EL HIJO DE SAÚL

Por: Mario Arango Escobar.

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LÁSZLÓ NEMES

László Nemes nació en 1977 en Budapest, Hungría y creció en París. Luego de estudiar Historia, relaciones internacionales y escritura de guiones, comenzó a trabajar como asistente de dirección en Francia y Hungría en cortos y largometrajes. Durante dos años, trabajó como asistente de Béla Tar en El hombre de Londres, y después estudió dirección de películas en la Universidad de Nueva York Tisch School of the Arts. Al finalizar sus estudios se dedicó a la realización de cortometrajes, entre los que se destacan “Türelem” y “The Counterpart”.
En el año 2015, realiza su primer largometraje, “El hijo de Sául”, que presentamos en nuestro cineclub.

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EL HIJO DE SAUL/ SAUL FIA (2015). GÉNERO: DRAMA. PAÍS: HUNGRÍA. DURACIÓN 107’.
Dirección: László Nemes. Guión: László Nemes, Clara Royer. Intérpretes: Géza Röhrig, Levente Molnár, Urs Rechn, Sándor Zsótér, Todd Charmont, Björn Freiberg, Uwe Lauer, Attila Fritz, Kamil Dobrowolski, Christian Harting. Fotografía: Mátyás Erdély. Música: László Melis.

Sinopsis: La película sigue a Saúl, un judío-húngrao prisionero en Auschwitz que diariamente debe conducir a otros presos hasta las cámaras de gas, y quemar los cadáveres. Un día, Saúl encuentra en medio de las víctimas, un niño que ha logrado sobrevivir y decide salvarlo de los hornos crematorios…

De manera sorprendente, el novel director László Nemes, elige para su debut como realizador, el tema del Holocausto nazi. Y digo sorprendente, porque pareciera que ya todo está dicho sobre este cruento episodio de la Historia de la Humanidad. Sin embargo, el que fuera alumno aventajado del gran maestro húngaro, Béla Tarr, va más allá de la mera descripción del horror, para implicarnos emocional y sensorialmente en el sufrimiento de los miles de judíos que fueron enviados a los campos de concentración.

El film impacta desde las primeras imágenes, recogidas por una nerviosa cámara en mano, a través de la cual conoceremos al protagonista. De inmediato nos sentimos en la atmósfera claustrofóbica y asfixiante que rodea a Sául y que será el trasfondo de toda la historia.

Para hacernos partícipes de la amarga experiencia que vive el protagonista, el director, muy hábilmente, coloca su mirada (la cámara), en cuello de Saúl y acude a planos cerrados, de poca profundidad de campo. De esta manera, el fondo de la escena se hace borroso y solo podemos identificar plenamente, los rostros de las personas. Acompañamos a Saúl a través de los tétricos pasadizos, pues, los planos secuencia con los cuales el directos sigue su recorrido, nos hacen partícipes (como si fuéramos unos prisioneros más) de su amargo periplo.

Para que nuestra experiencia sea cercana a la realidad que viven los condenados a muerte, Nemes llena el fuera de campo, de gritos, lamentos, y ruidos, que contribuyen a reforzar el horror de este macabro entorno. Un recurso que hace posible que soportemos permanecer en la sala, pues si todo ello apareciera en pantalla, sería imposible…

Otro elemento que contribuye a crear la sensación de que estamos físicamente en el campo de concentración, es la lograda fotografía de Mátyás Erdély. Por medio de fondos borrosos, colores oscuros y neutros, registra, el barro y la sangre que llenan el lugar.

Punto aparte merece la presencia de Géza Röhrig, (de profesión poeta, y que en esta película por primera vez, actúa), quien nos brinda una interpretación totalmente magistral. Su gestualidad, su mirada, sus silencios, nos hacen partícipes de su desesperación, de su ansiedad por lograr darle a ese niño, que acoge como su hijo, el merecido funeral.

Y llega el final, inesperado, pero abierto a varias lecturas, y es también algo para destacar en el guionista y director. Con esa mágica aparición de ese niño que sonríe a Saúl, la película no termina en la sala… y las preguntas y las respuestas se diversifican en cada espectador. Con este final, además, Nemes nos quiere demostrar que su propuesta no es solo un ejercicio de estilo, meramente formal, sino una obra llena de significado.

László Nemes, con esta, su ópera prima, nos devuelve la fe en cine, en las inmensas posibilidades de la imagen, y en definitiva en el inagotable mundo del Arte. Un director al que habrá que seguirle la pista, pues “El hijo de Saúl” nos ha dejado sedientos de propuestas similares.

Premios
2015: Premios Oscar: Mejor película de habla no inglesa.
2015: Festival de Cannes: Gran Premio del Jurado y Premio FIPRESCI.
2015: Premios César: Nominada a mejor película extranjera.
2015: Globos de Oro: Mejor película de habla no inglesa.
2015: Premios David di Donatello: Nominado a mejor film de la Unión Europea.
2015: Independent Spirit Awards: Mejor película extranjera.

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