CAMINOS A KOKTEBEL

Por: Mario Arango Escobar.

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BORIS KHLEBNIKOV

Nació en 1972, en Moscú (Rusia). Cursó estudios de biología, y trabajó como asistente de un laboratorio. Más tarde ingresó en el Instituto Estatal de Cine, donde se graduó en dirección cinematográfica. Mientras cursa sus estudios, realiza varios cortometrajes de ficción.

Debuta con el largometraje, en el año de 2003, “Caminos a Koktebel”/Koktebel, película que presentamos en nuestro cineclub.

En su filmografía se destacan películas como “Svobodnoe plavanie” (2006). Donde cuenta la historia de un chico de un típico pueblo ruso con una guardería, un colegio, una fábrica… Todo le va bien, pero un día la fábrica en la que trabaja cierra y se empieza a encontrar desorientado. Por primera vez en su vida, tendrá que tomar una decisión por sí mismo y pensar seriamente en lo que quiere hacer.

Crush /Korotkoe zamykanie (2009). Cinco historias de amor, de cinco directores distintos que se convierten en una declaración sobre el amor. Historias de gente normal y corriente, héroes en una época sin héroes.

A Long and Happy Life / Dolgaya schastlivaya zhizn (2013). Sascha vive en un pueblo en el norte de Rusia donde dirige una antigua granja colectiva. Sus trabajadores lo respetan y también toleran sus aventuras amorosas con Anya. Pero de repente Sascha se enfrenta a un dilema: los administradores del distrito le ofrecen un contrato muy lucrativo para la granja. La presión aumenta, y más aún cuando sus empleados le convencen para que se mantenga firme.

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ALEKSEI POPOGREBSKY

Hijo del guionista ruso Pyotr Popogrebsky. Nació en Moscú en 1972. Estudió Psicología en la Universidad Estatal de Moscú. En 1994, comenzó a colaborar con su amigo Boris Khlebnikov y en 1997 presentaron el cortometraje Mimokhod, luego de otros trabajos juntos fueron premiados en Cannes y en Karlovy Vary por “Caminos a Koktebel”.

En el 2007, dirigió y escribió el guión en solitario de “Simple things/Prostye veshchi” (2007). La historia de un actor moribundo que le pide ayuda a un médico para morir a cambio de una obra maestra. Obtuvo varios premios como el Nika a mejor guión y el FIREPRESCI.

En 2011, también dirigió y escribió “How I ended this summer/Kak ya provel etim letom”, thriller situado en una estación polar rusa; Sergei, un veterano meteorológo y Pavel, un recién graduado, comparten meses en una isla desolada del océano ártico. Un día, Pavel recibe por radio una mala noticia sobre la familia de Sergei, pero decide no contársela.

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CAMINOS A KOKTEBEL (2003). GÉNERO: DRAMA. PAÍS: RUSIA. DURACIÓN: 105’.

Dirección y guión: Boris Khlebnikov, Aleksei Popogrebsky. Intérpretes: Igor Chernevich, Gleb Puskepalis, Vera Sandrykina, Evgeniy Sytyy, Agrippina Steklova, Vladimir Kucherenko, Aleksandr Ilin, Anna Frolovtseva. Fotografía: Shandor Berkeshi. Música: Lutgardo Labad.

Sinopsis: Road movie que narra el viaje de un padre viudo y desempleado con su hijo de 11 años, desde Moscú hasta la casa de su hermana ubicada en la ciudad de Koktebel, en la península de Crimea, junto al Mar Negro.

Herederos del mejor cine clásico ruso, el dúo de jóvenes directores nos hacen partícipes de este viaje que padre e hijo emprenden con el ánimo de iniciar una nueva vida. Para el padre sería una forma de dejar atrás un pasado que lo agobia. Para el niño, la oportunidad de alcanzar la madurez.
Cual personajes escapados del mundo de Chejov, el recorrido que planean lo tendrán que realizar a píe, pues no disponen de recursos suficientes para costearse ningún transporte. El hecho de que el viaje esté planteado bajo estas condiciones nos permite apreciar la evolución de esta relación filial.

Como es de esperarse, esta convivencia tan cercana, hará posible que padre e hijo profundicen su conocimiento mutuo, y consoliden sus vínculos afectivos. Más, de otro lado y como en toda convivencia, también deberán superar momentos de gran tensión.

Durante un descanso que hacen del viaje, el padre consigue un trabajo para arreglar el techo de una humilde casa. El dueño de la vivienda, en la cual permanecen varios días, es un bebedor empedernido. En esta compañía, el padre del niño, alcohólico en recuperación, retoma nuevamente la adicción. A partir de este momento, cuando el niño descubre el secreto del padre, la imagen de éste ya no será la misma…

Sobre los altibajos de la relación padre e hijo, se encuentra el núcleo dramático de la historia. El manejo de la autoridad (no siempre en manos del padre), la responsabilidad, la confianza, el orgullo y la culpa, aflorarán en ambos personajes de manera clara y según las diferentes circunstancias.
La narrativa austera remite al mejor cine clásico ruso, como el del gran maestro Andrei Tarkovski. Uso repetido de planos fijos y un manejo bastante económico de los diálogos. La cámara opta por el punto de vista del niño, y en esta mirada encontraremos ecos del cine de Chaplin.

La banda sonora, particularmente la música del piano que interpreta Chick Corea, contribuye a crear ese ambiente intimista, tan acorde con la sobriedad de la narración

El gran trabajo fotográfico de Shandor Berkeshi es de una inusitada y lírica belleza, particularmente en su percepción del hermoso paisaje ruso, que termina convirtiéndose en un personaje más del film.

Destacables las interpretaciones de los dos protagonistas. Tanto Igor Csernyevics (el padre) como Gleb Puskepalis (el hijo) nos brindan una verdadera lección de buen actuar. Al parecer, los directores se esmeraron en propiciar esa química, necesaria para lograr en pantalla la acertada interacción entre padre e hijo, que dicho sea de paso, la mayor de las veces se establece tan solo mediante los gestos y miradas.

Escenas para el recuerdo. Me quedo con la escena del plano final, creada por la imaginación del niño, que se observa desde el aire. Y el muelle que ingresa en ese mar interminable, mientras el albatros se posa a su lado…Y la compañía silenciosa del padre. Hermosa metáfora.

“Caminos a Koktebel”, como dije al comienzo, es una road movie (un viaje filmado), pero no se trata solo de un cambio de lugar. Como toda road movie, hay implícito un descubrimiento de los personajes. Cine hecho poesía.

2046

Por: Mario Arango Escobar.

image2046 (2004). GÉNERO: DRAMA ROMÁNTICO. PAÍS: HONG KONG. DURACIÓN: 120’.

Dirección y guión: Wong Kar-Wai. Intérpretes: Tony Leung Chiu Wai, Zhang Ziyi, Faye Wong, Gong Li, Kimura Takuya, Lau Ka Ling, Chang Chen, Maggie Cheung, Ah Ping. Fotografía: Christopher Doyle, Lai Yiu Fai, Kwan Pun Leung. Música: Peer Raben, Shigeru Umebayashi.

Sinopsis: La película narra la historia de Chow Mo Wan, un escritor bohemio y mujeriego de los años 60s del siglo pasado, que se apresta a escribir una novela de ciencia ficción titulada “2046”, la cual se convierte en una metáfora de sus triunfos y fracasos amorosos.

Retomando algunos elementos de su anterior película, “Deseando amar”, Kar Wai continúa explorando el universo emocional y amoroso del señor Chow. En esta ocasión, nuestro protagonista deja su habitual timidez y se lanza a una experiencia completamente nueva. Inmerso en el mundo del juego y del alcohol, decide no volver a sufrir, y sustituye los relatos de artes marciales por historias de sexo.
Haciendo uso de su acostumbrada narrativa fragmentada, el director nos introduce en un laberinto de múltiples pasillos, a través de los cuales acompañamos al protagonista en una búsqueda desesperada e infructuosa de una mujer. Una mujer que mitigue la nostalgia y el dolor de un amor imposible. Es así como Chow hallará a Su Li en el cuerpo de Bai Ling, una joven que se enamora de él a primera vista. O en Wang Ping Wen, la hija del dueño del hotel, y escritora aficionada, y claro, en aquella jugadora profesional, que lleva el mismo nombre de su amada Su Li y que es conocida como “la araña negra”.
Cuatro sub-tramas que funcionan a la manera de una matrioska rusa, y cuyo contenido no es explícito, sino que se insinúa. De esta forma el director induce la participación activa del espectador, para que sea éste quien arme su propia película, convirtiéndose en co-autor del film.

La historia no es lineal. Por el contrario, su discurrir está lleno entradas y salidas, avances y flashbacks, donde el tránsito y la acción de volver se convierten en una constante. En este juego temporal confluyen la realidad de su historia con la virtualidad de una novela que Chow está escribiendo, concebida en un mundo de ciencia ficción que tiene lugar en año 2046, un momento de tecnología muy avanzada, un futuro hacia donde se viaja en tren en busca de los recuerdos perdidos y del que nadie regresa. Un número que, además le recuerda la habitación en la cual se reunía con la Sra. Chan, en “Deseando amar”.

Si el estilo narrativo que el director elige para “2046” es magistral, igual podríamos decir del manejo que hace del tiempo cinematográfico. Un segundo puede representar varios años de la historia, o puede hacer que un segundo se vuelva eterno. Para el director, el único tiempo que merece la pena vivir es el presente, los recuerdos de amores no correspondidos, de las oportunidades perdidas son una eterna frustración del deseo, y la memoria es la única depositaria del sentimiento irrepetible.

Otro elemento destacable, en “2046”, como en toda su filmografía, es el que tiene que ver con la banda sonora. Además de la música original de Shigeru Umebayashi y Peer Raben creada especialmente para esta película, encontramos canciones latinas de principios de los años 60, en las que sobresale “Siboney”, interpretada por Connie Francis.

Visualmente, estamos ante una obra de una belleza hipnótica. Cada plano, cada detalle de la composición está cuidado con el más absoluto esmero, a tal punto que cada fotograma se asimila a un cuadro en movimiento. Exquisito y refinado el tratamiento del color, con esos permanentes cambios del blanco y negro a los virados al azul, al verde, al rojo. Los encuadres imposibles, como espiando la escena, con personajes que hablan dando la espalda a la cámara, o que están en el vértice del plano, casi a punto de desaparecer. El uso de la cámara lenta y algunas rápidas. Todo este tratamiento de la imagen se corresponde, de manera perfecta, con la narrativa fragmentada que permea toda la película.

Sobresalientes las actuaciones de los protagonistas. La interpretación de Tony Leung, como el señor Chow, es sencillamente magistral. A su lado, Gong Li, como la “araña negra”, demuestra porqué es una de la actrices más reconocidas de oriente.

Algunas escenas para el recuerdo. Aquella en blanco y negro que nos lleva a “Deseando amar”, en la que el protagonista está con su enamorada, y se lamenta de haber dejado pasar la oportunidad de ser feliz.

Una escena que es clave para comprender la historia. Cerca al final, el señor Chow conoce a la “araña negra”, cuyo nombre es Su Li-Zhem (igual que aquella mujer que lo dejó marcado, sentimentalmente, para siempre). Después de besarla, le dice: “Quizás un día puedas huir de tu pasado, si lo haces búscame”.

Con “2046” Won Kar wai finaliza una hermosa trilogía que indaga sobre el amor y la sensualidad, y a la vez, avanza en la construcción de su universo artístico. Universo que lo acredita como uno de los directores más importantes del cine contemporáneo. “2046” una película imperdible!

Premios:
2004: Festival de Cannes: Sección oficial a concurso.
2004: Festival de Valladolid – Seminci: Selección oficial de largometrajes a concurso.
2005: Asociación de Críticos de Los Angeles: Mejor diseño de producción. 2 nominaciones.
2005: Círculo de Críticos de Nueva York: Mejor película en lengua extranjera y fotografía.
2005: Nominada a Critics’ Choice Awards: Mejor película de habla no inglesa.

DESEANDO AMAR

Por: Mario Arango Escobar.

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DESEANDO AMAR/Fa yeung nin wa (2000). GÉNERO: DRAMA ROMÁNTICO. PAÍS: HONG KONG. DURACIÓN 95’.

Dirección y guión: Wong Kar-Wai. Intérpretes: Tony Leung Chiu Wai, Maggie Cheung, Ah Ping, Rebbeca Pan, Liu Chum, Siu Ping-Lam Chin Chi-Ang Chan Man-Lui. Koo Kam-Wah, Yu Hsien, Chow Po-Chun. Fotografía: Christopher Doyle, Mark Li Ping-Bing. Música: Michael Galasso.

Sinopsis: Hong Kong, 1962. Li-zhen y Chow, vecinos de una humilde pensión, se convierten en amantes cuando descubren las infidelidades de sus respectivos cónyuges.

Han pasado diez años desde que Chou Mo (Tony Leung) y Su Li-zhen (Maggie Cheung) se conocieron en “Días salvajes”. Ahora, ambos comparten una infeliz existencia como consecuencia del engaño de sus respectivas parejas. Para llenar el vacío de sus soledades, los nuevos vecinos empiezan a acompañarse mutuamente. Inicialmente es una relación tensa, y conflictiva, que el director logra trasmitir de manera magistral, a través de llamadas telefónicas secretas, lágrimas en solitario o furtivos encuentros en medio de la noche…

Los dos enamorados son reservados y prudentes. Se guardan muy bien sus sentimientos y sólo el espectador conoce lo que cada uno de ellos siente con respecto al otro. Tienen miedo de soñar con algo que los dos consideran imposible. Sin embargo, no renuncian a encontrarlo. Y mientras tanto, prisioneros del desamor… les vemos a través de los barrotes de esa cárcel en que viven.

Con la maestría que caracteriza su cine, Kar-Wai nos involucra en su historia de  amor. Al comienzo como espías y luego como cómplices de un  romance signado por la pasión. Una pasión que en todo momento es contención, que no aflora, que solo se insinúa en sutiles roces de las manos, en miradas seductoras, en prologados silencios, o en el sensual movimiento con el que Su Li-Zhen, desciende por las escaleras. Nada de amor explícito o carnal… Sólo sugerencias. Como si el director quisiera salvaguardar la intimidad de los protagonistas. Y de esta manera, hacer que el espectador “construya” su propia versión, su propia película, según sus experiencias y sus recuerdos.

La importancia del tiempo, una de las obsesiones del director hongkonés, es palpable a lo largo de toda la película. Si en “Días salvajes” el recuerdo de un instante quedó grabado para siempre en la memoria de los protagonistas, en “Deseando amar” es el propio director el que congela ciertos momentos de un tiempo interior y emocional, para cargarlos de significado. Del mismo modo, “hablan” los repetidos encuentros de los enamorados al subir y bajar las escaleras, mientras se escuchan ecos de nostálgicos boleros…

También hablan del tiempo, del día a día, los preciosos vestidos que ciñen perfectamente el cuerpo escultural de Maggie Cheung, o los frecuentes planos de relojes, y las volutas de humo de tabaco…

En tanto que el director congela el tiempo, los enamorados intentan asimilar la infidelidad de que son víctimas. Y en este ejercicio juegan a representarles a ellos, sus respectivos esposos, a ponerse en su lugar, a “vivir” sus encuentros. Y ensayar la separación, ante la imposibilidad de consumar su amor.

Pienso que en definitiva, el film nos habla del tiempo que pasó, de lo que pudo haber sido, al menos para Chou Mo. Ese tiempo que perdura es su memoria cuando asiste al templo camboyano a dejar sus secretos…

Otro elemento de gran importancia, en “Deseando amar”, como en casi toda su filmografía, es la música. En esta oportunidad, además del leitmotiv de la película, que envuelve en un tono completamente romántico la historia, están los evocadores  boleros cantados por Nat King Cole.

Magnifica la fotografía, a cargo de Christopher Doyle, que unida a la exquisita banda sonora, contribuye a crear ese clima emocional que llega directo al corazón del espectador sensible.

En cuanto a las actuaciones. Magistrales las interpretaciones de Tony Leung Chiu Wai y Maggie Cheung, en los papeles principales. Es de admirar, que a base de miradas, ademanes, y silencios, ya que las palabras escasean, se establezca entre ellos tal química, que hace creíbles a sus personajes. Tony Leung obtuvo el premio a la mejor interpretación masculina en el Festival de Cannes por su actuación en este film.

Escenas para el recuerdo. La que nos muestra a Maggie Cheung en un ceñido vestido que nos deja apreciar su espectacular cuerpo, subiendo o bajando con gran sensualidad por las escaleras de la pensión. Aquella donde la cámara solo nos muestra las piernas de la protagonista subiendo por unas escaleras.

Al final, cuando Chow, después de ver hijo de Li-Zhen, se acerca a su casa y no se decide a llamar a su puerta.

Con “Deseando amar”, Wong Kar-Wai, nos entrega una verdadera obra de arte, que consolida su particular estilo en el que, además de la perfecta factura formal, hay una profunda reflexión sobre el concepto del amor. ¡Maravillosa!

Premios

2000: Festival de Cannes: Mejor Actor (Tony Leung) y Premio Técnico.

2000: Nominada Premios BAFTA: Mejor Película en Habla No Inglesa.

2001: Premio Cesar: Mejor Película Extranjera.

2001: Nominada Critics’ Choice Awards: Mejor Película de Habla No Inglesa.

20001: Círculo de Críticos de Nueva York: Mejor Fotografía y Mejor Película Extranjera.

DÍAS SALVAJES

Por: Mario Arango Escobar.

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DÍAS SALVAJES/Ah fei zing zyun (1990). GÉNERO: DRAMA-ROMANCE. PAÍS: HONG KONG. DURACIÓN: 95’.

Dirección y guión: Wong Kar-Wai. Intérpretes: Leslie Cheung, Andy Lau, Maggie Cheung, Carina Lau, Jacky Cheung, Tony Leung Chiu Wai, Alicia Alonzo, Ling-Hung Ling, Rebecca Pan, Mei-Mei Hung. Fotografía: Christopher Doyle. Música: Terry Chan.

Sinopsis: La película trata de la búsqueda del amor por parte de un joven que descubre que su madre le abandonó en manos de una prostituta, que asume el rol de mamá. Ésta se niega a revelarle el nombre de su madre biológica. Este hecho causa en el muchacho serios problemas emocionales, que lo incapacitan para expresar amor.

Drama romántico, ambientado en Hong Kong de los años 60, en el que convergen varios personajes, extraños entre sí, pero que sin saberlo, comparten un fragmento de sus vidas. Personajes que están perdidos y desilusionados. No encuentran su sitio, buscan compañía y no la encuentran. Están solos y así seguirán…

Segunda película de su filmografía, que da inicio a una trilogía en la cual Won Kar-Wai indaga sobre el complejo mundo del amor y las relaciones personales. Sin duda, una obra clave de su carrera, pues ya se advierten las constantes de lo que será el sello personal de su cine.

Desde las primeras secuencias el director deja claro sus intenciones, presentándonos una historia romántica, pero cruel sin concesiones al sentimentalismo. El desasosiego y la ansiedad están reflejados en el rostro del protagonista, que como lo expresa la metáfora “del pájaro que no puede volar”, va de un lado a otro, buscando sin encontrar la paz. Y en este ir y venir empuja a otros seres al sufrimiento y al dolor.

“Días salvajes” cuenta con un guión exquisitamente bien escrito, lo que le confiere a la narrativa un valor agregado: la intensidad emocional con la que están dibujados cada uno de los personajes. Personajes que se buscan a través de sus silencios, de sus soledades. Y el ansia de amar y de ser amados como punto de unión entre ellos…

Magnífica la puesta en escena, con esos escenarios hermosos de un Hong Kong de los años sesenta, con esa lluvia que no para… Los ambientes cerrados y lúgubres donde se refugian los enamorados. La sensualidad presente en cada esquina… Pero también la exuberancia tropical de Filipinas, como compensación a tanta melancolía… Todo ello traducido en imágenes de singular belleza por el maestro Christopher Doyle, que tan acertadamente usa la gama de colores fríos para crear la atmósfera nostálgica del film.

La ambientación musical, a cargo de Terry Chan le imprime al relato un ritmo sensual y tranquilo. Sobresalen las melodías que nos remiten a la música de los años sesenta, de letras románticas y evocadoras, como la inolvidable “Perfidia”.
Extraordinarias las actuaciones de los dos protagonistas, Su Li-Zhen y Chow Mo-Wan que confieren credibilidad a la narración.
Para destacar, la habilidad del guionista y también director, para terminar el relato, haciendo que todas las sub-tramas se entrecrucen, en un final circular, que deja a los personajes atrapados en su perenne tragedia.

Además de la reflexión sobre el amor, Kar-Wai, continúa su exploración sobre el concepto del tiempo. Y lo hace de una manera que sólo lo puede hacer un verdadero artista. No sólo desde lo formal, con la presencia reiterativa de los relojes. Lo más interesante estriba en el tratamiento conceptual, que queda plasmado en esa lograda secuencia: “16 de abril de 1960 a las 3 de la tarde y estoy contigo. Vamos a ser amigos de un minuto. Y no puedes negarlo, porque ya ha pasado”. Un instante que para So Lai, la taquillera del estadio, se vuelve eterno, un instante que nunca termina… Un instante que también marcará por siempre al joven amante, para quien la magia de este momento será imperecedera.

Con “Días Salvajes” Wong Kar-Wai no sólo da inicio a una de las trilogías más bellas sobre el amor, sino que se revela como un artista total. Su maestría en el tratamiento formal y conceptual de un tema tan recurrente, lo convierten en un director al que todo amante del buen cine debe revisar permanentemente.

Nota:

Algunos elementos que contribuyen a la unidad de la trilogía:
Los planos fijos de relojes, que hablan del tiempo pero también de esa ansiosa espera a que el amor se haga presente.
La presencia de la lluvia, que habla de los sentimientos de los personajes.
Son frecuentes los encuentros de los protagonistas en exteriores, generalmente sitios solitarios, lúgubres en medio de la lluvia.
Las tres películas están ambientadas en 1960, y temáticamente hablan de lo complejo del amor y de los recuerdos del pasado.