MANDARINAS

Por: Mario Arango Escobar.

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ZAZA URUSHADZE

Nació en Georgia en 1965. Es graduado en la Universad Estatal de Teatro y Cine de Georgia, en 1988. Fue presidente de la comisión de expertos del Centro Nacional de Cinematografía de Georgia en 2001 y director del Centro Nacional de Cinematografía de Georgia (2002-2004).

Su filmografía consta de las siguientes películas:

“Tres casas”/ Sami Sakhli (2008). Este filme consiste en tres novelas unidas por la historia de una pintura que resume tres siglos distintos. La primera de estas novelas se ambienta en una vieja casa a fines del siglo XIX, donde un patriarca actúa como si su esposa muerta aún viviera. La segunda en medio de la Segunda Guerra Mundial, sobre una mujer que halla el cadáver de su esposo en la casa de su amante. Y el tercer relato en nuestros días, con un joven provinciano, obligado a cambiar sus principios, como protagonista.

“The Guardian”/Bolo Gaseirneba (2012). Gogliko ha pasado 16 años en la cárcel. Después de quedar libre se encuentra con que su país ha cambiado por completo. Sus padres y la mayoría de sus amigos han muerto durante la Guerra Civil. Gogliko no puede encontrar su lugar en este nuevo mundo.

“Mandarinas”/ Tangerines (2014), película que presentamos en nuestro cineclub.

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MANDARINAS/MANDARINID (2014). GÉNERO: DRAMA. PAÍS: ESTONIA. DURACIÓN 87’.

Dirección y guión: Zaza Urushadze. Intérpretes: Lembit Ulfsak, Giorgi Nakashidze, Misha Meskhi, Elmo Nüganen, Raivo Trass . Fotografía: Rein Kotov. Música: Niaz Diasamidze.

Sinopsis: 1990. La provincia georgiana de Abkhazia está en guerra. En mitad de la contienda, Ivo y Margus, dos hombres de campo de nacionalidad estonia, prosiguen con su rutina a pesar de todo, pero pronto se verán involucrados en el conflicto, cuando dos soldados heridos, aparecen cerca de la casa de Ivo. A partir de este momento todo se complica…

En la segunda mitad del siglo XIX, en Abjasia (vertiente suroccidental de la cordillera del Cáucaso) se establecieron muchas aldeas estonias. La guerra abjasio-georgiana, que comenzó en los primeros años de la década de los 90, alteró la apacible vida de los habitantes estonios. La mayoría de ellos decidieron regresar a su patria histórica. El viejo Ivo decidió quedarse. Su pequeño taller de carpintería solo tiene un cliente, Margus, un campesino que vive de la recolección de mandarinas. Ivo le hace las cajas de madera que servirán para el transporte de la fruta.

La presencia de los dos soldados heridos, de bandos contrarios, a los que Ivo acoge en su humilde casa, será el detonante de la trama. Los conflictos que surgen entre los dos enemigos, la humanidad y la paciencia de Ivo, y el compromiso de ambos, en respetar las normas de convivencia que el viejo ha establecido, mantienen el interés del espectador hasta el final.

El director y guionista, hace uso de una estructura narrativa sencilla, de ritmo pausado, y unos diálogos sabios que nos permiten conocer de cerca a cada personaje. Sin apelar a estrategias lacrimógenas, el drama va ganando intensidad, poco a poco, hasta conmovernos en lo más profundo del alma.

Una película que, a pesar de tocar el tema de la guerra es totalmente antibelicista. No toma partido, pues su reflexión va más allá de cualquier bandera, o ideología. Lo que importa es el tratamiento de la guerra como una lucha entre hermanos… Hermanos que en esta hermosa historia, finalmente se reconocen como tales, a pesar de sus diferencias…

Llama la atención, como con tan pocos recursos: cuatro actores, una sola locación, ningún efecto especial, se puede logra una obra tan potente en todos los sentidos. Además de una buena historia, importa la manera en cómo se cuenta.

Un completo acierto, por parte del director, además de la creación del personaje de Ivo, entrañable e inolvidable, es la elección del protagonista principal. Lembit Ulfsak, logra una interpretación notable, a tal punto que su personaje nos cautiva desde el momento en que aparece en pantalla.

Impecable el trabajo fotográfico de Rein Kotov con esa iluminación llena de poesía, con ese mover pausado de la cámara, y con esas composiciones que nos introducen en ese espléndido lugar, o con eso primeros planos que nos acercan a la las emociones de los personajes.

La banda sonora, muy acorde con la sencillez de la historia. Especialmente destacable la música del compositor georgiano Niaz Diasamidze, con esas exóticas y sugerentes notas del panduri (laud poular de Gerogia) que acentúan el tono melancólico del film.
Finalmente, debo hablar del final, inteligente, evocador, con un mensaje potente, lleno de esperanza, que hace de “Mandarinas” una verdadera obra maestra. Imprescindible.

Premios:

2014: Premios Oscar: Nominada a Mejor película de habla no inglesa.
2014: Globos de Oro: Nominada a Mejor película de habla no inglesa.
2014: Satellite Awards: Nominada a Mejor película de habla no inglesa.

LA CASA DE LOS LOCOS

Por: Mario Arango Escobar.

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ANDREI KONCHALOVSKY

Andrei Konchalovski nació en 1937 en Moscú. Hijo de los escritores Sergei Mijalkov(famoso poeta infantil, dramaturgo, autor satírico y de dos himnos nacionales) y Natalya Konchalovskaya, y hermano mayor del también director Nikita Mijalkov. Su abuelo, el artista ruso Peter Konchalovsky, fue uno de los precursores del modernismo en Rusia, amigo de Picasso y Matisse.

En 1952 termina sus estudios en la Escuela Musical Central, y en 1957 en la Escuela Musical del Conservatorio de Moscú. En 1964 se gradúa en la facultad de dirección de la Universidad Estatal Rusa de Cinematografía.

Su carrera empezó como co-guionista de “La Infancia de Iván” y “Andrei Rublyov”, junto al gran maestro Andrei Tarkovsky.

Inspirado por la obra de Akira Kurosawa, Konchalovski  rueda “El Primer Maestro”/ Pervyy uchitel  (1965) película con la que gana su reputación como observador y estudioso de los caracteres de los personajes. Corre el 1923, un joven maestro es enviado por los bolcheviques en el poder para que enseñe en un pequeño pueblo. La gente le recibe con indiferencia, excepto una joven que se siente conmovida con sus enseñanzas.

En 1966 realiza “La felicidad de Asia” / Istoria Asi Klyachinoy. Una joven llamada Asia Klyachina, decide sobrellevar su embarazo sin preocuparse demasiado por el padre, que no parece interesado en reconocer a su hijo.

“Nido de nobles”/ Dvoryanskoe gnezdo (1969). Fiodor regresa a la hacienda de su propiedad después de una larga temporada en el extranjero y una vez consumado el fracaso de su matrimonio. Al poco de llegar conoce a una radiante joven, Liza, hija de su prima, y recibe la noticia de la muerte de su esposa.

“Tío Vania/ Dyadya Vanya (1971). Adaptación de la obra “Tío Vania” del escritor y dramaturgo ruso Antón Chéjov. Historia de un intelectual ruso que se siente atraído por una dama, esposa de un escritor para el que Vanya ha trabajado indirectamente toda su vida.

Su obra cumbre, “Siberiada”/ Sibiriada (1978), fue premiada con el Gran Premio Especial del Jurado del Festival de Cine de Cannes, lo que le dio fama internacional. Narra la historia de dos familias siberianas desde los años anteriores a la Revolución de Octubre hasta 60 años más tarde.

Tras ser galardonado con el título Gran Actor de Rusia (1980), Konchalovsky decide trasladarse a Hollywood. Es allí donde rueda las películas que se han convertido en clásicos reconocidos por todo el mundo: “Los amantes de María”/ Maria’s Lovers  (1984). adaptación de un relato de Andrei Platonov sobre un joven que tras ser prisionero durante la Gran Guerra Patria, vuelve a casa dispuesto a reencontrarse con su antiguo amor, una mujer deseada por todos.

“El tren del infierno” / Runaway Train (1985). Historia de dos convictos fugados y una trabajadora ferroviaria que quedan atrapados en un tren sin frenos que rueda a través de Alaska.

Desde su regreso a Rusia, el director logra varios éxitos, entre otros “La gallina de los huevos de oro”/ Kurochka Ryaba (1994), un grotesco film sobre el destino de Asia en la Rusia post-Comunista. Secuela de “La felicidad de Asia” treinta años después de la primera película, se inspira también en un cuento popular sobre un gallina con un huevo de oro.

“La casa de los engaños” (2002) fue conmemorada con el Gran Premio del Jurado en la Mostra de Venecia 2002. Película que presentamos en nuestro cineclub.

“Las noches blancas del cartero”/ The Postman’s White Nights (2014).Los habitantes del lago Kenozero viven del mismo modo que, durante siglos, vivieron sus antepasados. En esa pequeña comunidad, donde todos se conocen, sólo se produce lo necesario para la supervivencia. Sólo se comunican con el exterior gracias a la lancha del cartero…

Andrei Konchalovsky es un creador polifacético, no sólo reconocido por sus éxitos cinematográficos, sino que también cuenta con 33 guiones, 26 películas, 8 producciones teatrales, incluidas 5 óperas, asimismo ha editado 6 libros y más de 100 artículos.

Después de la Perestroika de los noventa, Konchalovsky regresó a Rusia, pero sin perder sus lazos con el cine norteamericano: en 1997, Francis Ford Coppola lo invitó a dirigir la epopeya de Homero La Odisea para la cadena NBC.

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LA CASA DE LOS LOCOS/DOM DURAKOV (2002). GÉNERO: DRAMA. PAÍS: RUSIA. DURACIÓN: 104’.

Dirección y guión:  Andrei Konchalovsky. Intérpretes: Yuliya Vysotskaya, Yevgeni Mironov, Sultan Islamov, Stanislav Varkki, Yelena Fomina, Bryan Adams. Fotografía: Sergei Kozlov. Música: Eduard Nikolay Artemiev.

Sinopsis: Basada en hechos reales. Los pacientes de un hospital psiquiátrico situado en la república de Ingushetia, en los años del conflicto checheno, son abandonados por los médicos y enfermeras que los cuidan. Al verse desamparados, una joven esquizofrénica se hace cargo de la dirección del centro.

Posterior a la desintegración de Unión Soviética, se desencadenan las guerras de independencia. Una de estas primeras manifestaciones es el conflicto que tiene lugar en Chechenia (1994-1996), al cual se opuso violentamente el gobierno ruso, convirtiéndose en uno de los momentos más cruentos de fin de siglo. Un hecho ocurrido en la frontera con Ingushetia, da cuenta de una invasión por parte de rebeldes chechenos a un hospital psiquiátrico que había sido abandonado por sus directivos, involucrando en el conflicto, a los sorprendidos internos.

Muy inteligentemente, Andrei Konchalovsky, toma prestado este suceso real y con él construye esta metáfora sutil y hermosa, para hablarnos de la imbecilidad de la guerra. El hecho de que la acción esté situada en un manicomio y que sus protagonistas sean un grupo de enfermos mentales, le da a la historia, además, un tono de sarcasmo  e ironía indiscutible. La pregunta que surge repetidamente, y que el director enfatiza en varias oportunidades (recordemos el aviso de “enfermos” colocado en la puerta del hospital) es ¿Quiénes son realmente los enfermos?

Pero además de este encuentro, entre los internos del hospital con los soldados chechenos y rusos, tenemos la subtrama que gira en torno a Janna (Yuliya Vysotskaya), y su obsesión por encontrar el amor. Primero en la figura del cantante canadiense Bryan Adams y luego con uno de los soldados que se toman el psiquiátrico. El absurdo que había acompañado la historia, adquiere un tono lleno de poesía, pues Janna nos hace partícipes de lo mucho que significa para ella saberse amada por un hombre…Y no duda en vestirse de novia, para realizar su sueño: aceptar ser la esposa de Ahmed, ese soldado de ojos celestes, que en medio de las bromas le ha pedido que se case con él. Konchalovsky nos regala en estas secuencias imágenes inolvidables, mostrándonos a cada uno de los compañeros de Janna aportando algo para que ella luzca realmente hermosa. O aquella, imperdible, cuando finalmente Janna sale al encuentro del amor, ataviada con su vestido blanco…

Para destacar, una puesta en escena que deja claro el sentido artístico del director ruso, con locaciones bellamente elegidas, con un manejo exquisito de la luz y de la composición.

En cuanto a la banda sonora, a cargo de Eduard Nikolay Artemiev tendríamos que decir que es uno de los elementos más llamativos de la película. Especialmente cuando Janna toca el acordeón para transformar la realidad, haciendo que los rostros se iluminen, que el dolor termine y que todo sea felicidad…

La dirección de actores, otro acierto del director, al lograr en todo el conjunto, interpretaciones magistrales, destacándose, por supuesto, Yuliya Vysotskaya en el papel de Janna.

Estamos ante una película con un tema aparentemente poco atractivo, pero el talento de Konchalovsky ha hecho posible una obra que destila belleza, y sobre todo, que en medio de la sencillez, ha creado una metáfora sobre aquellos que llamamos “locos”, para invitarnos a reflexionar sobre la inutilidad de la guerra. Maravillosa!

Premios:

2002: Venecia: Gran Premio del Jurado.

EL LADRÓN

Por: Mario Arango Escobar.

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PAVEL CHUKHRAI

Nació en 1946 en Bykovo, al sureste de Moscú. Hijo de Grigory Chukhray también director de cine.

Se gradúo en el Instituto Estatal de Cinematografía en 1971. Inició su carrera en el cine como asistente de camarógrafo, director de fotografía, y luego director de largometrajes.

Su film más popular, El ladrón (1997), que presentamos en nuestro cineclub.

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EL LADRÓN/ VOR (1997). GÉNERO: DRAMA. PAÍS: RUSIA. DURACIÓN: 97’.

Dirección y guión: Pavel Chukhrai. Intérpretes: Vladímir Mashkov, Misha Filipchuk, Yekaterina Rednikova. Fotografía: Vladímir Klímov. Música: Vladímir Dashkevich.

Sinopsis: Corre el año de 1952 (En la Rusia de la posguerra tras la 2ª Guerra Mundial), en un tren viajan un niño y su madre. Durante el trayecto, la madre es seducida por un soldado, con el cual se van a vivir. Se hospedan en una casa haciéndose pasar por un matrimonio. Bajo esa mentira se oculta algo más que la intención de facilitarse el hospedaje. La madre y el niño pronto descubrirán cuáles son esas verdaderas intenciones que esconde el soldado.

Me parece importante, antes de comentar sobre los aspectos técnicos o los valores estéticos de la película, hablar sobre el contexto en el cual se desarrolla.

La historia se inicia en 1946, o sea que vamos a   encontrarnos con una Unión Soviética arrasada y postrada económicamente, como consecuencia de la reciente Segunda Guerra Mundial.

Debemos también considerar que la película es realizada en el año de 1997, cuando ya el comunismo ha perdido vigencia, y la antigua Unión Soviética se ha desintegrado, dando paso a las nuevas repúblicas. Este hecho no puede pasar inadvertido para el cine, y algunos directores empiezan a explorar este fenómeno.

Consecuente con el derrumbamiento del antiguo régimen, el realismo socialista que lo caracterizó, pierde vigencia. El cine empieza a desligarse de su trasfondo político y propagandístico y aparecen propuestas más personales y libres. Es el caso de “El ladrón”, que podría mirarse como una transición entre uno y otro modo de hacer cine, pues aún encontramos algunos elementos del realismo socialista, pero sin el tinte de propaganda pro-soviética. Es más, hay una velada crítica al sueño del paraíso comunista, mostrando una URSS con evidentes síntomas de pobreza y lavado mental ideológico.

Ahora sí, comentaré la película.

El director Pavel Chukhrai, fiel a la tradición fílmica rusa, nos ofrece una obra de inigualable belleza y calidad cinematográfica, que lo sitúa como seguidor aventajado de los grandes maestros de su país. En esta ocasión construye un guión perfecto, que da lugar a una historia más que interesante. Su narrativa es sencilla y realista, llena de lirismo y poesía.

Podría decirse que “El ladrón” es tan solo un excelente estudio psicológico de personajes, que el director nos presenta de manera melodramática, mostrando las relaciones entre los tres protagonistas. Relaciones que están reforzadas por las poderosas actuaciones de éstos.

Sin embargo, un análisis más detenido nos acerca a una lectura de significado más alegórico. Katja (Ekaterina Rednikova) y Sanja (Misha Philipchuk), serían dos generaciones de rusos que vieron en Stalin la imagen de la figura paterna, representada en la película por el personaje de Toljan (Vladimir Mashkov). Teniendo en cuenta esta relación, podemos también hablar de que Toljan, al igual que Stalin, a base de mentiras, destruyó la infancia, y los valores ancestrales de varias generaciones, como ocurre con el niño y la madre del film. Una lectura que, de manera muy sutil, incluye una crítica al régimen stalinista. Desde esta perspectiva, Chukhrai, utiliza el recurso del arte, en este caso el cine, para denunciar una realidad con la que no está de acuerdo.

Como ya mencioné, las actuaciones de los tres personajes protagonistas son de una gran calidad, destacándose el magistral desempeño actoral del pequeño Misha Philipchuk, que a su corta edad sorprende con esa variedad de matices y esa humanidad que logra imprimir a su personaje. Uno de los mayores aciertos de este poético film.

Otro de los puntos fuertes de la película es la maravillosa reconstrucción y ambientación de la época de los años 50, acompañada de la magnífica fotografía de Vladímir Klímov, completamente acorde al clima emocional de la película, con esos hermosos tonos grises y fríos. Atmósfera melancólica que está perfectamente acompañada de la exquisita música a cargo de Vladímir Dashkevich.

“El ladrón”, una película sencilla en su realización, pero compleja en su contenido. Una muestra del cine de un gran director, inexplicablemente desconocido entre nosotros, que vale la pena revisar. Cine que perdura, como todo arte de verdad.

Premios:

1997: Nominada al Oscar: Mejor película de habla no inglesa.

1997: Nominada al Globo de Oro: Mejor película de habla no inglesa.

1997: Venecia: Premio Internacional del Jurado de la juventud. 4 nominaciones.

UN ROMANCE CRUEL

Por: Mario Arango Escobar.

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ELDAR RYAZANOV

Nació en 1927 en Samara (Rusia). En 1950 se gradúa en la Universidad Estatal Rusa de Cinematografía (VGIK). Durante 5 años se dedica a realizar cine documental en colaboración con otros jóvenes directores, hasta que en 1955 entra a trabajar para la compañía Mosfilm.

Su primera obra de ficción llega en 1956, el musical  “Noche de Carnaval”/ Karnavalnaya noch. Es la víspera de año nuevo y los empleados de un instituto de cultura están listos con su programa de entretenimiento para celebrar la fecha. De repente, se hace el anuncio de que un nuevo director es nombrado y llegará en breve. Sin embargo, la diversión y las fiestas tienen un significado diferente para él.

En 1962 dirige  “La balada del soldado”/ Gusarskaya ballada, comedia musical con la mayor parte de sus diálogos en verso, sobre una joven que se une a una escuadra de húsares para combatir contra Napoleón durante el verano de 1812.

En 1966 realiza la comedia “Cuidado con el coche”/ Beregis avtomobilya. La película trata sobre un héroe que es un agente de seguros, que también es un ladrón de coches. Roba coches sólo a ladrones y nunca a la gente buena; para luego vender esos mismos coches robados y darle todo el dinero a la caridad.

En 1975 presenta su película más popular, “La ironía del destino”/Ironiya sudby, ili S legkim parom!, comedia amarga, ambientada durante la Navidad, sobre un hombre maduro reacio a casarse, que conoce accidentalmente a una mujer de la que se enamora.

En 1977 dirige la comedia dramática “Relato de oficina”/ Sluzhebnyy roman. Anatoli trabaja en un instituto de estadísticas, cuya directora es una mujer poco atractiva y mandona. Un viejo amigo suyo, Yuri, a quien nombraron subdirector de la institución, quiere ascender a Anatoli a jefe del departamento, pero encuentra objeciones por parte de Ludmila, la directora.

Su siguiente trabajo es “Una estación para dos”/ Vokzal dlya dvoikh (1982), historia de amor entre un pianista y una camarera del bar de la estación de tren donde se conocen.

El año 1984 dirige el melodrama “Un romance cruel”/ Zhestokiy romans, película que presentamos en nuestro cineclub.

Entre otros galardones, en 1984 fue distinguido como Artista del Pueblo de la URSS.

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UN ROMANCE CRUEL/ ZHESTOKIY ROMANS (1984). GÉNERO: DRAMA. PAÍS: UNIÓN SOVIETICA (URSS). DURACIÓN: 145’.

Dirección: Eldar Ryazanov. Guión: Eldar Ryazanov (Obra: Aleksandr Ostrovsky). Intérpretes: Larisa Guzeeva, Alisa Frejndlikh, Nikita Mikhalkov, Andrey Myagkov, Aleksey Petrenko, Viktor Proskurin, Georgiy Burkov, Tatyana Pankova, Borislav Brondukov, Aleksandr Pyatkov, Yuriy Sarantsev, Olga Volkova. Fotografía: Vadim Alisov. Música: Andrei Petrov.

Sinopsis: Larissa, hija de una viuda empobrecida y perteneciente a la nobleza, se enamora a Sergei, un hombre que parece corresponderla pero sólo por interés. Melodrama que adapta el clásico de Alexander Ostrovski, “La novia sin dote”.

La acción se desarrolla en la provinciana ciudad de Briájimov (Kostromá en la realidad), que se encuentra a orillas del Volga. Jarita Ignatievna Ogudálova (Alisa Fréindlij), es una noble venida a menos, viuda con tres hijas. Con la carencia de medios mantiene, sin embargo, la casa abierta pensando, no sin razón, que la sociedad de bonitas y musicales señoritas atraerá a los solteros que se casan por amor con muchachas sin dote. Sus dos hijas mayores lograron casarse, quedaba la pequeña, Larisa (Larisa Guzéeva). La corteja el noble, rico y propietario de un vapor, Serguéi Serguéievich Parátov (Nikita Mijalkov) quien, en apariencia, se enamora de la muchacha. Larisa también se enamora profundamente del guapo de Parátov, pero justo cuando, en opinión de las Oguládova y de todos los conocidos, Parátov debería hacer una proposición, Serguéi Serguéivich parte apresuradamente de la ciudad, a cuidar de sus bienes. Larisa se pone profundamente nerviosa con la partida de Parátov, tanto más cuanto que Serguéi Serguéivich no consigue despedirse de ella y explicarle sus razones. Jarita Ignatiévna prosigue organizando veladas con la esperanza de encontrar marido para Larisa. Por la chica se emboba Knúrov, rico comerciante de la ciudad, pero está casado y aunque Larisa Ignatiévna aprovecha su interés hacia su hija para la obtención de caros regalos, Knúrov no puede ser considerado como marido. Otro pretendiente, el joven comerciante Bozhevátov, no puede permitirse casarse con la muchacha sin dote. Un admirador más de la muchacha, el funcionario Yuli Kapitónovich Karándyshev (Andréi Miagkov), funcionario de correos, demasiado miserable, pobre (en contraposición a los tres comerciantes), con un amor propio enfermizo y que en absoluto interesa a Larisa…

Ryazanov nos ofrece una auténtica muestra del cine ruso más clásico, opción que eligieron algunos directores de la antigua Unión soviética, y que llevaron a la cinematografía de esta nación a niveles de una calidad insuperable. Es meritoria la impronta de estos realizadores, que apartándose del cine eminentemente político, nos dejaron verdaderas obras de arte, como es el caso de la película que nos ocupa.

“Un romance cruel” es un film en el que todos los aspectos que lo conforman están trabajados con un sentido de la estética absolutamente notable. La puesta en escena es magnífica y a través de ella podemos deleitarnos con hermosos escenarios donde los personajes resaltan perfectamente.

El guión, solido, bien  estructurado, con una historia que rezuma romance, pero al mismo tiempo y de manera muy equilibrada, apunta a la crítica de varias actitudes moralizantes e hipócritas. Una historia que además, nos introduce, de manera hermosa en las tradiciones rusas.

La fotografía, a cargo de Vadim Alisov que nos regala imágenes prodigiosas. Algunos planos semejan verdaderos cuadros en los que cada detalle está cuidadosamente estudiado. El tratamiento de la luz, lleno de poesía, no sólo en  los exteriores sino también en las escenas que tienen lugar en espacios interiores, donde las penumbras son absolutamente evocadoras, creando atmósferas inolvidables.

El maestro Andrei Petrov autor de la banda sonora, compone un perfecto trasfondo a la historia, con esos acordes nostálgicos, y esas canciones interpretadas de manera maravillosa por la protagonistas.

Y como si todo lo anterior no fuera suficiente, el director soviético da muestra de su  talento con una dirección de actores magistral. Y en este apartado, tendría que decir que absolutamente todo el elenco hace un verdadero derroche de interpretaciones memorables.

“Un romance cruel “es un prototipo, un modelo de conversión de una situación, de un hecho ficticio que parte de la vida real en una obra de arte; es decir, una expresión con la máxima calidad sensible, que conmueve y nos toca y lo hace de manera excelsa. ¡Imperdible!