CARTAS AL PADRE JACOB

Por: Mario Arango Escobar.

CARTAS AL PADRE JACOB (2009). GÉNERO: DRAMA. DURACIÓN: 72’. PAÍS: FINLANDIA.

Dirección: Klaus Härö. Guión: Klaus Härö, Jaana Makkonen. Intérpretes: Kaarina Hazard, Heikki Nousiainen, Jukka Keinonen, Esko Roine. Título original: Postia pappi Jaakobille. Fotografía: Tuomo Hutri. Música: Dani Strömbäck.

Sinopsis: Leila es una mujer sobre la que recae una condena a cadena perpetua. Un día recibe una notificación: ha sido perdonada. Al recuperar su libertad, Leila es contactada por el Padre Jacob, un anciano cura ciego que vive en un pequeño pueblo, para que le ayude a responder la correspondencia. Inicialmente, Leila, que no le encuentra sentido a la labor del sacerdote, rechaza el nuevo trabajo, pero poco a poco, gracias a la paciencia del cura, la mujer experimenta un profundo cambio.

El director finlandés nos presenta una historia sencilla, adusta y densa, con marcado eco del mejor cine nórdico de Kaurismaki, Bergman o Dreyer. Sin hacer alarde de sofisticados recursos-ni técnicos ni narrativos- logra conmover al espectador y plantearle profundas reflexiones sobre el amor y el perdón.

Haro construye su filme apoyándose en un guión (también de su autoría) que sorprende por lo conciso y sólido, donde escasean las palabras y abundan los silencios y donde los parcos diálogos remiten a emociones y sentimientos reprimidos.
La historia, nada predecible, va desarrollándose de manera pausada y parsimoniosa, y el director pone su atención sólo en lo esencial. Tan sólo dos personajes son suficientes para componer este relato minimalista que se asemeja a una pieza teatral de cámara. La relación entre Leila y el padre Jacob se sostiene sobre la correspondencia que éste recibe de sus feligreses y está permeada por una constante tensión, surgida a partir de la dependencia mutua que se establece entre ellos. Cuando las cartas dejan de llegar, el sacerdote se cuestiona sobre su misión y la vida parece que ya no tiene sentido para él.

En este punto, la historia experimenta un giro que el director sabe conducir acertadamente hasta un final, en el que asistimos a una dramática revelación.
Con desplazamientos a veces sutiles de la cámara, a veces con planos fijos, observamos lo que transcurre en el interior de la casa donde viven los personajes y conocemos el entorno que la circunda. Para destacar los hermosos primeros planos de los objetos y de la hermosa naturaleza escandinava, que una fotografía de tonos grises y fríos recoge. El protagonismo de la luz es total. El recurso de la profundidad de campo, acertadamente es empleado para establecer espacios, establecer relaciones entre Leila y el sacerdote, e introducirnos en sus sentimientos.

Por su parte, la banda sonora acompaña perfectamente el trasfondo del filme, impactando  de manera contundente en los sentimientos del espectador.
La estética y la austeridad de Haro, no sólo se circunscriben al apartado técnico, están presentes a la hora de elegir a sus actores. No acude a figuras de renombre, ni a arquetipos de belleza “hollywoodense”. En esta esta ocasión los encargados de encarnar al Padre Jacob y a Leila, son Heikki Nousiainen y Kaarina Hazar, respectivamente. Ambos realizan unas interpretaciones magistrales, creíbles. El tercer personaje, el del cartero, cumple también a cabalidad con su rol, y le imprime a la película este tono de humor que permite respirar y compensar la dureza de la historia.

Sencilla, escueta, “Cartas al padre Jacob”, es una verdadera joya del cine actual que habla de sentimientos y experiencias íntimas, y en este sentido podría clasificarse como una película espiritual. Su interés radica precisamente en eso, en que habla de temas que no son los más recurrentes en el cine contemporáneo: en todo asesino, en todo hombre o mujer caído en desgracia, es posible, gracias al amor  encontrar un gran ser humano.

KLAUS HÄRÖ

Nació en Porvoo (Finlandia) en 1971. Posee una maestría en arte y estudió dirección en la Universidad de Artes Industriales de Helsinki. Ha dirigido documentales y cortometrajes, entre ellos,  “Kolme toivetta” (2001) que cuenta la historia de tres niños que padecen cáncer.

Logra el reconocimiento internacional con “Elina” (2002), que cuenta la historia de una niña que después de recuperarse de la tuberculosis, enfermad de la cual murió su padre, regresa al colegio. Con esta película Haro obtuvo el premio “Reconocimiento Ingmar Bergman”.

En 2003 realiza el mediometraje documental “Statisti”. En el año 2004 recibió el Premio de las Artes de Finlandia. “Adiós mamá” realizada en el 2005, cuenta  una historia de desarraigo infantil que tuvo lugar durante la Segunda Guerra Mundial.
“The new man” (Den nya människan, 2007). Ambientada en 1950, es una historia que se desarrolla en Suecia, en la cual una joven es internada (contra su voluntad) en una institución donde esterilizan a las mujeres.

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