UNA VIDA NUEVA

Por: Mario Arango Escobar.

OUNIE LECOMTE

Nació en 1966 en Seúl Corea del Sur. Cuando contaba con solo nueve años abandonó el país para irse a vivir a Francia con su nueva familia adoptiva. Tras finalizar sus estudios de Diseño de Moda, Lecomte trabajó en diversas películas, entre las que destaca su papel como actriz en el largometraje Paris S’éveille de Olivier Assayas. En 1991, la directora volvió a su Corea natal con el objeto de interpretar a una joven abandonada en busca de sus raíces. La película, un proyecto de Seo Myung-so titulado Seul Metropolis nunca llegó a realizarse, pero Lecomte acabó reencontrándose con su familia biológica.

En 2006 se inscribió en el taller de escritura de guión Femis (La Fémis, ahora Escuela Nacional Superior de Oficios de la imagen y el sonido, es la escuela nacional de cine en Francia), en cuyo seno desarrolló la que se convertiría en su ópera prima Una vida nueva (A Brand New Life).
“Yo deseo que seas amado locamante”/ Je vous souhaite d’être follement aimée), (2015) nos presenta a Elisa, una fisioterapeuta que se instala con su joven hijo, Noé, en Dunkerque, la ciudad donde nació. Meses antes, ella comenzó a investigar a su madre biológica, pero la mujer se negó a revelar su identidad. En busca de una madre desconocida, su pasado y su historia, Elisa no se dará por vencida y buscará comprender, pero la suerte va a cambiar sus expectativas…

UNA VIDA NUEVA/Yeohaengja (2009) GÉNERO: DRAMA. PAÍS: COREA DEL SUR. DURACIÓN: 92

Dirección y guión: Ounie Lecomte. Intérpretes: Kyung-gu Sol, Ah-sung Ko, Sae Ron Kim, Man-seok Oh, Seong-kun Mun, Myeong-shin Park, Yoo-nah Kim, Do Yeon Park. Fotografía: Hyun Seok Kim.

Retomando recuerdos de su propia infancia, la directora coreana nos presenta esta, su opera prima. La historia está ambientada en los años 70, en una pequeña ciudad de Corea del Sur.

El film comienza mostrándonos a una niña, Jinhee (Sae Ron Kim) de unos nueve años, en compañía de su padre. Juntos disfrutan de un paseo en bicicleta, o comiéndose un helado. La niña se siente feliz con la presencia de su papá, y con los zapatos nuevos que éste le ha regalado. La directora, muy hábilmente, esboza una figura paterna ausente, y por eso casi todo el tiempo oculta su rostro a la cámara.

Al día siguiente, toman el autobús y llegan a un orfanato, donde su padre, sin previo aviso, deja abandonada a Jinhee.

La niña no logra entender cómo, su padre, que es su adoración, la ha abandonado y confía en que pronto regresará por ella. Cuando Jinhee se da cuenta de que no volverá a ver a su papá, entra en una profunda depresión. Se aísla de las demás niñas, se niega a comer, llegando incluso a intentar escaparse del convento.

Con el paso de los días, nuestra protagonista termina aceptando su situación, y empieza a integrarse al grupo de compañeras. Con Sookhee (Do Yeon Park), compartirá muchos secretos, y se convertirán en amigas cómplices, e inseparables.

Llega el día en el que Sookhee, es acogida en adopción y debe abandonar el convento. Ésta pérdida hará que Jinhee experimente nuevos estados de rabia, y de soledad, pero al mismo tiempo, le harán comprender que la mejor opción para ella es la adopción…

Ounie Leconte demuestra, además de su gran talento en la realización, la gran sensibilidad con la que recrea esta parte dolorosa de su existencia. Su mirada intimista está presente en cada plano, ofreciéndonos momentos de gran emotividad.

La directora es honesta con su propuesta. Se limita a narrar unos hechos de su infancia, pero no cae en la tentación de ser juez de sus personajes, y deja que sea el espectador quien lo haga.

En el apartado técnico, se hace necesario destacar el magnífico trabajo fotográfico de Hyun Seok Kim, quien haciendo uso de una paleta de colores agrisados, crea el clima perfecto para la historia.

El singular trabajo actoral de la pequeña Sae Ron Kim, interpretando a Jinhee, deja a la claras la acertada dirección de actores por parte de Lecomte, pero además nos pone frente a una verdadera promesa de la actuación. Uno de los puntos fuertes de la película

Otro punto a favor de la realizadora, es la forma en la que cierra la historia. Una escena final llena de incógnitas y de incertidumbres, lejos de un final feliz, que nunca podría tener una película como la que hemos visto.

Escenas para el recuerdo: Toda la secuencia en la cual Jinhee nos cuenta una anécdota con su hermano pequeño, que ella cree, fue la que llevó a su padre a dejarla en el orfanato.
La otra secuencia, tiene que ver con el momento en que la protagonista, en un momento de total desesperación, empieza a cavar su propia tumba
Ounie Lecomte, siguiendo los pasos de los grandes cineastas orientales, opta por una propuesta sencilla, de gran sensibilidad y belleza visual y nos ofrece una película que perdurará en todo espectador sensible.

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