LA ISLA DEL MAÍZ

Por: Mario Arango Escobar.

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GEORGE OVASHVILI

Nació en Tiblisi (Georgia) en 1963. Graduado en el Departamento de Cine y Teatro del Instituto Estatal de Georgia en 1996. Complementó sus estudios en la Academia de Cine de Nueva York y en Universal Studios en Hollywood en 2006.

Su debut cinematográfico ocurre en 2009 con “Gagma napiri”/The Other Bank. La vida le pone muchos obstáculos a Tedo, un niño de 12 años que tuvo que huir de Georgia debido a la guerra civil que asoló la antigua república soviética. La guerra le robó todo lo que tenía, incluso la esperanza.

“Isla de maíz”/ Simindis Kindzuli (2014) es su segundo largometraje, el cual presentamos en nuestro cineclub.

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ISLA DE MAÍZ / SIMINDIS KUNDZULI (2014). GÉNERO: DRAMA. PAÍS: GEORGIA. DURACIÓN 100’.

Dirección: George Ovashvili. Guión: Roelof Jan Minneboo, George Ovashvili, Nugzar Shataidze. Intérpretes: Ilyas Salman, Mariam Buturishvili, Tamer Levent. Fotografía: Elemér Ragályi. Música: Iosif Bardanashvili.

Sinopsis: Un anciano campesino y su nieta trabajan juntos, cultivando maíz en una isla formada por las crecientes del río Inguri, frontera natural entre Georgia y Abjasia, una de las zonas más conflictivas de la región del Cáucaso.

George Ovashvili sitúa la acción en una de las épocas más dolorosas de la historia contemporánea de su país, la fratricida guerra, que entre 1992 y 1993, Georgia mantuvo con la provincia de Abjasia, y que produjo más de 10.000 muertos y 300.000 exiliados; pero ciertamente, no estamos ante una película política. El film se va a centrar en relatarnos la llegada de un viejo y su nieta, a una de las pequeñas islas que cada temporada de lluvias se forman en el río Iguri.

A manera de introducción, la película se inicia mostrándonos todo el proceso de adaptación del hombre y la joven a su nuevo entorno, desde la construcción de la pequeña cabaña, hasta la preparación de la tierra para el cultivo. La mirada del director georgiano es casi de documentalista, pues su cámara acompaña, con lujo de detalles, a estos dos nuevos habitantes en su rutina diaria.

Sorprende la sensibilidad del novel director, para acercarnos al mundo elemental de la pareja protagonista. Un mundo simple y austero, como el entorno en el que viven. Y su mirada nos remite, en virtud de la poesía que la acompaña, a maestros como Andréi Tarkovski o Nuri Bilge Ceylan.

La isla, como centro de la película, se convierte en un personaje más. Toda una metáfora sobre los ciclos de la vida. Un relato que a priori parece demasiado sencillo, pero que a medida que avanza el metraje vamos encontrando una serie de temas muy diversos y complejos: la relación entre dos generaciones, la guerra, el sexo, la pérdida…Todos tratados con una sencillez abrumadora, gracias a un guión de sólida factura.

Un relato lineal que en los primeros momentos apela a una total contemplación, pero luego, a través de unos magistrales giros del guión, nuestra percepción cambia, renovando el interés de la historia.
Ovashvili, reitera los travellings y las panorámicas de la isla, y a través de este recurso, nos hace que compartamos con los dos protagonistas, esa sensación de habitar un espacio, ya no material si no espiritual.

Una historia que gira en torno a lo humano, a sus emociones, y por eso los diálogos son mínimos, tan solo unas cuantas frases se escuchan en toda la película. .El silencio, las miradas, los gestos, adquieren una importancia capital en este maravilloso film. A través de ellos los personajes trasmiten toda la poesía y la belleza de sus sentimientos. Y en medio de ese silencio, retumban los disparos, como presencia amenazante de una guerra vecina.
En cuanto a las interpretaciones de la pareja protagonista, habría que decir que están en completa sintonía con la atmósfera de la película. Tanto Ilyas Salman como Mariam Buturishvili logran, en base a la contención, encarnar dos personajes verosímiles, cercanos…

En el apartado técnico mención especial merecen el sonido y la fotografía. El trío de sonidistas (Johannes Doberenz, Marc Nouyrigat y Frédéric Théry) es digno de todo elogio, pues dado el mutismo del film, captar los sonidos ambientes, y convertirlos en protagonistas sonoros es de hecho un trabajo bastante complejo.
Con relación a la fotografía, el maestro Elémer Ragalyi logra imágenes, y planos de una belleza arrebatadora. Juegos de luz y sombra realmente deslumbrantes. Todo un placer visual…sin palabras…

“La isla del maíz”, una verdadera joya cinematográfica. Un relato profundo sobre la relación del hombre con la Naturaleza, la supervivencia… ¡Imperdible!

Premios:

2014: Karlovy Vary International Film Festival: Mejor película.

Nota: Dejo a continuación algunos datos sobre la producción, en palabras del propio director:
“Puedo decir que fue un proyecto muy, muy duro, realmente complicado, porque no teníamos la suficiente financiación, eso lo primero. Y era una producción realmente grande, había gente de 14 países distintos en el set. Pero el mayor problema era cómo construir isla, porque no podíamos rodar en la isla real, en el río real. El motivo era que no podíamos controlar el nivel del agua durante esas tres estaciones en las que estuvimos rodando. Por ello decidimos construir la isla en un lago artificial, y usarlo como río porque podíamos controlar el nivel del agua en ese lago artificial.

Construir la isla fue algo muy complicado porque no teníamos ninguna experiencia sobre cómo hacerlo e incluso no pudimos encontrar ninguna compañía ni en nuestro país ni en ningún país europeo para realizar este proyecto, todos rechazaban hacer algo así diciendo que no era posible, especialmente con nuestra financiación. Pero finalmente de algún modo lo hicimos. Un tipo georgiano, un obrero muy inteligente, la construyó, vino a nosotros y nos dijo ‘Ok, puedo recortar el presupuesto a la mitad’, y construyó la isla. Al final otro momento duro fue destruir la isla, por ese motivo construimos una piscina y otra isla en tierra firme sólo para la escena final.

Así que íbamos paso a paso porque no sabíamos nada sobre cómo hacerlo a nivel técnico, pero yo presionaba a mis productores y les decía: ‘No, no, yo sé que hacer. Sigamos adelante’, aunque realmente no sabía cómo hacerlo, pero en la vida la forma o formas de hacer algo llegan cuando el momento se acerca. Así que finalmente lo hicimos y, claro, el mayor problema fue como llevar el maíz a la isla todo el rato, ya que en la película tenemos hasta 4 variedades distintas de maíz. Y claro, no era posible cultivar el maíz en la isla o seguir el rodaje acorde con el crecimiento, así que llevábamos maíz desde tierra firme todo el tiempo, y cambiábamos el campo de maíz.”

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