TÍO VANIA

Por: Mario Arango Escobar.

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ANDREI KONCHALOVSKY

Andrei Konchalovski nació en 1937 en Moscú. Hijo de los escritores Sergei Mijalkov (famoso poeta infantil, dramaturgo, autor satírico y de dos himnos nacionales) y Natalya Konchalovskaya, y hermano mayor del también director Nikita Mijalkov. Su abuelo, el artista ruso Peter Konchalovsky, fue uno de los precursores del modernismo en Rusia, amigo de Picasso y Matisse.

En 1952 termina sus estudios en la Escuela Musical Central, y en 1957 en la Escuela Musical del Conservatorio de Moscú. En 1964 se gradúa en la facultad de dirección de la Universidad Estatal Rusa de Cinematografía.

Su carrera empezó como co-guionista de “La Infancia de Iván” y “Andrei Rublyov”, junto al gran maestro Andrei Tarkovsky.

Inspirado por la obra de Akira Kurosawa, Konchalovski  rueda “El Primer Maestro”/ Pervyy uchitel  (1965) película con la que gana su reputación como observador y estudioso de los caracteres de los personajes. Corre el 1923, un joven maestro es enviado por los bolcheviques en el poder para que enseñe en un pequeño pueblo. La gente le recibe con indiferencia, excepto una joven que se siente conmovida con sus enseñanzas.

En 1966 realiza “La felicidad de Asia” / Istoria Asi Klyachinoy. Una joven llamada Asia Klyachina, decide sobrellevar su embarazo sin preocuparse demasiado por el padre, que no parece interesado en reconocer a su hijo.

“Nido de nobles”/ Dvoryanskoe gnezdo (1969). Fiodor regresa a la hacienda de su propiedad después de una larga temporada en el extranjero y una vez consumado el fracaso de su matrimonio. Al poco de llegar conoce a una radiante joven, Liza, hija de su prima, y recibe la noticia de la muerte de su esposa.

“Tío Vania/ Dyadya Vanya (1971). Adaptación de la obra “Tío Vania” del escritor y dramaturgo ruso Antón Chéjov. Historia de un intelectual ruso que se siente atraído por una dama, esposa de un escritor para el que Vanya ha trabajado indirectamente toda su vida.

Su obra cumbre, “Siberiada”/ Sibiriada  (1978) fue premiada con el Gran Premio Especial del Jurado del Festival de Cine de Cannes, lo que le dio fama internacional. Narra la historia de dos familias siberianas desde los años anteriores a la Revolución de Octubre hasta 60 años más tarde.

Tras ser galardonado con el título Gran Actor de Rusia (1980), Konchalovsky decide trasladarse a Hollywood. Es allí donde rueda las películas que se han convertido en clásicos reconocidos por todo el mundo: “Los amantes de María”/ Maria’s Lovers  (1984). adaptación de un relato de Andrei Platonov sobre un joven que tras ser prisionero durante la Gran Guerra Patria, vuelve a casa dispuesto a reencontrarse con su antiguo amor, una mujer deseada por todos.

“El tren del infierno” / Runaway Train (1985). Historia de dos convictos fugados y una trabajadora ferroviaria que quedan atrapados en un tren sin frenos que rueda a través de Alaska.

Desde su regreso a Rusia, el director logra varios éxitos, entre otros “La gallina de los huevos de oro”/ Kurochka Ryaba (1994), un grotesco film sobre el destino de Asia en la Rusia post-Comunista. Secuela de “La felicidad de Asia” treinta años después de la primera película, se inspira también en un cuento popular sobre un gallina con un huevo de oro.

“La casa de los engaños” (2002) fue conmemorada con el Gran Premio del Jurado en la Mostra de Venecia 2002. Película que presentamos en nuestro cineclub.

“Las noches blancas del cartero”/ The Postman’s White Nights (2014).Los habitantes del lago Kenozero viven del mismo modo que, durante siglos, vivieron sus antepasados. En esa pequeña comunidad, donde todos se conocen, sólo se produce lo necesario para la supervivencia. Sólo se comunican con el exterior gracias a la lancha del cartero…

Andrei Konchalovsky es un creador polifacético, no sólo reconocido por sus éxitos cinematográficos, sino que también cuenta con 33 guiones, 26 películas, 8 producciones teatrales, incluidas 5 óperas, asimismo ha editado 6 libros y más de 100 artículos.

Después de la Perestroika de los noventa, Konchalovsky regresó a Rusia, pero sin perder sus lazos con el cine norteamericano: en 1997, Francis Ford Coppola lo invitó a dirigir la epopeya de Homero, La Odisea para la cadena NBC.

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TIO VANIA/ DYADYA VANYA (1971). GÉNERO: DRAMA. PAÍS: UNIÓN SOVIÉTICA. DURACIÓN 104’.

Dirección y guión: Andrei Konchalovsky (Obra: Anton Chejov). Intérpretes: Irina Anisimova-Wulf, Sergei Bondarchuk, Irina Kupchenko, Yekaterina Mazurova, Irina Miroshnichenko, Nikolai Pastukhov, Innokenti Smoktunovsky, Vladimir Udalov, Vladimir Zeldin . Fotografía: Yevgeni Guslinsky, Georgi Rerberg. Música: Alfred Shnitke.

Sinopsis: Rusia, finales del siglo XIX. A la finca familiar, administrada por Vania y su sobrina Sonia, llegan, para pasar el verano, el médico Mijail Lvovich Astrov, el profesor Aleksander Serebryakov, padre de Sonia, y su segunda esposa Elena. Este encuentro familiar va a propiciar, que los conflictos familiares irrumpan de manera dramática.

Estamos ante una de las obras más destacadas del insigne director ruso Andrei Konchalovsky, quien ha puesto todo su talento y su mirada artística para lograr una impecable y fiel adaptación de la inmortal novela de Chejov, “Tío Vania, publicada en 1899.

La traslación al cine que Konchalovsky realiza nos permite conocer, con total rigor, el compendio de sentimientos y frustraciones de unos personajes que parecen atados a su destino, irremediablemente. A manera de metáfora, el relato encierra el enfrentamiento entre los humildes campesinos rusos y los habitantes citadinos, signados por la infelicidad que les embarga.

Todos en esta historia sufren por algún motivo. El profesor vive amargado porque se siente un anciano. Elena está insatisfecha con un esposo que ya ha perdido el interés en ella. El tío Vania experimenta un sentimiento de frustración al darse cuenta que ha dedicado su vida trabajando para alguien que no lo merece y que no le valora. Sonia, que finalmente se resigna a su soledad, pues no se siente bella ni merecedora del amor del médico, de quien está enamorada.

Desde las primeras imágenes, que nos introducen en la vivienda familiar, percibimos, en unos bellísimos planos secuencia, la atmósfera enrarecida y tensa que va a permear todo el film. Una cámara que se desplaza suavemente por todo el recinto “habla” de la soledad, de una existencia mustia y triste. Cada detalle, cada objeto trasmite esa sensación de tedio, de hastío, de frustración…que es la vida de los habitantes de esta casa.

Narrativamente llama la atención la transición entre el color ocre de algunas escenas con otras de colores rotundos, como una forma de contrastar el paso del tiempo y las emociones que experimentan los personajes. Igualmente bien elegido el empleo de sombras totalmente expresionistas, el interior de los espacios llenos de polvo, que trasmiten una sensación de encierro, casi claustrofóbico.

El trabajo actoral es notable en todo el grupo de actores. La caracterización de  Innokenti Smoktunovski como tío Vania, es sencillamente antológica. A su lado, en perfecto contrapunto, encontramos el personaje de Astrov, interpretado, magníficamente por Sergei Bondarchuk y la actriz Irina Kupchenko que asume, con gran contención y riqueza de matices,  el papel de Sonia. Todos ellos, al igual que los secundarios, nos ofrecen una exquisita lección de buen desempeño actoral.

En el apartado técnico, sobresale el trabajo fotográfico de Yevgeni Guslinsky y Georgi Rerberg, por su mirada intimista del espacio, y por el manejo refinado de la luz.

En cuanto a la banda sonora, es admirable la forma como el compositor Alfred Shnitke recoge a través de los silencios, de los sonidos ambiente (el paso del tren, el lejano latir de los perros, el eco de los truenos), las monótonas conversaciones de los personajes, toda la esencia de la obra de Chéjov.

Un diálogo que quiero destacar: “Aquellos que habrán de sucedernos dentro de cien o doscientos años, y para los que ahora esbozamos el camino… ¿tendrán para nosotros una palabra buena?” Le pregunta el médico Mijail Lvovich Astrov a Marina, la anciana nodriza de la hacienda. A lo que ella le responde: “La gente no la tendrá, pero Dios sí”. En estas palabras encontramos el verdadero tema de la película: esa desazón que sienten los personajes al sentirse que han malgastado su existencia…y que solo les queda la resignación. Resignación ante el destino, como también queda expresado en las palabras de Astrov: “Sólo Dios sabe a qué estamos destinados”, a lo que Sonia responde rezando el “Padre Nuestro”…

“Tío Vania”, una novela imperecedera, en base a la cual  Andrei Konchalovsky nos ha regalado una fascinante película, que también ha quedado como uno de los grandes títulos de la Historia del Cine. Imprescindible!

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ANTÓN CHÉJOV

(Antón Pávlovich Chéjov; Taganrog, 1860 – Badenweiler, 1904) Narrador y dramaturgo ruso. Considerado el representante más destacado de la escuela realista en Rusia, su obra es una de las más importantes de la dramaturgia y la narrativa de la literatura universal. Su estilo está marcado por un acendrado laconismo expresivo y por la ausencia de tramas complejas, a las que se sobreponen las atmósferas líricas que el autor crea ayudado por los más sutiles pensamientos de sus personajes. Chéjov se apartó decididamente del moralismo y la intencionalidad pedagógica propios de los literatos de su época en una Rusia convulsa y preocupada por su destino, para apostar por un tipo de escritor carente de compromiso y pasión, plasmando una idea de la literatura que rechazaba el principio del autor como narrador omnisciente.

Procedía de una familia de hábitos sencillos y escasos medios. Chéjov acabó los estudios secundarios en Taganrog, donde permaneció solo tras la marcha de sus familiares a Moscú. Entre 1879 y 1884 cursó medicina en la universidad de la capital; pero, más interesado en la literatura que en la ciencia médica desde hacía algunos años, pospuso ésta a aquélla, y pronto difundió su nombre a través de varias narraciones humorísticas, reunidas en un libro titulado Cuentos de varios colores (1886).

Alentado por el escritor Grigorovich y el director del periódico Novoe vremja (Tiempo nuevo), Suvorin, con quien estableció una cordial y duradera amistad, y librado ya de las formas un tanto forzadas del cuento humorístico, hacia el año 1888 ya era ampliamente conocido por el público, tanto por su obra humorística como por textos de alcance más profundo, en los que la incisiva descripción de las miserias y la existencia humanas fueron desplazando los recursos humorísticos.

En ese año apareció, en la revista Severny Vestnik de San Petersburgo, el relato La estepa, inspirado en un viaje al sur del país, donde los idílicos paisajes de su infancia habían desaparecido por la industrialización, contra la que el autor se rebela. Aquí introdujo uno de los elementos más característicos de su enfoque narrativo: la supeditación del argumento a la atmósfera del relato. El punto de vista del autor omnisapiente se diluye en la mirada de un personaje, Egorushka, que no alcanza a comprender lo que sucede a su alrededor. Los elementos que mueve este relato aparecerán una y otra vez en la obra de Chéjov, pues La estepa está poblada por una galería de personajes (el campesino Dymov, el empresario Varlamov o el pope Kristofor) que constituyen una genuina representación del “inconsciente colectivo” de la Rusia finisecular.

Otro significativo relato del período que se abre a partir de 1888 (en el que el autor disminuyó el ritmo de su producción literaria: de unos cien relatos al año en 1886, pasa a escribir diez en 1888) es Una historia aburrida (1889), penetrante estudio de la mente de un viejo profesor de medicina, profesión que ejerció esporádicamente el propio Chéjov. Pertenece a una serie de obras del autor que fueron llamadas “clínicas”, por tener como personajes a enfermos físicos o mentales. Acaso el relato más conocido de esa serie sea Palata Nº 6 (1892), acerba crítica de la psiquiatría en el que la relación entre el paciente Gromov y el doctor Ragin se resuelve dramáticamente con el ingreso del segundo en su propia clínica, para terminar muerto por mano de uno de los celadores.

En adelante, la existencia del autor careció de acontecimientos relevantes, excepto un viaje a la isla de Sakhalin, realizado a través de Siberia a la ida, y a lo largo de las costas de la India al regreso; de tal expedición dejó constancia en el libro La isla de Sakhalin (1891). Durante la penuria de 1892-93, que azotó a la Rusia meridional, Chéjov participó en la obra de socorro sanitario. Luego vivió largo tiempo en la pequeña propiedad de Melichovo, no lejos de Moscú, donde escribió la mayor parte de sus narraciones y de sus textos teatrales más famosos. Enfermo de tuberculosis, hubo de trasladarse a Crimea, y desde allí, por razones de la cura, realizó frecuentes viajes a Francia y Alemania.

En los últimos años del siglo se produjeron en su existencia dos hechos que sin duda modificaron su curso: la nueva orientación del escritor hacia la izquierda, que le alejó de su amigo Suvorin, conservador, y el éxito de su drama La gaviota en el Teatro de Arte de Moscú, de Stanislavski y Nemirovich-Danchenko. A sus nuevas tendencias y al ejemplo de Korolenko se debió también su dimisión de la Academia, que, tras haber nombrado miembro honorario a Gorki, acató la orden del gobierno y tuvo que anular el nombramiento.

La fortuna de La gaviota convenció inesperadamente a Chéjov de su capacidad como escritor dramático, tras sus propias dudas acerca de ello debidas al fracaso del mismo drama en el Teatro Aleksandrinski de San Petersburgo. A la obra citada siguieron, con no menor éxito, El tío Vania en 1898-99, Tres hermanas en 1901 y El jardín de los cerezos en 1904. Mientras tanto, el número de sus narraciones había aumentado considerablemente, y a algunas de ellas se debió su progresiva fama como representante asimismo del humor y el espíritu de su época y del característico producto de ésta, la “inteligentzia” (así Mi vida, La sala n.º 6, Relatos de un desconocido, El monje negro, Una historia aburrida, etc.).

Como en los dramas, también en las narraciones resulta posible percibir una atmósfera determinada: la que fue llamada precisamente “chejoviana”, particular estado de ánimo definido por Korolenko como el de un alegre melancólico. Cabe advertir que existe un nexo entre el Chéjov jovial e irreflexivo de la adolescencia y la primera juventud, interesado, según describe su hermano, en la recopilación de anécdotas destinadas a facilitar su colaboración en las revistas humorísticas, y el de la madurez, inquieto como una gaviota que, en vuelo sobre el mar, no sabe dónde posarse (según la bella imagen empleada por la actriz Olga Knipper, que en 1898 llegó a ser su esposa).

La aguda intuición de la tristeza de la vida, que muchos atribuyen erróneamente sólo al Chéjov de los años maduros, se hallaba ya en él precisamente tras la alegría y la despreocupación del joven estudiante de medicina, oculto, como si de revelar su propia naturaleza se avergonzara, bajo algunos seudónimos. De la misma forma, la capacidad de ver a las criaturas humanas en envolturas hechas adrede para provocar la risa continuó caracterizando su estilo, aun cuando atenuada en matices de parodia, fantasía o espejismo, y de transposición, finalmente, fuera de la realidad cotidiana, hacia un hipotético futuro lejano.

Dentro de su diversidad, efectivamente, Chéjov resultó uniforme en cuanto a los aspectos artístico y espiritual. Como lo afirmó él de la existencia, se mostró a la vez extraordinariamente simple y complejo, y si pese a no juzgarse pesimista puso de relieve los pliegues más tristes y ocultos de la naturaleza humana, fue precisamente porque, según dijo él mismo, amó la vida. Todo ello, como es natural, quedó también reflejado en la forma, o sea en el estilo propiamente dicho. Sin embargo, la plena conciencia del valor artístico de la obra de Chéjov no se alcanzó hasta más tarde; sea como fuere, cabe recordar la admiración que hacia ella experimentaron Tolstoi y Gorki y la influencia ejercida por Chéjov, ya fuera de Rusia, en Katherine Mansfield.

Tomado de: http://www.biografiasyvidas.com/biografia/c/chejov.htm

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