ÉRASE UNA VEZ EN ANATOLIA

Por: Mario Arango Escobar.

nuri-bilge-ceylanNURI BILGE CEYLAN

Nació en Estambul en 1959. Cursó estudios de Ingeniería Química en la Universidad Técnica de Estambul en 1976 y de Ingeniería Eléctrica en la Universidad de Bogazici en 1978. Estudió cine en la Universidad Mimar Sinan de Estambul y trabajó como fotógrafo, abandonando sus estudios universitarios y lanzándose a la práctica cinematográfica. En 1993, dirigió su primer cortometraje “Capullo” (Koza) y es el primer cortometraje turco proyectado en Cannes en 1995.

En 1998, rodó su primer largometraje, “El pueblo” (Kasaba,1997) que trata sobre las relaciones entre los miembros de una familia turca en una pequeña ciudad. La historia está contada desde la perspectiva de dos niños, y dividida en cuatro partes que van paralelas a las estaciones.

Ceylan obtiene el reconocimiento internacional en 1999, con su segunda película “Nubes de Mayo” (Mayis Sikitinsi), con la cual participa en el Festival de Berlín. “Dedicada al dramaturgo ruso Anton Chéjov, es la historia en la que un cineasta regresa a la aldea de sus padres para realizar un documental sobre su familia.”

En el año 2002, realiza “Lejano” (Uzak, 2002), Como lo indica su título, la película pone su acento en la lejanía entre los seres cuando éstos pierden sus ideales dentro de una sociedad en crisis. La película fue galardonada con el Gran Premio y con el Premio al Mejor Actor en el Festival de Cine de Cannes.

En el año 2006, participa nuevamente en Cannes, esta vez con “Los climas” (Iklimler), donde contaba la crisis de una pareja, con él y su esposa en los papeles protagónicos.

Dos años más tarde, realiza “Tres monos” (Üç Maymun), film que nos introduce en la historia de una familia signada por la incomunicación. Con esta película obtiene el Gran Premio del Jurado, como mejor director, en el Festival de Cine de Cannes 2008.

“Érase una vez en Anatolia” (2011), película que analizaremos en nuestro cineclub.

CAH-Érase-una-vez-en-Anatolia-estrenosÉRASE UNA VEZ EN ANATOLIA/ BIR SAMANLAR ANADOLU’DA. (2011). GÉNERO: DRAMA. DURACIÓN: 158’. PAÍS: TURQUÍA.

Dirección: Nuri Bilge Ceylan. Guión: Ercan Kesal, Ebru Ceylan y Nuri Bilge Ceylan. Intérpretes: Muhammet Uzuner, Yilmaz Erdogan, Taner Birsel, Ahmet Mümtaz Taylan, Firat Tanis, Ercan Kesal, Erol Eraslan, Murat Kiliç. Fotografía: Gökhan Tiryaki. Música: Okan Selçuk y Mehmet Kılıçel.

Sinopsis: la película cuenta la historia de una brigada policial y judicial encargada de encontrar el cadáver de un hombre y esclarecer quien fue el autor del crimen.

En sus anteriores películas Nuri Bilge Ceylan ya había mostrado su admiración por el cine del gran maestro Tarkovski. Ahora, con “Érase una vez en Anatolia”, el director turco se erige, sin lugar a dudas, como uno de sus discípulos más aventajados, y logra la consolidación de su personal estilo.

Desde las primeras imágenes de este maravilloso film, nos encontramos con una estética llena de metáforas y de símbolos que por momentos nos llevan a un universo totalmente poético.

La película se inicia con tres personajes conversando animadamente. Seguidamente la cámara sigue a uno de los hombres que se desplaza hacia el exterior. Poco después nos enteramos que uno de los hombres ha sido asesinado, y que otro está señalado como sospechoso de haber cometido el crimen. .

A partir de este momento acompañaremos a la comisión de policías, fiscales, médicos forenses, y del sospechoso del crimen en una búsqueda interminable por carreteras laberínticas y desoladas. Según afirma el acusado, cuando cometió el delito, estaba borracho, y no recuerda el sitio donde ocurrieron los hechos; razón por la cual, el hallazgo del cadáver se dificulta. Esta podría ser la primera parte de la película, caracterizada por la ausencia de diálogos, y por la deslumbrante estética que el director imprime a través de la cámara. Una cámara que simplemente se encarga de acompañar, registrando cada momento, sin perder ningún detalle…

Este recorrido nocturno, agobiante, tiene una clara connotación simbólica, que visualmente se expresa en magníficos planos generales, en los cuales la presencia del hombre se advierte totalmente insignificante.

De igual manera, sorprende el talento de Ceylan, para que el espectador perciba la historia como si ocurriera en tiempo real, mostrándonos, a través de una aparente y callada tranquilidad, una atmósfera de tragedia y desolación; sobre todo en esta primera parte de film.

Una segunda parte del film, más intimista y en la que algunos personajes ponen de presente sus sentimientos, sus recuerdos, y sus frustraciones más profundas. La noche da paso al día. Los planos se hacen más cercanos, y la atención se centra en personajes individuales.

Un recurso muy bien manejado por el director turco es el de alternar el protagonismo en algunos de los personajes, y así vemos como el médico, de observador pasivo, se vuelve, activo. Y la cámara es clave para subrayar esta intención, que además nos acerca a las discusiones y confesiones de estos hombres. No obstante, lo que logramos conocer de cada uno de los personajes, son meros datos fragmentarios, que no permiten tener conocimiento preciso sobre ellos. Y aquí podemos comprender cómo la búsqueda del cadáver es sólo una excusa, que Ceylan emplea, a modo de metáfora, para hablarnos de temas más transcendentales, como el significado y sentido de la existencia, la muerte, la justicia, el perdón y la culpa.

Una banda sonora que contribuye a crear el clima perfecto para la historia, con un empleo magistral de los silencios, y del sonido ambiente (el viento, la lluvia, el tráfico vehicular). Ya que la imagen se expresa por sí misma, Ceylan puede darse el lujo de prescindir de la música, y de esta manera, despojada de adornos, hacernos contemplar el plano en su real dimensión.

Sobresaliente también la memorable fotografía, a cargo de Gökhan Tiryaki, con un manejo exquisito de la luz, haciendo que muchos planos parezcan auténticos cuadros que remiten a los maestros holandeses.

“Érase una vez en Anatolia” es desde todo punto de vista, una obra imprescindible, que a partir de una historia aparentemente cotidiana, nos plantea reflexiones profundas y trascendentes. Una película, que más respuestas, sugiere preguntas y sobre todo un film que no termina con su proyección sino que continuará en nuestras mentes inquietándonos y demostrando el poder que toda obra de arte auténtica, posee.

Premios:                                                                                                                        2011: Festival de Cannes: Gran Premio del Jurado.                                                     2012: Premios del Cine Europeo: Nominada Mejor Director y Mejor Fotografía.                2012: Independent Spirit Awards: Nominada a Mejor Película Extranjera.

Entrevista a Nuri Bilge Ceylan sobre la película en Cannes 2011.

P: Parece que “Era una vez en Anatolia” se inspiró en una historia que verdaderamente ocurrió a su co-­guionista que también es médico, Ercan Kesal. ¿Qué es lo que le pasó realmente?

N: Se acordaba haber buscado un cuerpo, durante la madrugada, pero sin darme más detalles. Es más bien la situación lo que nos sirvió a nosotros como punto de partida.
¡Cuando Ercan comenzó a escribir el guión con nosotros, {coguionista: Ebru Ceylan}, se
había olvidado de todo! Uno piensa en el accidente en “Tres monos”.
El asesinato no aparece y comienza la búsqueda. Al principio, el público se siente un poco
perdido. Si usted quiere encontrar algo, primero hay que perderlo. Efectivamente quería
que los espectadores no tuvieran más información que los personajes y qué, poco a poco, se fuera aclarando. No me parecía importante en este prólogo, saber si era un
homicidio, una pelea, o un accidente. No es la verdad que buscaba. No me pareció esencial mostrar lo que ocurrió. No me apetecía que el público estuviera mas informado que mis protagonistas.

P: ¿Por qué quiso enseñar a los tres personajes en el prólogo?

N: Quería que se viera al hombre vivo porque, así se sentirá más su muerte: les vemos beber alcohol, y luego, cuando vemos al otro en el coche, comprendemos entonces que lo ha asesinado. Un elemento también importante es el perro que se verá mucho más tarde.

P: ¿En qué región de Turquía rodaron?

N: En el centro de Anatolia, a dos horas en coche de Ankara

P: Los espectadores necesitan tiempo para enterarse cuáles serán los personajes principales. Durante mucho tiempo el doctor, por ejemplo, es un observador pasivo.

N: Pero si usted mira bien, la cámara acompaña al doctor desde el principio al final. Jamás ruedo nada que esté fuera de su campo de visión. Muestro a otros personajes en la medida en que están en relación con él. De observador pasivo, se vuelve poco a poco participante. El corazón de la película, es su relación con el fiscal, porque le obliga a cuestionarse y a evolucionar durante este viaje. El espectador esta inducido a ver las cosas bajo un prisma diferente. Frente al espejo, al final, el médico no puede soportar su mirada.

P: Por su profesión está en contacto con el sufrimiento, la enfermedad, la muerte, eso ha hace que se construya una coraza y adopte un comportamiento frió que va comenzará a derretirse.

N: Él empieza a sentir compasión por los demás, hacia el asesino, hacia la mujer con el niño. Por primera vez, es capaz de sacrificar algo de si mismo, de ser menos egoísta. Es por lo menos lo que se puede suponer, porque no quiero decir más que lo que la película muestra. Definitivamente, se da cuenta que algo cambió en él, pero no sabemos cómo. Mi suposición es que por primera vez asumió riesgos en su carrera, su profesión.

Las razones de esta evolución pueden ser muy diversas y no estamos seguros de nada. Posiblemente, el asesino le agradeció, posiblemente tiene que ver con el niño. Hay personas que podrían ser capaces de cambiar, pero que deciden no hacer nada. Este es un momento crítico en la vida del Dr. Cemal, ya pesar de sus recelos, decide evolucionar.

P: La breve secuencia con la chica joven se ve como un sueño.

N: Esto dura algunos segundos y se parece a un sueño, pero es muy real. No utilicé ningún elemento onírico y la rodé como si fuera realidad. También sembré la película de algunos robos a cuatro novelas de Chejov. En todas mis películas, por otra parte, hay citas de Chejov. También era médico, y su obra habla de todos los aspectos de la vida, y es ella la que alimenta su inspiración en cualquier momento.
También se podría decir que la chica con la lámpara se inspira en las pinturas de Rembrandt o Vermer, pero el hecho viene de realidad, del contexto. Yo mismo viví este tipo de situación. Por ejemplo, cuando hacía el servicio militar, podía pasar tres meses sin que viéramos a una sola mujer, vivíamos entre hombres. Cuando una joven chica aparecía en nuestra vida, era como un milagro. Cuando caminábamos durante días y encontrábamos a una hermosa mujer en un lugar perdido, esto producía una emoción llena de melancolía. Esto no era sexual, sino que evocaba el recuerdo de una esposa o de una novia.

Para el asesino, esto tiene un significado diferente. Mientras escribía el guión, hablé con responsables de la policía y funcionarios de Anatolia. Me contaban que sospechosos, podían no pronunciar ni una palabra ni confesarse durante tres días, y de repente, después de haber visto a una mujer u oído el grito de un niño, podían romper a llorar y comenzar a reconocerlo todo. Esta era una experiencia muy común en el ejercicio de su profesión.

P: Usted es consciente que para el espectador, la primera parte del cuento puede ser agotadora.

N: Por supuesto. Quería que sintiera las mismas impresiones que los personajes. Por otro lado, el sistema anima los directores a hacer películas de una duración estándar, digamos noventa minutos. Los guionistas tienen mucha más libertad y pueden escribir una novela de cincuenta o de quinientas páginas. Envidio esta libertad, y quería escapar de la norma que la industria impone. Esto puede desanimar a ciertos espectadores, pero también puede seducir a otros.

P: ¿Cuál sería la verdadera esencia del film?

N: La idea del film es que todos somos juguetes del destino y eso se muestra en 2 secuencias especialmente simbólicas: cuando el eternamente hambriento Alí el árabe sacude un manzano en la noche y una de ellas rueda cuesta abajo hasta caer en un arroyuelo y juntarse con otras que ya empiezan a pudrirse y el bote de plástico que es arrastrado por el viento en la casa del alcalde.

P: Usted sugiere también olores, del yogur o el cordero a la parrilla. ¡Es una película casi olfativa!

N: Con la escena del yogur, quería que tratara de un tema que no tuviera ninguna relación con la noticia. Todavía no tienen sospechas ni preocupaciones. Piensan que volverán dentro de una hora, no esperan una investigación tan larga. Así la tensión progresivamente sube. Por otro lado, en la campo, la vida y la muerte están menos separados. Coexisten. En la ciudad la gente suele olvidar esta coexistencia. Por ejemplo, los campesinos un día matan un animal y el día siguiente se lo comen.

P: Algunos ha calificado la película de contemplativa, de muy larga…

N: No puede ser de otra manera. Si a donde queremos apuntar es a los instantes suspendidos, a donde el ojo no suele mirar, tenemos que esperar pacientemente a que nuestros sujetos no se sientan observados y puedan desenvolverse con la naturalidad del que se sabe escondido del foco de atención. A lo que asistimos desde el otro lado de la pantalla es a esos momentos aparentemente muertos en los que, mientras cualquier tipo de acción se desarrolla en cualquier otro sitio, quienes no intervienen simplemente esperan con las manos en los bolsillos y la cabeza en las nubes. Pero es precisamente en esos momentos en los que, descubrimos la esencia de todos esos personajes.

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