TODOS LOS CAMINOS CONDUCEN A CASA

Por: Mario Arango Escobar.

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LEE JEONGHYANG

Lee Jung-Hyang nació el 13 de abril de 1964 en Corea del Sur. Licenciada por la Universidad de Sogang (es una de las universidades líderes en Artes e investigación en Seúl) en literatura y filología francesa en 1987 y por la Academia Coreana de Cine en 1988.

Se interesó por el cine desde su época de estudiante universitaria, y desde entonces siempre ha tenido películas en mente. Una vez finalizados sus estudios de cine y antes de iniciarse como directora, se desempeñó como ayudante de dirección.

Debuta como directora con “El zoológico al lado del museo”/ Misulgwan yup dongmulwon (1998). Historia de dos extraños, con muy pocas afinidades, que se ven forzados a vivir juntos.

“Todos los caminos conducen a casa” (2002) es su segundo largometraje, con el que ha conseguido el reconocimiento tanto en su país, como a nivel internacional.

“Una razón para vivir”/ O-neul (2011). La directora de documentales Da-hae pierde a su prometido en un accidente de tráfico el día de su cumpleaños. Sin embargo, perdona a su asesino de 15 años debido a sus creencias católicas, y firma una petición de absolución. Un año más tarde, Da-hae realiza un documental en contra de la pena de muerte encargado por una iglesia católica, y descubre que el chico al que perdonó ha cometido otro homicidio…

 

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TODOS LOS CAMINOS CONDUCEN A CASA/ KIBEURO (2002). GÉNERO: DRAMA. PAÍS: COREA DEL SUR. DURACIÓN: 85’

Dirección y guión: Lee Jeong-hyang. Intérpretes: Eul-boon Kim, Seung-ho Yu, Hyo-hee Dong, Kyung-hyun Min, Eun-kyung Yim . Fotografía: Ion Hong-Shik. Música: Kim Dae-Hong.

Sinopsis: Un niño de ciudad debe viajar al campo. Allí pasará una temporada con su abuela, mientras su propia madre puede hacerse cargo de él. La convivencia del pequeño con su abuela, es el núcleo de este precioso film.

La directora coreana nos narra el encuentro entre Sang Woo; un niño citadino, de unos siete años, y su abuela, una mujer anciana y muda; que siempre ha vivido en el campo.

Desde que el niño llega a su nueva casa, se siente incómodo con el nuevo entorno. Nada le causa agrado, pues la modesta vivienda de su abuela carece totalmente de los lujos y comodidades a los que está acostumbrado. La abuela, ante los continuos berrinches y malos tratos de su malcriado nieto, responde con ternura y mansedumbre. Tan solo a través de su mirada y de unos gestos completamente elocuentes, poco, a poco, llega al corazón del muchacho para modificar sus comportamientos.

La realizadora Lee Jeong-hyang opta por narrarnos la historia desde la mirada del niño, sin embargo, el espectador la siente o la “vive” a través de la abuela y de ahí su ritmo tranquilo y pausado. Acorde con este minimalismo formal, que invita a la contemplación, se impone la presencia protagónica de los silencios y las miradas, a través de los cuales logramos adentrarnos en las emociones y en los sentimientos de los dos protagonistas.   Acorde con este discurrir moroso del relato, encontramos una excelente fotografía y una banda sonora de gran lirismo (a cargo del compositor Kim Dae-Hong), que acentúan el dramatismo de las escenas.

En el plano actoral, uno de los puntos fuertes del film, sorprende la interpretación de      Eul-boon Kim, una mujer sin ninguna experiencia ante las cámaras, que logra conmovernos por su gran capacidad expresiva.                                                                                     En cuanto al joven actor Yoo Seung-ho (como Sang Woo), aunque ya tenía experiencia, logra igualmente, una interpretación bastante verosímil, y hace que permanezca en la mente del espectador.

Es evidente el talento de la directora y guionista no solo en la elección de sus actores sino también en lo bien estructurado de unos personajes, sencillos, humanos, realistas.
Escenas para el recuerdo. Sin lugar a dudas, la que narra el momento en el que la abuela pregunta al niño qué desea comer, y éste responde que pollo a lo Kentucky, y los esfuerzos de aquella por satisfacerle…
Otra escena de gran emotividad, cuando la cámara nos muestra el momento de la despedida de Sang Woo…
Y el final. Esas cartas que el niño ha dejado a la abuela, simplemente maravilloso!
Para terminar, estamos ante una película pequeña en apariencia, pero inmensa en contenido. Que nos sugiere una reflexión profunda sobre el poder del amor, de la sencillez, de lo esencial. Además, un hermoso homenaje a esos seres que siempre estarán en nuestro corazón: las abuelas. Imprescindible!

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