EL CLUB

Por: Mario Arango Escobar.

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PABLO LARRAÍN

Nació en Santiago de Chile en 1976. Estudió comunicación audiovisual en la Universidad de Artes, Ciencias y Comunicación (UNIACC). Hijo de Hernán Larraín, senador y presidente de la UDI, y de Magdalena Matte, ministra de Vivienda y Urbanismo en el gobierno de Sebastián Piñera. Es socio fundador de Fábula, una empresa dedicada al desarrollo de cine y comerciales donde ha desempeñado diversos proyectos.

En el año 2006 realiza su primer largometraje, “Fuga” (2006). La película nos presenta a Montalbán, un músico atrapado en una composición inconclusa. Siendo niño es testigo de la muerte de su hermana quien es asesinada sobre un piano, hecho en el cual se compone accidentalmente una melodía. Esto lo transforma en un músico obsesionado y mentalmente perturbado, atrapado por esa música.

Dos años después estrenó su segundo trabajo, “Tony Manero”. Santiago de Chile, 1978. En medio de un difícil contexto social, la dictadura de Pinochet, Raúl Peralta, de unos cincuenta años, está obsesionado con la idea de interpretar a Tony Manero, el personaje de John Travolta en “Fiebre del Sábado Noche”. Sus ansias de interpretar a su gran ídolo y su anhelo de ser reconocido como una estrella del mundo del espectáculo a nivel nacional le empujan a cometer una serie de crímenes y robos.

Posteriormente, en el año 2012, realiza “No”, una película en la que el mexicano Gael García Bernal interpreta a un publicista que desarrolla una campaña a favor del No en el plebiscito de 1988, para impedir que Augusto Pinochet siguiera en el poder.

“El Club” (2015), película que presentamos en nuestro cineclub.

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EL CLUB (2015). GÉNERO: DRAMA. PAÍS: CHILE. DURACIÓN: 98’.

Dirección: Pablo Larraín. Guión: Guillermo Calderón, Daniel Villalobos, Pablo Larraín. Intérpretes: Roberto Farias, Antonia Zegers, Alfredo Castro, Alejandro Goic, Alejandro Sieveking, Jaime Vadell, Marcelo Alonso, Gonzalo Valenzuela, Diego Muñoz, Catalina Pulido, Francisco Reyes, José Soza. Fotografía: Sergio Armstrong. Música: Carlos Cabezas.

Sinopsis: Cuatro sacerdotes y una monja comparten una casa en las costas de Chile. Están allí, recluidos, expiando sus pecados. La llegada de un nuevo miembro, va a perturbar la aparente tranquilidad de este singular club…

De nuevo, Pablo Larraín irrumpe en la pantalla con una historia oscura, llena de sátira y humor negro. El tema de su nueva película no podría ser más actual y polémico, la pederastia en la Iglesia Católica.

Desde las primeras imágenes, oscuras y sombrías el director nos introduce en una atmósfera lúgubre y enrarecida, acorde con el tema del film.

En medio de la penumbra en la cual el director envuelve su relato, vamos conociendo a los cuatro sacerdotes, excomulgados por haber cometidos delitos graves como la pederastia. Gloria, una monja, con pasado oscuro, es quien les cuida. Son personas mayores, que pasan sus días en medio de la granja, entrenando a un perro para las carreras, cantando, rezando…una rutina plácida, que de pronto se rompe con la llegada de un cura nuevo. El arribo de este quinto integrante, revivirá episodios del pasado que todos quieren olvidar, pero que Sandokan (Roberto Farías), un indigente, que fue víctima de sus abusos, les recuerda una y otra vez, en medio de amenazas e improperios.

La situación se hace tan tensa, que las jerarquías religiosas envían a un sacerdote investigador para que trate de recomponer la “armonía” perdida de la casa.

Apoyándose en un guión estricto y riguroso en su estructura, Larraín va directo a lo que siempre le ha interesado como realizador: la crítica social. Y en esta ocasión tampoco se anda con sutilezas. El mismo título del film, lleno de ironía y cinismo, nos da una idea de la intención de Larraín.

El director chileno no solo busca mostrar la depravación de algunos sectores de la Iglesia, y la actitud permisiva y complaciente de los altos jerarcas ante estas conductas, él quiere gritarlo para que nadie ignore hechos tan aberrantes como los que se nos cuentan en la película. Y para lograr este objetivo, se las ingenia a la hora de narrar la historia y muy acertadamente, opta por un lenguaje que incomoda e inquieta. Un lenguaje donde sobresalen unos diálogos explícitos, llenos de crudeza, que impactan fuertemente.

Sin embargo, no obstante el tema tratado, Larraín acierta con el tratamiento sutil de la imagen, a tal punto que, por ejemplo, no se nos muestra ninguna evidencia de abuso, y es en última instancia, nuestra imaginación la que termina elaborando algunos contenidos.

Paradójicamente, en medio de la crudeza de esta historia, no podemos evitar una sonrisa, pues el humor negro, negrísimo, presente en algunos episodios, la ha hace inevitable. Y este es también un gran acierto de Larráin. Y claro, esta comicidad, unida a su acre mirada, hace de “El club”, una de sus películas más perturbadoras.

Formalmente, la película cuenta con varios puntos a destacar, entre ellos, la utilización de planos frontales de cada uno de los habitantes de la casa, en el momento en el que el recién llegado investigador les entrevista. Con este recurso, Larraín, logra convertir estos momentos en un verdadero interrogatorio judicial, del que todos salen culpables.

De otro lado, el tratamiento de la fotografía, en tonos apagados y gélidos, contribuye a reforzar esa atmósfera oscura de la que los siniestros personajes parecen emerger. Soberbio trabajo de Sergio Armstrong, fotógrafo habitual en la filmografía del director chileno.

La banda sonora, autoría del compositor Carlos Cabezas, de singular belleza, se acopla perfectamente a la imagen para crear ese tono sombrío que ésta reclama. Se incluyen composiciones de Arvo Pärt, Britten, y Bach. Esto en cuanto a la música, pues no podemos dejar de lado el impactante trabajo vocal del actor Roberto Frías.

En cuanto al reparto, Larraín acierta al convocar a un grupo excelso de actores chilenos: Alejandro Goic, Alfredo Castro, Jaime Vadell, Alejandro Sieveking, Antonia Zegers, José Soza, Roberto Farías y Marcelo Alonso. Todos hacen gala de una extraordinaria capacidad interpretativa, ofreciéndonos unas memorables actuaciones. Para destacar, la impecable caracterización de Roberto Farías, como Sandokán, que le confiere a la película gran parte de su tensión. Aquí también es justo hacer un reconocimiento a la labor de dirección de actores, por parte de Larraín.
Un final perfecto, que impone a los sacerdotes aceptar a Sandokán como el nuevo huésped, y de esta manera, redimir sus culpas…
“El club”, una película incómoda, dura, valiente y extraordinaria. Una muestra perfecta del arte comprometido.

Premios:

2015: Festival de Berlín: Gran Premio del Jurado.
2015: Globos de Oro: Nominada a Mejor película de habla no inglesa.
2015: Festival de San Sebastián: Sección oficial competitiva (“Horizontes Latinos”).
2015: Festival de Mar del Plata: Mejor guión y actor (Castro, Farías, Vadell, Goic).
2015: 4 Premios Fénix: Mejor película, director, guión y actor (Alfredo Castro).

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