Bergman”.

En 2003 realiza el mediometraje documental “Statisti”. En el año 2004 recibió el Premio de las Artes de Finlandia. “Adiós mamá” realizada en el 2005, cuenta  una historia de desarraigo infantil que tuvo lugar durante la Segunda Guerra Mundial.
“The new man” (Den nya människan, 2007). Ambientada en 1950, es una historia que se desarrolla en Suecia, en la cual una joven es internada (contra su voluntad) en una institución donde esterilizan a las mujeres.

NADER Y SIMIN, UNA SEPARACIÓN

Por: Mario Arango Escobar.

NADER Y SIMIN, UNA SEPARACIÓN (2011). GÉNERO: DRAMA. DURACIÓN: 123’.

Dirección y guión: Asghar Farhadi. Intérpretes: Peyman Moaadi, Leila Hatami, Sareh Bayat, Shahab Hosseini, Sarina Farhadi, Kimia Hosseini, Babak Karimi, Ali-Asghar, Shahbazi, Shirin Yazdanbakhsh. Título original: Jodaeiye Nader az Simin. País: Irán. Fotografía: Mahmoud Kalari. Música: Sattar Oraki.

Sinopsis: Simin y Nader, un matrimonio con una hija, deciden abandonar Irán en busca de una vida mejor. Sin embargo, en el último momento él se echa atrás debido a que a su padre le han diagnosticado Alzheimer y no quiere abandonarlo. Ella pide entonces el divorcio y, al no serle concedido, se muda a vivir con sus padres. Él, que se queda con la niña, decide contratar a una mujer que le ayude a cuidar a su padre. Pero un día, al llegar a casa, encuentra al anciano atado a su cama; a partir de ese momento, tanto su vida como la de la niña darán un vuelco.

Los personajes son presentados desde el punto de vista de un juez en un plano ‘fijo’, pero filmado aparentemente con cámara al hombro. Con este recurso, el director hace que nosotros, como espectadores nos convirtamos en jueces de esa pareja que se quiere divorciar. Planteadas las primeras imágenes, imaginamos que el problema será el de una mujer enfrentada al férreo control de un marido intransigente y tradicional. Esa es la primera sorpresa de la película que, rompiendo tópicos, muestra a un personaje masculino coherente y responsable con su papel de padre y de hijo.

La historia va siendo sabiamente narrada con una cadencia pausada y armónica pero no por ello carente de ritmo y tensión. No hay un solo minuto en la película que carezca de interés; la historia, atemporal por la temática, es extrapolable a cualquier país, pero aquí el director aprovecha para hacer un retrato realista  de la actual sociedad iraní, con toda su idiosincrasia social y religiosa. Pero también, como un hábil cirujano, realiza una incursión, muy incisiva, en la condición humana, los valores de la persona como tal, donde afloran los positivos y los negativos (el respeto, la verdad por encima de todo, la religiosidad, la creencia pero también el egoísmo, la manipulación, el engaño).

Farhadi nos transmite las dramáticas vicisitudes de los dos matrimonios involucrados en el progresivo enrarecimiento de los acontecimientos con incuestionable habilidad y talento, sin caer en maniqueísmos que harían perder credibilidad y lucidez a su propuesta, y presentando a unos personajes que ni son buenos ni malos, que tienen, todos, sus razones y sus debilidades, y que mienten u ocultan cosas (como todo el mundo) para protegerse. Farhadi se acerca a estos personajes con gran respeto, de una manera objetiva, sin juzgarlos, y más que respuestas, nos plantea múltiples preguntas.

Con un tono muy cercano al documental, que la hace más cercana y real, el director logra una  historia de un humanismo descomunal, de una precisión apabullante; dotada de una amargura indescriptible, méritos suficientes para deslumbrar a la exigente audiencia del Festival de Cine de Berlín.

Sin duda, el pilar fundamental sobre el que se sustenta la película es el guión, dotado de continuos diálogos que se complementan con las sólidas actuaciones de sus protagonistas. Pero tampoco podemos olvidar la enorme veracidad conseguida en la puesta en escena. La cámara destaca por sus encuadres realistas, casi como si se tratase de una cámara subjetiva del espectador que interactúa dentro de la escena. Brillante también el juego de cámaras, siempre mostrando el plano más oportuno y con atención especial a las miradas, donde sobretodo quedan marcadas la de las niñas.

Los actores, dan un recital asombroso de naturalidad y verismo. No hay ninguno que esté desubicado o transmita inseguridad o la sensación de estar actuando, de manera que asistimos con ellos al milagro de tener la impresión de que lo que sucede ante nuestros ojos es algo que estamos presenciando realmente, una situación conflictiva y difícil de la vida misma, tal es el nivel de credibilidad y humanidad, sin imposturas, de los personajes que encarnan.

A Farhadi le interesa más lo universal que lo particular. En cada recoveco narrativo, hay un dilema moral que da un giro radical al relato, y al final sólo hay, el de un personaje: el de la hija afectada por la violenta separación de sus padres. “Nader y Simin, una separación” es una cinta que admite múltiples lecturas que podrían representar perfectamente a ese país donde se desarrolla la acción. A ese país donde los cineastas van a la cárcel por contar su verdad.

Difícil imaginar una película que maneje mejor los puntos de vista, que controle con más astucia lo que se dice y lo que no se ve. Todos los personajes de Nader y Simin, una separación necesitan ocultar algo para preservar su verdad.

La importancia de la mujer en el desarrollo de la historia es fundamental. Una mujer temerosa tanto de su marido como de la religión Y por otro el de una mujer valiente, luchadora, defensora de sus derechos, y que continuamente toma sus propias decisiones, que podría encuadrarse en un perfil más occidental.

Respecto a los dos principales papeles masculinos, el que está en el proceso de separación, es un hombre bien posicionado, coherente y que no se impone sobre su mujer, mientras que el otro vive una crisis por falta de trabajo, visceral, impulsivo y con un machismo muy condicionado por lo religioso.

Relaciones humanas, en definitiva, sin importar demasiado la época o la nacionalidad, universales, porque tampoco son específicas de un lugar o una cultura concretos. El tema de esta película  va más allá de fronteras geográficas, religiosas, lingüísticas o culturales.
A destacar, su genial final, en el que se plantea una pregunta que el espectador espera le sea contestada, pocas películas mantienen a sus espectadores pendientes de sus títulos de crédito, sin que nadie se mueva, esperando una respuesta. Un plano que sintetiza todo el filme. Final abierto que considero el más coherente para esta magnífica historia. Un cine social, comprometido y lúcido.

Premios:
2011: Oscar: Mejor película de habla no inglesa. Nominada a mejor guión original.
2011: Festival de Berlín: Oso de Oro a la mejor película, mejor actor, mejor actriz.
2011: Globos de Oro: Mejor película de habla no inglesa.
2011: Premios Cesar: Mejor película extranjera.
2011: Círculo de críticos de Nueva York: Mejor película extranjera.
2011: Premios BAFTA: Nominada a mejor película de habla no inglesa.
2011: Premios Guldbagge (Suecia): Mejor película extranjera.
2011: British Independent Film Awards: Mejor película extranjera.

ASGHAR FARHADI
Nació en Isfahán, Irán, en 1972. Pronto descubrió sus inclinaciones artísticas, lo que le empujó a escribir y a sumergirse en el mundo del teatro y del cine. Después de estudiar en el Instituto del Cine Joven, se matriculó en la Universidad de Teherán, donde se licenció en Realización Cinematográfica, en 1998. Durante los diez años que duró su formación, realizó dos cortometrajes, dirigió dos series de televisión y escribió varios guiones.

Debutó como director en la gran pantalla en 2003, con “Bailar en el polvo” (Raghs dar ghobar) en la que cuenta la historia de un hombre que debe divorciarse de su esposa debido a la presión social que sufre, tras descubrirse que su madre es una prostituta. Con esta película obtuvo el Premio de la Crítica en el Festival de Cine de Moscú.

Su segundo largometraje, “La bella ciudad” (Shah-re ziba, 2004) sobre  un joven asesino que es condenado a muerte. Obtuvo el premio a la mejor película en el Festival de Varsovia, en el Festival Internacional de Cine de India y en el Festival de Cine “Rostros del amor” de Moscú. En “Fiesta del fuego” (Chaharshanbe-soori, 2006) relata como tres días antes del año nuevo iraní, la criada de un matrimonio se entera de la infidelidad del marido. Fue premiada en el Festival de Locarno.

“A propósito de Elly” (Darbareye Elly, 2009) es un ensayo sobre los misterios de la condición humana. Con este film obtuvo el Oso de Plata en el Festival de Cine de Berlín en 2009. En el 2011, realiza “Nader y Simin, una separación” (Jodaeiye Nader az Simin) galardonada con el Oso de Oro en el Festival de Cine de Berlin (mejor película) y con premio Oscar a la mejor película en lengua extranjera.

COPIA CERTIFICADA

Por: Mario Arango Escobar.

COPIA CERTIFICADA (2010). GÉNERO: DRAMA. DURACIÓN: 106’.

Dirección y guión: Abbas Kiarostami. Intérpretes: Juliette Binoche, William Shimell, Jean-Claude Carrière, Agathe Natanson, Gianna Giachetti, Adrian Moore, Angelo Barbagallo, Andrea Laurenzi, Filippo Trojano.  Título original: Copie conforme. País: Francia, Italia, Bélgica. Fotografía: Luca Bigazzi. Música: Olivier Hespel, Dominique Vieillard.

Sinopsis: Un hombre y una mujer se conocen en un pequeño pueblo italiano del sur de la Toscana. Él es un escritor inglés que ha ido para dar una conferencia. Ella es una galerista francesa.

En la escena de apertura de la película podemos observar una mesa vacía, con dos micrófonos (dos interlocutores ausentes) y un libro en el medio, llamado (al igual que el título de la película) “Copia Certificada”. Los micrófonos nos anuncian dos discursos, aunque todavía no sabemos por quiénes serán dichos, sólo dos espacios que serán llenados por dos personajes, donde lo más importante será lo que suceda entre ellos (el diálogo) y no los personajes en sí.

Una mujer y un hombre que acaban de conocerse hablan y caminan. Y hablan sentados en un restaurante, o dentro de un coche; de arte y paisajes, de la pasión y la rutina conyugal. Y al cabo de un rato, deciden empezar a fingir que son marido y esposa. Mientras ese juego, aparentemente inocente, se pone emocionalmente peligroso; Kiarostami recupera sus meditaciones habituales sobre la autenticidad y el artificio en el arte y las traslada a la vida y el amor.

Sostiene Kiarostami que mantener vivo el perfecto romance juvenil resulta imposible, y que debemos sustituirlo por respeto, consideración, cariño y desapego a los planes fallidos y los sueños rotos. Olvidar el original, pues, y conformarse con una buena copia.
¿Cuál es el origen de toda elaboración artística? ¿De dónde proviene la autenticidad de una obra? ¿Radica en el arte griego o en el renacimiento, algún punto de inicio dónde todo vuelve a reciclarse?

Todo arte es original, puesto que el arte, es observado y juzgado bajo el peso de la subjetividad, y la subjetividad siempre ha de ser original. Así, la copia puede poseer el mismo valor que la original ya que la obra en sí despierta sentimientos originales y reales. Todo esto ya lo explicó, Walter Benjamin, en su ensayo “La obra de arte en la época de su reproductibilidad técnica” (1936).

¿Dónde está el arte, en la vida, o en la imagen representada que nos llega del momento captado? ¿Dónde empieza el arte y acaba la vida? Si nos ceñimos a una idea romántica, la obra de arte tiene un creador y éste es capaz de producir una emoción en ella. Actualmente, esta noción está prácticamente obsoleta en tanto que la casi totalidad de obras giran en torno a otras ya existentes. ¿Es el tiempo el que convierte a la copia en una obra de arte, o el que hace que valoremos el original en su justa medida?

 Kiarostami nunca determina qué es original o qué es copia dentro de la historia. Por otra parte, la aparición de espejos  y la imagen que en ellos se refleja ahondan más si se quiere en ese mundo donde no están claros los límites entre lo original  y la copia.

Creo que la intención de la película es operar como un juego: Juliette Binoche y el escritor juegan a que no se conocen. Ella interpreta la teoría del valor del original frente a la copia de un modo personal, refiriéndose a su relación con el escritor. Está obsesionada con las bodas. El original del cuadro copiado está en otro lugar. El hijo sabe que ese hombre es especial para su madre. Ella juega a decirle a él (como si fuera su marido) todo lo que (aparentemente) no puede decirle, y él responde desde el lugar de cualquier marido o de él mismo si es que su esposa le planteara semejantes situaciones. Por otro lado estamos nosotros, que nos sentimos identificados (por género, en primera instancia) con ellos.

Porque hay algo tan femenino y masculino en ese diálogo, que es imposible que no nos sintamos involucrados. Porque ese ‘espejo’ de ella cuando se pinta los labios, se arregla el pelo y se pone esos aros llamativos, somos nosotros. Y somos nosotros, ese mismo ‘espejo’ en donde se mira James, tirándose agua en la cara para ‘despabilarse’ (como si estuviera despertando de un sueño, a la mañana temprano). El final, con la ventana abierta del baño del pintoresco hotel, como si fuera un cuadro, pero no lo es, es la realidad, o mejor dicho, es la realidad filmada en una película, pero enmarcada como si estuviéramos viendo el paisaje de una pintura.

Por otro lado, el filme está plagado de ‘representaciones’: fotos, pinturas, personas reflejadas en espejos, vidrios que duplican a los personajes y reflejan la ciudad, esculturas y miradas fijas a cámara, que nos representan a nosotros. Los actores y la película, en última instancia  son una mera representación.

Como cualquier otra historia de parejas, Kiarostami habla de amor y/o desamor: recién casados, el matrimonio maduro, los dos ancianos, pero también relata la relación entre una francesa y un inglés en Italia, revelando la incomunicación a todos los niveles. Asistimos al momento de enamoramiento inicial, seguido de una fase de desgaste y de nuevo un intento de seducción, para terminar con una vejez como hipotético final idílico. El repique de campanas predispone la decisión de James entre seguir copiando la relación que han llevado hasta el momento o prescindir de ella. El espectador nunca lo sabrá.

La mujer es esa actriz fascinante, Juliette Binoche. Nadie como ella, hoy en día, para comprender y multiplicar el misterio de ser, en cada película, la copia perfecta de sí misma siendo otra, la intérprete, el personaje. Con ella en la pantalla –muy bien secundada por el barítono William Shimell– el cine alcanza su verdadera esencia de sueño, de réplica, de copia de la vida.

“Copia Certificada” es una película poliédrica y profunda, tanto en el aspecto formal del lenguaje cinematográfico como en el trasfondo existencial de sus personajes, que permanece abierta a tantas interpretaciones como espectadores tenga. Una película minimalista sobre la realidad y su representación, sobre el amor verdadero y sobre el pretendido, sobre el paso del tiempo y sobre el espectador que lo ve encarnado en esa pareja que le interpela con sus miradas a cámara.

Una película triste y antigua, en la cual se pone de manifiesto la incapacidad humana para mantener el deseo a lo largo del tiempo hacia la persona amada. Nadie es capaz de sorprendernos cada día, de hacernos permanentemente felices, de acompañarnos en el paseo de la vida sin cansarse. La desidia que ejerce el tiempo, no a todos nos afecta por igual. En tono alegórico, -y aquí es donde deberíamos centrarnos-, la copia que es uno mismo, la copia que ha generado el tiempo y que ha cambiado nuestro aspecto y nuestro mundo, es igual de válida que el yo original. Él repite en dos ocasiones que ella ha cambiado, pero no lo recrimina, lo deja constatar, lo aclara porque a pesar del cambio, ella es igual de original y el amor, no será el mismo, pero sigue presente:

“Copia certificada” es una película abierta a posibles significados que ahonda de una manera sutil en la propia naturaleza del cine: ser una copia distorsionada de la realidad.

 

ABBAS KIAROSTAMI

Nació el 22 de junio de 1940 en Teherán, Irán. Desde pequeño demostró tener talento para el dibujo, y a los 18 años se inscribió en un concurso de arte gráfico y ganó. Estudió en la Escuela de Bellas Artes de Teherán mientras se ganaba la vida como diseñador gráfico, ilustrador de carteles y director de anuncios publicitarios. En 1969 fundó la sección de cine del Instituto para el Desarrollo Intelectual de Niños & Adultos Jóvenes, donde dirigió sus primeros cortometrajes.

En su primer corto, “El pan y la calle” (Nan va Koutcheh, 1970), Kiarostami explora el terreno de las imágenes y la relación entre realismo y ficción. Su tema favorito, el universo de la infancia, se expresa en una larga serie de películas, en las que ha logrado establecer un equilibrio sutil entre la narración y el género documental.

“La tarea del colegio” (Mashgh-e Shab, 1989), es un excelente ejemplo de cine cálido y poético que denuncia con prudencia los aspectos más duros de la sociedad iraní. 

Con “Primer plano” (Nema-ye Nazdik, 1990), mezcla documental y drama a través de una historia en la que un fanático del cine finge se el reputado director Moshen Makmalbaf.

“Dónde está la casa de mi amigo? (Khane-ye doust kodjast?,1987) es la historia de un niño que busca la casa de uno de sus compañeros para devolverle su cuaderno.
“La vida continúa” (Zendegi va digar hich, 1992), narra la tragedia humana provocada por el gran terremoto que sufrió Irán en 1990. Un director de cine y su hijo deciden, tras el terremoto, visitar el pueblo donde realizaron “Dónde está la casa de mi amigo?; para saber cómo estaban los niños actores que participaron en ella.

En 1994, Kiarostami realiza “A través de los olivos” (Zire darakhatan zeyton), una nueva versión de  “La vida continúa”, pero incorporando una historia de amor.
“El sabor de las cerezas” (Ta’m e guilass,1997) fue su consolidación como director. La película, que narra la historia de un hombre de 50 años obsesionado con el suicidio, es una oda a la libertad individual.

“El viento nos llevará” (Bad ma ra khahad bord, 1999) habla del rodaje de una película en la pequeña localidad kurdo-iraní de Siah Dareh, que provoca una pequeña revolución entre sus habitantes, convencidos de que los miembros del rodaje son en realidad buscadores de un tesoro que es halla en el cementerio local.
“ABC África” (2001) es la respuesta a una invitación del Fondo Internacional de Desarrollo Agrícola FIDA, de las Naciones Unidas, para rodar una película acerca de los huérfanos enfermos de  Sida en Uganda, Kiarostami y su equipo viajan hasta allí para documentarse y preparar el rodaje de un documental.

En el año 2002, rueda “Diez”, un riquísimo retrato de la situación de la mujer en la sociedad iraní. “Shirin” (2008) es una película en la que muestra a las espectadoras (todas mujeres) de una sala de cine que están viendo un película basada en un cuento persa.
“Copia Certificada” (Copie conforme), primera que Kiarostami realiza fuera de Irán y con la participación de actores profesionales.

CACHÉ (ESCONDIDO)

Por: Mario Arango Escobar.

CACHÉ (ESCONDIDO) (2005). GÉNERO: DRAMA. DURACIÓN: 117’

Dirección y guión: Michael Haneke. Intérpretes: Daniel Auteuil, Juliette Binoche, Maurice Bénichou, Annie Girardot, Lester Makedonsky, Bernard Le Coq, Walid Afkir, Daniel Duval . Fotografía: Christian Berger. Música: No tiene.

Sinopsis: Georges Laurent, es un intelectual, de buen nivel económico; trabaja como presentador de un programa de TV sobre literatura. Su mujer, Anne, trabaja como editora de programas de TV. Tienen un hijo, Pierrot, de 12 años. Su vida tranquila y acomodada se ve sacudida cuando reciben unas cintas de video y unos extraños dibujos.

Octavo largometraje del realizador Michael Haneke, que también escribe el guión. Se rueda en París y Viena. Obtiene tres premios en el Festival de Cine de Cannes (director, Gran Premio Internacional de la Prensa FIPRESCI y Jurado Ecuménico) y cinco más del Cine Europeo.


Una película para volverse loco, muy al estilo Haneke, en la que el espectador siente a lo largo de todo el film la tensión y la frustración del personaje encarnado por Daniel Auteuil, sin que sepamos qué hacer para evadirnos de esa sensación que nos atrapa. La desesperación de los protagonistas, nace desde el principio, cuando sin saber nada de ellos; se nos presenta la trama principal de la película. La forma tan particular de grabar y las inseguridades e incertidumbres de los protagonistas hacen el resto para que no tengamos ni un respiro durante toda la película.

Haneke nos va desvelando sus cartas lentamente, y con el paso del metraje nos vamos dando cuenta de que la inquietante situación que vive este matrimonio no les une en contra de esa perturbación exterior, sino que les enfrenta y confronta, sacando a relucir sus secretos, si bien, es cierto que, finalmente vuelven a unirse, pero para evitar que la verdad que intuyen salga a flote y acabe con su preciada farsa. Haneke lleva esa situación familiar al plano nacional, convirtiendo su cinta en un alegato a la culpa. Surge así, la mejor crítica contra la política belicista, la indiferencia gubernamental (esa tele que permanece encendida y que nadie parece mirar), las injusticias históricas, el racismo…

Con la sencillez y precisión propia de los grandes cineastas, logra una obra de insondable complejidad temática. Rueda con austeridad, depuración formal y ausencia de música, en buena parte mediante el uso de largos planos con cámara fija y planos secuencias. La puesta en escena, muestra a los protagonistas incluso de espaldas, y en ocasiones parece que están siendo observados a través de una ventana o desde otra habitación. Tiene la audacia de dar el mismo tratamiento visual a las grabaciones de vídeo que al resto de la ficción. Más de una vez se confunden, con lo que produce la sensación de que es el propio espectador el que espía, y le hace cómplice de esta intromisión.

Al igual que un viejo francotirador, dispara contra la moral que rodea al matrimonio formado por Anne y Georges. Sin detenerse demasiado, pero con meridiana claridad, expone las frágiles bases en las que se asienta esta vida, la mentira, las difíciles relaciones generacionales y la incomunicación entre la pareja.

Lo cierto es que el film plantea interrogantes que el espectador ha de respetar, asumir y resolver por sí mismo. Posiblemente el nudo principal radica en saber apreciar la intrascendencia de las cintas y la irrelevancia de la identidad de los autores de las mismas. Lo importante sería la exploración de las consecuencias que la recepción de las cintas provoca en las personas. Por otro lado, lo que más terror produce es la banalidad de la historia. La mayoría de los diálogos son triviales y no sirven para nada salvo para mostrarnos que una pareja se desintegra desde la banalidad y eso es lo que poco a poco les va sucediendo a Auteuil y Binoche.

No cabe duda de que ”Caché” es un inquietante cuento moral abierto a múltiples interpretaciones individuales, que transcurre en una dinámica de tensión hasta desembocar en un larguísimo y absolutamente genial plano en el que todas las soluciones parecen posibles.
La cinta sólo plantea, agita la conciencia, pero no cae en la tentación de imponer soluciones, ni pretende convencer. Constata que las diferencias sociales y raciales parecen insuperables. Michael Haneke deja en el aire varios interrogantes, lo que aumenta todavía más la sensación de desasosiego. Lo importante no son los hechos, sino el proceso de revisión que ha desencadenado. La película implica en todo momento a las emociones del espectador, y traslada a éste, las inquietudes y el miedo de esta pareja. Pero de la misma manera que le implica emocionalmente, exige de este mismo espectador su contribución a la resolución de la historia.

Si vemos la película con detenimiento, nos daremos cuenta de que en realidad, la película no es más que una historia paralela a un hecho muy concreto que ocurrió en Francia en el 61. Un hecho del que se supo muy poco hasta mediados de los años 70. El genocidio que llevó a cabo Francia contra los argelinos. Daniel Auteuil lo menciona de pasada, y esa es la piedra angular de la historia. No es casual que el film se titule Caché (Escondido) ¿qué es lo que está escondido? pues el pasado de Francia y concretamente este bochornoso hecho, lo denuncia el director. Denuncia a todo aquel que se ha mantenido mudo ante tal atrocidad (la prensa representada por el personaje de Auteil), denuncia también de algún modo, a los propios argelinos que también se han callado (el personaje de Maurice Bénichou).

En lo que se refiere al final de la película la verdad es que no podía acabar de otra forma puesto que en una película en la que nada se sabe con certeza el final no puede desvelar gran cosa y en este añade un último gramo de intriga. El hecho de que al final se vea al hijo de Georges y al hijo del argelino hablando a la salida del colegio hace que se piense que puedan ser los responsables de las grabaciones pero una vez más nada más lejos de la realidad ya que da la impresión de que ellos mismos están siendo grabados. Este final no supone el fin de la historia, puesto que esta sigue trabajando dentro de nosotros, lenta, desconcertante, dejando una incómoda sensación que nos obliga casi a poner nosotros mismos un punto final al drama.

La banda sonora no incluye música. La fotografía, de Christian Berger, en color, usa planos fijos y largos, movimientos de cámara suaves y lentos, contrastes de luz intensos, una ambientación austera, encuadres descentrados y planos de cámara subjetiva.
En el apartado de las interpretaciones, hay que destacar el trabajo de Auteuil, sublime en el papel de padre y esposo inseguro, con un pasado que lo atormenta y tortura. Sin duda la confirmación de que estamos ante uno de los mejores actores franceses del momento. Juliette Binoche, por su parte, nos regala una vez más, toda una demostración de su talento, con un personaje lleno de matices, que logra a la perfección.

“Caché (Escondido)” tiene tres líneas básicas: la temática de la culpabilidad negada (escondida) en su protagonista, una línea alegórica en la que la culpabilidad se traspasa del protagonista a toda Europa, y una tercera en la que la infancia y la educación se revelan como el momento clave en que todo puede llegar a ser distinto o continuar siendo lo mismo.

Con esta película Haneke demuestra una vez más, por qué es uno de los cineastas más inteligentes, perturbadores, inquietantes, talentosos e insobornables del cine actual.