ARRUGAS

Por: Mario Arango Escobar.

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IGNACIO FERRERAS

Nacido en Comodoro Rivadavia, Argentina, en 1972. Nacionalizado en España, donde reside actualmente. Animador y director de gran experiencia internacional, entre la que destaca su colaboración en films y series como Rugrats, Astérix et les vikings (2006) y El ilusionista (2010). Su corto How to Cope with Death (2002) ganó muchísimos premios en festivales internacionales (incluido Annecy, Melbourne y Ottawa). “Arrugas” es su ópera prima.

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ARRUGAS (2011) GÉNERO: ANIMACIÓN-DRAMA. PAÍS: ESPAÑA. DURACIÓN: 80’

Dirección: Ignacio Ferreras. Guión: Ángel de la Cruz, Paco Roca, Ignacio Ferreras. Intépretes: Animación: Fotografía: Animación. Música: Nani García

Sinopsis: Adaptación del cómic homónimo de Paco Roca, que narra la enternecedora amistad que se establece entre Emilio y Miguel, dos ancianos que viven recluidos en un geriátrico.
Las primeras secuencias de la película nos presentan a Emilio, un joven director de banco que discute con unos clientes. En realidad se trata de una de las muchas ensoñaciones del anciano protagonista, quien ahora se encuentra en un hogar geriátrico. Fue recluido allí por su hijo, ante el progresivo avance del Alzheimer, que lo aqueja desde hace tiempo.
En su nuevo hogar, Emilio deberá aprender a compartir su vida con los otros residentes, también enfermos como él. Para ayudarle en este proceso de adaptación, contará con el apoyo de Miguel, su compañero de cuarto.
A medida que pasan los días, Emilio y Miguel se convierten en amigos inseparables, y entre los dos se las ingeniarán para evitar, a toda costa, ser llevados al piso de los desahuciados. En su afán de ayudar a su nuevo amigo, Miguel será protagonista de varios momentos en los que el humor prima sobre la tragedia y la risa será inevitable.

Además de Miguel, Emilio conocerá a otros integrantes del asilo. Pero además de Miguel, Emilio conocerá a Antonia, que guarda algunas sobras de comida para compartirlas con su nieto, el día de la visita. Modesto, también enfermo de Alzheimer y su esposa Dolores, que lo cuida en todo momento. La señora Rosario, que permanece la mayor parte del día sentada cerca de la ventana, viviendo su fantasía de que viaja a Estambul, en el Orient Express. Y Doña Sol, la anciana que vive ilusionada con la idea de que su familia llegará para llevarla de nuevo a su casa. Todos los personajes están perfectamente construidos y cada uno nos prodiga alguna lección constructiva para nuestra vida.

“Arrugas” no es una animación cualquiera, y su autor nos demuestra que este género no está, necesariamente, dirigido a los niños. Aquí no encontramos un guión de gran solidez, dirigido a un público adulto, y que nos habla con gran lucidez de un tema demasiado serio como la vejez y la enfermedad. Con una narrativa sencilla, proveniente del cómic que lo inspira, vamos conociendo, a través del personaje principal, los estragos que en él, va generando el Alzheimer.
El director Ignacio Ferreras acierta totalmente en su adaptación cinematográfica del célebre cómic. Un tema que en manos de otro director menos experimentado, se habría convertido en un melodrama ramplón y simplista. Sin embargo, Ferreras, sale airoso al combinar la narración lineal con los recuerdos de los personajes, con lo cual se mantiene la tensión dramática. Tensión dramática que refuerza la maravillosa partitura de Nani García.

Escenas para el recuerdo. Serían varias, pero quiero destacar la que se desarrolla en el gimnasio y la del final, relacionada con los calcetines.

“Arrugas”, no obstante su tema central, es una película que exalta el deseo de vivir. Un canto a favor de la dignidad del ser humano. Toda una joya cinematográfica.

Premios:

2011: 2 Premios Goya: Mejor película de animación y mejor guión adaptado.
2011: Premios Annie: Nominada a Mejor película.
2012: Festival de Annecy: Distinción especial (2º mejor largometraje).
2012: Premios del Cine Europeo: Nominada a Mejor película de animación.
2012: Festival de Ottawa: Gran Premio al Mejor largometraje de animación.
2014: Satellite Awards: Nominada a Mejor largometraje animación.

MOLOCH

Por: Mario Arango Escobar.

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MOLOCH (1999) GÉNERO: DRAMA-HISTORICO. PAÍS: RUSIA. DURACIÓN 103’.

Dirección: Alexander Sokurov. Guión: Yuri Arabov. Intérpretes: Leonid Mozgovoi, Elena Rufanova, Leonid Sokoi, Elena Spridonova, Vladimir Bagdanov, Anatoli Shcwederski. Fotografía: Alexei Fyodorov, Anatoli Rodionov.

Sinopsis: Tercera parte de “la trilogía del poder”, en la cual Sokurov nos lleva hasta el refugio campestre de Eva Braun, para hacernos partícipes de su encuentro con su amante Adolf Hitler (Leonid Mozgovoi), y el séquito de sus más fieles seguidores.

La película está ambientada en el famoso chalet de retiro de Hitler en Berchtesgaden, en plenos Alpes bávaros, conocido como “El nido del águila. La historia se desarrolla en el verano del 42, con el Ejército alemán avanzando en plena Operación Azul en dirección a Stalingrado y el Caúcaso.
Las imágenes que dan inicio al film, de gran belleza, nos muestran a Eva Braun (Elena Rufanova, haciendo gala de sus dotes de consumada gimnasta. Sokurov se detiene, fascinado, para contemplar, una y otra vez a la escultural mujer. Su bien formada anatomía, que deja ver una ceñida trusa, se convierte en una perfecta metáfora del ideal de belleza para el nacionalsocialismo.

Luego de esta introducción, viene el relato en sí, del encuentro de los anfitriones y sus invitados: Joseph Goebbels, (Leonid Sokol), su esposa Magda (Elena Spiridonova y y el lugarteniente de Hitler, Martin Bormann (Vladimir Bogdanov).
La recepción se desarrolla en un ambiente enrarecido y ramplón, donde todos los integrantes parecen vivir al margen de lo que ocurre en el exterior. Indiferentes a la inminente derrota del Fürer, incluso él, se comportan como personajes de una obra teatral, a quienes solo les importa la buena vida, y los privilegios inherentes al poder. A través de las conversaciones, tanto de los hombres como de las dos mujeres, se evidencia la decadencia de un régimen próximo a su fin. Los diálogos, absurdos e ilógicos, dan cuenta de ello.

Para acentuar este ambiente decadente, el realizador soviético recurre enmarcar la acción en medio de amplios espacios, sobre los que inciden luces grises y tenues. Al servicio de mismo propósito, estaría la música del compositor alemán Richard Wagner, uno de los preferidos de Hitler y las grotescas risas que se escuchan en el fuera de campo.
La mirada de Sokurov se centra en mostrarnos el lado humano del líder nazi, y por ello prescinde de elementos claves de su vida. Su interés es ofrecernos un esbozo, de un momento en la cotidianidad de un hombre clave en la historia del siglo XX. El Hitler del director ruso es un hombre que se comporta a veces como un niño caprichoso y egoísta. Un ser débil y enfermo, lleno de miedos, a quien solo Eva es capaz de poner a salvo de sus fantasmas personales. Rasgos personales que están magistralmente personificados por Leonid Mozgovoi, en el rol de Hitler.

Este retrato que el director ruso nos presenta de Hitler, esa dimensión humanizada que nunca antes habíamos imaginado, ciertamente resulta una sorpresa, pero, también hay que reconocerlo, más cercana a la realidad. La franqueza y la sencillez con la que Sokurov se acerca al jefe nazi, nos permite captar la contradicción de un ser con una ínfima autoestima, en contraste con el inmenso poder que ejerció sobre Europa.
El otro personaje importante de la película es Eva Braun, en una soberbia interpretación de Elena Rufanova. Ella no solo es la amante fiel y leal de Hitler, enamorada, no del político, sino del ser humano. Es ella la que le conecta con la realidad. Es ella ante quien Hitler no siente vergüenza de confesar sus miedos y sus frustraciones…

De nuevo, como lo ya lo hizo con “Sol” y “Taurus”, también con Moloch, Sokurov da muestra de su talento, como artista y como realzador, y nos entrega una obra que cumple su cometido de humanizar la figura del dictador alemán. Imprescindible!

Premios
1999: Festival de Cannes: Mejor guión.
1999: Premios del Cine Europeo: Nominada a Mejor película y fotografía.
Nota: *Moloch era un dios de los antiguos fenicios y Cartagineses, que al entrar en contradicción con los hebreos y posteriormente con el cristianismo medieval, es reconvertido al estatus de divinidad diabólica que exige el sacrificio de infantes. En el Paraíso perdido de Milton, Moloch es uno de los grandes guerreros de los ángeles rebeldes, vengativo y siempre dispuesto a combatir: embadurnado con la sangre de sacrificios humanos, y las lágrimas de los padres. Se encuentra entre los jefes de los ángeles satánicos en el Libro 1, y pronuncia un discurso ante el parlamento del infierno en el Libro 2:43 -105, a favor de una inmediata guerra contra Dios. Más tarde comenzará a ser reverenciado como un dios pagano en la Tierra.