GRACIAS POR EL CHOCOLATE

Por: Mario Arango Escobar.

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GRACIAS POR EL CHOCOLATE /Merci pour le chocolat (2000) GÉNERO: DRAMA. PAÍS: FRANCIA. DURACIÓN: 100’

Dirección: Claude Chabrol. Guión: Claude Chabrol, Caroline Eliacheff (Novela: Charlotte Armstrong). Intérpretes: Isabelle Huppert, Jacques Dutronc, Anna Mouglalis, Rodolphe Pauly, Brigitte Catillon, Michel Robin, Mathieu Simonet . Fotografía: Renato Berta. Música: Matthieu Chabrol.

Basándose en la novela homónima de Charlotte Armstrong, el maestro Claude Chabrol se desplaza a Suiza para introducirnos en la historia de Mika Müller, una empresaria exitosa para quien la estabilidad familiar está por encima de todo.

La familia de Mika está conformada por su esposo André Polanski, un destacado pianista y Guillaume, el hijo de éste.

Un día cualquiera irrumpe en la casa de los Polanski, Jeanne, una joven que quiere aclarar quién es su verdadero padre, pues se ha enterado que al nacer fue cambiada por otro niño, al parecer por el hijo de André. Así las cosas, Jeanne podría ser hija del pianista.

Casualmente, Jeanne está estudiando piano, y desde este primer encuentro con Polanski se establece entre ellos una gran afinidad, que hace que la joven no dude en convertirse en la alumna del afamado músico.

Esta relación entre André y Jeanne pone en alerta a Mika, quien, a partir de este momento hará lo que esté a su alcance para evitar que la joven se convierta en una amenaza para ella y su familia.

Con este planteamiento, Chabrol, nuevamente escudriña en el interior de la clase media francesa. Haciendo gala de su habitual inteligencia y sencillez, tanto en los diálogos, como en los recursos formales, nos revela el perverso mundo que la familia de Mika esconde tras una límpida fachada.

Pero Chabrol conoce perfectamente el poder de la sugerencia, de la sospecha… Por eso podríamos decir que la fuerza de este film estriba en ello, en aquello que no se vé, pero que está latente. Suspenso que el director francés, como alumno aventajado de Hitchcock, va acumulando hasta el momento final, cuando la tensión se hace insostenible.

Y en este universo de la insinuación se impone la presencia de Isabelle Huppert, quien puede moverse en el con total fluidez. Nadie como ella para representar con lujo de detalles los hipócritas modales de la pequeña burguesía francesa. Huppert logra uno de los papeles más completos de su carrera, otorgando a su personaje un equilibrio perfecto entra la maldad y la fragilidad y lo hace de manera contenida, valiéndose tan solo de su ya, refinada gestualidad.

Además de la memorable interpretación de Huppert, no podemos desconocer la fuerza que Jacques Dutronc (André Polanski) y Rodolphe Pauly (Guillaume), imprimen a sus respectivas actuaciones.

La película se estructura como un drama del más absoluto suspenso, sin embargo el director francés está más interesado en mostrarnos, en toda su dimensión, el drama interno que viven los personajes, antes que en la resolución de la trama o en dar explicaciones sobre los acontecimientos. Es así como desde los créditos iniciales, vemos a Mika, sentada en su sofá, elaborando un tejido, que al final toma la forma de una tela de araña. Una especie de red en la que van cayendo los personajes, incluida ella.

Además de esta afortunada metáfora de la tela de araña, Chabrol recurre al simbolismo del color. Si en “Madame Bovary”, era la iluminación suave y clara la que seguía el derrotero de la protagonista, en esta ocasión es el color del vestido, el que diferencia a Mika del resto de personajes. Casi siempre va vestida de colores pastel, a excepción del día en que visita a la madre de Jeanne. En esa fecha viste de negro, color que para ese momento, adquiere un fuerte contenido simbólico y revelador de las intenciones de Mika.
Magnífica la música a cargo de Matthieu Chabrol, que reúne hermosos fragmentos de composiciones clásicas, de Chopin, Schubert, Mahler, y Debusy. Sobresale “Los funerales” de Liszt, que contribuye a crear la atmósfera trágica de la historia.

Un final que permanecerá en nuestra memoria por mucho tiempo. La ambiciosa y manipuladora Mika, al ver que sus artimañas no han surtido efecto en esta oportunidad, cae derrumbada, atrapada en la red que urdió durante todo el film, y mientras los créditos finales pasan, se acurruja como un feto, presa del desamparo.
“Gracias por el chocolate” permite que Chabrol continúe enriqueciendo y cualificando su mirada inclemente sobre la burguesía. De igual modo, le sirve como un pretexto para hablar de sus influencias cinematográficas, Hitchcock en primera instancia, con su presencia en cada fotograma. Y Fritz Lang, su otro autor preferido, que Chabrol cita textualmente. Exquisito cine de autor!

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