DESDE QUE OTAR SE MARCHÓ

Por: Mario Arango Escobar.

JULIE BERTUCCELLI

Nació en 1968, en París. Es hija del cineasta francés Jean-Louis Bertuccelli. Estudió filosofía, antes de ingresar a la carrera de realización cinematográfica, en los Ateliers Varan, en París.

Trabajó como asistente de dirección al lado de cineastas tan importantes como: René Féret (Promenades d’eté, 1992), Krzysztof Kieslowski (Trois Couleurs, Bleu et Rouge, 1993-1994), Bertrand Tavernier (L’appat, 1995), Otar Iosseliani (Brigands, Chapitre vii, 1996), Emmanuel Finkiel (Madame Jacques sur la croisette, 1997).

Posteriormente se consagra como directora de documentales. Entre las realizaciones de este género, merece la pena destacar “Bienvenue au grand magasin” (1993) y “Un Monde en fusión” (2001).

En el 2003 realiza su primer largometraje de ficción “Desde que Otar se marchó”, con el cual obtuvo el Gran Premio de Jurado de la Semana de la Crítica en Cannes en 2003 y el César 2004 a la mejor ópera prima de ficción.

En el 2010 realiza su segunda película “El árbol” una historia que aborda el tema del duelo de una familia, ante la muerte del padre.

DESDE QUE OTAR SE MARCHÓ (2003). GÉNERO : DRAMA. DURACIÓN : 103’. PAÍS : FRANCIA.

Dirección : Julie Bertucelli. Guión: Julie Bertucelli, Bernard Renucci. Intérpretes: Esther Gorintin, Nino Khomasuridze, Dinara Drukarova, Temur Kalandadze, Rusudan Bolqvadze, Sasha Sarishvili, Duta Skhirtladze, Abdallah Mundy. Fotografía: Christophe Pollock. Música: Antoine Duhamel, Dato Evgenidzé, Arvo Pärt.

Sinopsis: Otar, un georgiano que viaja a París en busca de mejores condiciones de vida, deja en su país de origen a su anciana madre, que vive pendiente de recibir noticias suyas. Pasan varios días desde que recibe su última carta. Otar ha muerto, y Marina, su hermana, preocupada por la salud de la anciana madre, decide ocultarle la verdad. Es entonces cuando en complicidad de Ada, empieza a escribir cartas que hacen pasar como escritas por Otar…

La novel directora francesa parte de un hecho real para ésta, su primera película: “Un día escuché la historia de Otar, es una historia verdadera: un amigo tuvo que empezar a escribir cartas falsas para esconderle la muerte de su tío a su abuela. Después cambié todos los personajes, la historia real sólo me inspiró, aunque también se desarrolla en Georgia. Lo que era importante para mí era la historia de la mentira. Con este tipo de historia no era posible hacer un documental, es demasiado íntima; es la primera vez que algo me provoca hacer ficción, ya que la mentira es muy cinematográfica”.

“De inmediato me imaginé a estas tres mujeres, las cartas, los lugares; de pronto tuve muchas ganas de hablar de muchas cosas. Es una historia muy rica, se pueden inventar diferentes situaciones, hablar del exilio, de la migración, de la caída del comunismo, del capitalismo, de la relación de tres generaciones de mujeres y cómo es su vida compartiendo una misma casa, cómo se manipulan unas a otras; la manipulación de las mentiras, los motivos para decirlas: ¿es sólo por amor o tal vez por otras razones? Y la mentira también como creación artística, porque mentimos para crear cosas, para atraer a los otros, para inventar la vida, para transformarla. En esta historia utilizo la mentira para cambiar la vida de estas mujeres: cada una manipula a las otras a través de la mentira, para hacer de su vida algo diferente, para inventarla”

Con gran acierto, la realizadora construye el retrato de tres mujeres, tres generaciones, que a pesar de sus diferencias, comparten muchas cosas en común. La abuela (Esther Gorintin), una mujer mayor, que aún conserva el deseo de disfrutar la vida. La madre (Nino Khomassouridze), aunque aún es joven está marcada por la frustración y la infelicidad. La hija (Dinara Droukarova), sensible y con ansias de una vida mejor.

El sincero lazo afectivo que une a las tres mujeres se expresa en un lenguaje más elocuente que las palabras. Pequeños detalles, gestos y miradas sutiles; son la base de la narrativa que la novel directora elige para contarnos la recreación de su historia. Acorde con esta intención, está la puesta en escena donde el ingrediente principal es la delicadeza, y de esta manera logra suavizar la trágica verdad, sin que por ello el relato pierda fuerza ni rigor.

Una cámara que se detiene en los más pequeños detalles, no sólo en los rostros de los personajes, sus sonrisas, sus miradas, sus arrugas; la mirada tierna y sensible de la directora, también se pasea poéticamente por los espacios, por los objetos llenos de memoria…

Tres personajes encarnados por tres actrices, soberbias en sus respectivas interpretaciones. Merece, claro está, resaltar la participación de Esther Gorintin, quien a sus 90 años, convence y conmueve con su histrionismo, su naturalidad y su pícara coquetería. Ella es, a mi parecer, la que logra que los personajes de la historia sean verosímiles. En cuanto a Otar, si bien su aparición en pantalla es fugaz (solo le vemos en una oportunidad), y poco sabemos de él, es el personaje que sirve para armar el relato.

Podríamos decir que “Desde que Otar se marchó”, es un drama con tintes de humor negro, pero así mismo posee un trasfondo político, el cual se evidencia en la forma que en cada una de las mujeres protagonistas piensa sobre Stalin. La abuela (Eka), que conoció de cerca el régimen del líder, ya que pasó muchos años en URSS, afirma que Stalin no hubiera permitido una crisis económica como la que ahora tienen que padecer. Por lo tanto ella es stalinista ciento por ciento. Para Marina, en cambio, que sufrió la digresión de potencia comunista, afirma que Stalin fue un asesino consumado. Y para Ada, que no vivió, ni lo uno ni lo otro, y para quien Stalin es un desconocido, no duda en afirmar que “le importa un bledo”.

La crítica especializada ha ponderado “el pulso firme y una refinada percepción emocional para el equilibrado tratamiento de la historia y los personajes, destacando además la inteligencia de Julie Bertucelli para elaborar, sin golpes bajos una trama donde una mentira piadosa se convierte en una verdadera ética del amor al prójimo”.