RECONSTRUCCIÓN

Por: Mario Arango Escobar.

RECONSTRUCCIÓN (1970). GÉNERO: DRAMA. DURACIÓN: 100’. PAÍS: GRECIA.

Dirección y guión: Theodoros Angelopoulos. Intépretes: Thanos Grammenos, Toula Stathopoulou, Yannis Totzikas, Petros Hoedas, Nicos Alevras, Yannis Balaskas. Título original: Anaparastasi. Fotografía: Giorgos Arvanitis. Música: Varios.

Sinopsis: con la complicidad de su amante, una mujer asesina a su marido que regresa después de haber estado ausente algún tiempo. A pesar de las precauciones de los amantes, un familiar de la víctima sospecha de la situación y pronto la pareja es detenida. Las autoridades ordenan la reconstrucción de los hechos.

Esta ópera prima de Angelopoulos, se realizó en la época de “Los Coroneles”, uno de los momentos más difíciles durante el siglo XX en Grecia.

El director, a pesar de haber nacido y estar radicado en Atenas, se decidió a filmar en provincia, concretamente en el pueblo del Epiro, lo cual era una apuesta bastante arriesgada para ese momento, debido a la gran brecha cultural que separaba a ambos entornos. La película está basada en un hecho real, que reportaron los periódicos, sobre un extraño crimen pasional. Aunque la intención del director no es realizar un documental, la película mezcla la ficción con apartes que muestran, a manera de trasfondo documental, la reconstrucción del crimen. De esta manera, Anelopoulos da inicio a su reflexión sobre el mundo griego y sus conflictos.

Desde el inicio, el narrador nos presenta un desolado panorama: “nos encontramos en un pueblo al norte de Epiro, cerca de Albania, el cual tenía una población de 1250 habitantes en 1931 y de 85 en 1965”; ¡Los datos hablan por sí mismos! Es, precisamente, en este gran plano en blanco y negro de un pueblo abandonado donde Angelopoulos aprovecha para mostrarnos a un hombre que regresa, después de haber pasado varios años trabajando en Alemania. Asistimos al indiferente y apático reencuentro con la esposa, a la que dejó abandonada en ese rincón perdido, solitario y gris. Una mujer que pese a su soledad trata de rehacer su existencia…La vuelta de Agamenón a Micenas, después de la guerra, dejando a Clitemnestra sumida en la incertidumbre del regreso. Una mirada a la mitología griega que Angelopoulos va a reiterar en todo su cine.

La reconstrucción es hecha a través de tres miradas: la de la policía, la de los periodistas y la del director-narrador.  Angelopolous aprovecha este film para adentrarnos en esa Grecia rural, y describe de manera magistral la vida en aquellos pueblos, alargando al máximo sus planos-secuencia para recrear el más mínimo detalle, por pequeño que éste pueda ser. Su interés particular reside en explorar el poder de las imágenes y del tiempo. En esta oportunidad, sobresalen las escenas nocturnas, los claroscuros y las siluetas que logran definirse con variaciones a partir del tipo de iluminación que se utiliza. Dichas imágenes son sutilmente sincronizadas con música incidental griega y con sonidos ambientales provenientes de cánticos y bailes populares.

Desde su primer film, Angelopoulos se adentra en la plasmación de un tiempo interior que no es precisamente el del cine más popular, como él mismo nos lo dice, advirtiendo eso sí, que no es tratando de restarle importancia al espectador: “La lentitud o la rapidez de mis películas es un tiempo interior y yo trabajo como me pide mi tiempo interior (…) No es verdad que no me importe el público. Yo trabajo como sé y creo. Espero no haber perdido la nostalgia de ser fiel a mí mismo. Hemingway escribía con frases cortas y Faulkner con frases largas, pero el final de ambos es el mismo: el monólogo interior”.

En cuanto a los personajes, en su gran mayoría, mujeres y niños, llama la atención el desconocimiento que tenemos de sus sentimientos. Es así como el padre que regresa, es un total desconocido, no sólo para sus hijos, sino también para nosotros, espectadores, que no sabemos nada de sus pensamientos, solo le vemos compartir una comida con su familia, y la comunicación es escasa. Pareciera que el director nos invita, de esta manera a que nos preguntemos más sobre su identidad. Lo mismo podemos decir de la comunidad, donde aparecen personajes que tampoco tienen una definición clara.

Con una preciosa fotografía en blanco y negro, que denota la sensibilidad del director; la presencia de la lluvia, cadenciosa y melancólica, Angelopoulos describe sobriamente la mísera vida de unas gentes y el incierto destino que espera a los hijos de la familia que ha padecido la tragedia del asesinato del padre.

Reconocimientos:

Premio al Mejor Nuevo Director, Premio a la Mejor Película Artística, Premio de la Asociación Helénica de la Crítica a la Mejor Película en el  Festival de Tesalónica, 1970.

Premio Georges Sadoul a la Mejor Película del Año proyectada en Francia, 1971.

Premio Mención Especial de la FIPRESCI del Festival Internacional de Berlín, 1971.

Premio a la Mejor Película Extranjera en el Festival de Cine de Hyères, Francia.

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